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domingo, 13 de septiembre de 2015

INTELIGENCIA SEXUAL



Algunas personas opinan que sexo e inteligencia son antagónicos. Con frecuencia se lee que enamorarse es caer en una locura temporal que lleva a cometer errores graves. Hay quienes aseguran que la sexualidad en sí es un problema sin solución, y que el mundo estaría mejor sin ella. Existen individuos exitosos en muchos ámbitos pero cuya vida sexual es un desastre: no logran pasar de segunda base; completan carrera y luego arruinan la relación aunque ésta les importe; pagan costos muy altos por tener pareja y quedan en bancarrota; se obsesionan de tal manera por lo sexual que abandonan las otras esferas de su vida; y podríamos seguir poniendo ejemplos.
Expertos opinan que ser sexualmente inteligente, es decir, tener una vida sexual buena, no depende de la suerte, de la belleza o del sex appeal innato; sino de habilidades que las personas podemos adquirir. Si definimos a la inteligencia como la capacidad para resolver problemas adecuadamente, entonces, la inteligencia sexual es la capacidad que nos permite vivir una sexualidad plena.
En la vida cotidiana, el párrafo anterior suena más a utopía que a realidad. ¿Qué está pasando? La sexualidad como materia de estudio ha obtenido menos atención de la que merece, tanto en el campo educativo, de investigación, de difusión de contenidos científicos y en la formación de valores. En muchos ambientes es tabú mencionarla, todavía.
Solemos creer que sólo en los siglos pasados la sexualidad estuvo plagada de ignorancia, conocimientos distorsionados, inhibiciones, prejuicios, mitos, miedos… y no es así. Hoy, lo más frecuente es que siga reprimida, desconocida y despreciada, mediante el bombardeo de imágenes, insinuaciones, mezcla de materiales eróticos y pornográficos, confusión de conceptos, exceso de información y de oportunidades… todo esto forma una nube oscura que nos impide mirarla y apreciarla en toda su magnitud.
Es grande la dificultad para descubrir lo esencial, lo verdaderamente valioso que nos llevará a vivir una vida sexual plena y satisfactoria. Creemos que son sólo los jóvenes quienes están sumergidos en la confusión descrita; pero sin duda ellos tendrían más claridad si la poseyeran sus mayores y si vieran a éstos reverenciar a la sexualidad y vivirla de manera satisfactoria.
Hoy ya no creemos, como Freud, que la sexualidad es el motor de todo cuanto hacemos; sin embargo, no podemos negar que en ella puede darse la reconciliación del yo con el otro, que nos relacionamos con las personas y las cosas como seres sexuados, hombres y mujeres, y que de esta fuerza dependen la supervivencia de la especie y nuestra felicidad personal y familiar.
Mi colega, Liz Altamirano, impartirá un taller sobre La Inteligencia Sexual y cómo potenciarla. Comenzará en septiembre y constará de 16 sesiones en ocho semanas. Está abierto jóvenes y adultos, no adolescentes.
También en septiembre dará inicio nuestro Diplomado de Constelaciones Familiares. Sesionará los sábados y domingos primeros de cada mes, durante once meses. En las semanas que no hay sesión, el estudiante contará con material en la plataforma de Internet para explorar en casa, de manera que pueda ver la teoría reflejada en las prácticas que tendrán lugar durante el tiempo presencial.
En todas partes hay personas interesadas en lograr que nuestro mundo sea mejor. La presente es nuestra colaboración para que el cambio se dé en el interior de la persona y desde ahí salte a la comunidad. Por una vida cada vez más armoniosa en el planeta.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.


lunes, 12 de enero de 2015

BUENA O MALA SUERTE


Quizás la buena o mala suerte sea un conjunto de hábitos de pensamiento optimista o pesimista que desemboca en sucesos afines a lo que se piensa.

Es misteriosa la manera como pensamos. Los especialistas en percepción opinan que nadie vemos la realidad tal como es, sino que el cerebro la interpreta de acuerdo con informaciones previas: experiencias, miedos, expectativas,  creencias, ideales, aspiraciones y un sinnúmero de ideas que nos han sido sembradas, por otros y por nuestra propia imaginación. Se cuenta que una trabajadora social dudó si debía tomar medidas legales a favor de una niña de ocho años, que  dijo: “Mi mamá me castiga y me deja tres días encerrada en mi cuarto sin comer”.  Queriendo cerciorarse, la profesionista siguió preguntando: “¿Sí?, ¿cuántas veces lo ha hecho?”. Y la niña: “Hasta ahora, nunca, pero puede hacerlo”.

Es evidente que los padres “pueden” encerrar a sus hijos pequeños y dejarlos varios días sin comer, pero la inmensa mayoría no lo hace. ¿Qué nos ocurre cuando un miedo de algo que “puede suceder” se adentra en nuestra imaginación y nos toma bajo su control? Se convierte en una amenaza a punto de volverse realidad y un filtro por donde pasarán las nuevas experiencias. Una vez instalado dicho filtro, tenemos terreno propicio para fobias, terrores diurnos o nocturnos, insomnio y paremos de contar.

Es misteriosa la manera como pensamos. En algún momento elegimos, sin apenas darnos cuenta, una o varias de las imágenes que pasan por nuestra mente, que son muchísimas, y comenzamos a “darles cuerda”. Afortunados de nosotros si las elegidas son optimistas, de alegría, realización,  éxito, confianza, amor por nosotros mismos y los semejantes; y desafortunados si la mayor parte del tiempo pensamos en cosas pesimistas como enfermedades, abandono, soledad, pérdidas económicas, fracasos, delitos, corrupción, impunidad, etc., etc. Cuando menos lo esperemos, nuestros pensamientos nos habrán creado una realidad bonita, o insoportable.

Se ha dicho que no importan tanto los eventos que nos toca vivir, sino la manera como los vivimos, y es en esta última donde influyen las “rutinas del pensamiento”. Con todo tendemos a hacer rutinas, también con lo que acostumbramos pensar; luego, las rutinas forman hábitos. Los hábitos no son otra cosa sino  determinadas neuronas más entrenadas a dispararse sobre otras neuronas también entrenadas para recibir el disparo. Dentro del cerebro, un hábito sería como los caminitos que hacen las hormigas de tanto pasar; facilitan el tránsito y atraen a otras hormigas.

Solemos creer que las grandes decisiones son tomadas de pronto y frente a eventos importantes, pero es más probable que las hagamos sin apenas darnos cuenta, cuando elegimos determinadas imágenes para pensarlas, pues con ellas confeccionamos el “filtro” que teñirá de un color u otro los acontecimientos. Quizás la buena o mala suerte sea un conjunto de hábitos de pensamiento optimista o pesimista que desemboca en sucesos afines a lo que se piensa. A todos les deseo buena suerte.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.