Me gusta lo que propone Louise L. Hay, que en lugar de
los tradicionales propósitos de Año nuevo, hagamos afirmaciones y
visualizaciones, confeccionemos listas de deseos o llevemos un diario, para de
esta manera expresar al Universo lo que deseamos.
Noto una gran diferencia entre este método y la antigua
costumbre de mortificarnos ante los propios defectos y luego, en año nuevo, hacer
el propósito de enmendar uno o dos de ellos, intenciones que generalmente
disminuyen su intensidad con el paso de los días.
La propuesta no está basada en la propia fuerza de
voluntad, sino en la bondad divina. La autora compara su método con ir a comer
a un restaurante, donde hacemos nuestro pedido al mesero y éste lo pasa a la
cocina, ahí lo preparan, y cuando está listo, nos lo llevan para saborearlo.
Mucha gente no puede creer que el bíblico pedid y recibiréis, buscad y encontraréis,
llamad y se os abrirá sea verdad. Piensan
que no debe ser tan fácil; están acostumbrados a oír sobre lo dura que es la
vida, lo incomprensible de los seres humanos, lo invencibles de las
desigualdades sociales, etc., etc., y un mensaje tan sencillo les parece
mentiroso. También sucede que personas hacen oración con fe, piden, luego reciben,
pero a la hora de disfrutar se sienten culpables: “¿cómo podría yo comer tan
bien y tan a gusto, mientras millares sufren de hambre?”, “¿cómo tener paz y
sentirme feliz, habiendo tantos problemas políticos, tanta violencia, tanta
impunidad?”. No pueden recibir y gozar del fruto de su oración mientras el
mundo entero no haya recibido lo mismo; pero el bienestar individual no
forzosamente ofende a nadie más, estoy convencida que si esas personas que no
pueden tomar su propio bien conocieran las peticiones de las demás, descubrirían
que son distintas.
Hacer afirmaciones y visualizaciones, elaborar listas de
deseos o anotar en el diario el mundo feliz que queremos para nosotros, luego
entregarlo a un Poder Superior para que lo realice, es una eficaz manera de
orar, en la que pedimos con claridad lo que deseamos, cuidando que no vayan
peticiones opuestas por equivocación. Nada de: “esto no funciona”, “será cierto
para los santos, pero yo he cometido muchos errores”, “no es justo pedir
tanto”, “quiero ser yo mismo, con mis propios medios, quien lo consiga”, etc.
Éste es sólo un método, ¡hay tantos! Si tu fe te pide
prender un cirio, préndelo; ir a San Juan a pie, ve; asistir a misa, asiste;
hacer una limosna, hazla…
Orar es sencillo, recibir es algo más complicado, y
agradecer de antemano, todavía más. Dar
las gracias con el convencimiento de que toda llamada obtiene respuesta, forma
parte de tener fe y confianza en que no estamos solos, y aunque a nuestro
alrededor las cosas se vean embrolladas, nosotros podemos estar bien y en paz.
Feliz año nuevo con todos tus anhelos cumplidos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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