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lunes, 6 de enero de 2020

MUCHAS GRACIAS


¡Qué lindo es tener familia, amigos y amigas! Hay momentos y episodios en la vida en los que se agradece el doble tener estos lazos. Estoy en medio de uno de esos: El domingo pasado, día 29, mi hermano mayor, Miguel, sacerdote salesiano que residía en Tehuacán y se hospedaba en mi casa, entregó el alma al Creador. Estaba en esta ciudad para celebrar su 50º. Aniversario de sacerdocio. En esos momentos, para mí, la alegría de su visita se convirtió en emociones de otro tipo muy distinto: sorpresa, confusión, desconcierto, estupefacción, dolor, pena, desánimo, impotencia, pérdida sin remedio...

Todos sabemos que hemos de morir; sin embargo, enfrentar la muerte es siempre impactante. Mi hermano se había ido. Docenas de recuerdos de la infancia transcurrida en su compañía, de sus visitas o de sus palabras se agolpaban en mi mente. No podía creerlo. Entonces sentí a mi familia cerquita, rodeándome y sosteniéndome. E igual con mis amigos; me envolvieron amorosos como si fueran frazadas protectoras que me permitían continuar de pie. Cada uno supo cómo acercarse a mí y darme algo que necesitaba. ¡Muchas gracias! 

También la comunidad de mi hermano estuvo presente. Un sacerdote compañero de estudios de él pidió hablar en su funeral y nos platicó de su vida, cómo era, los recuerdos que le quedaban de su existencia. Era como asomarse a lo que le tocó vivir lejos de la familia y recuperar un poco de ese ser querido que vivía en otra parte. Tener a un hermano sacerdote que se va a ejercer su ministerio en otra ciudad es como tenerlo a medias y compartirlo con desconocidos, pero de pronto esos desconocidos tomaban rostro y decían “agradezco haber conocido al padre Miguel”, “me hizo bien su presencia” y tantas cosas más.

También el padre provincial viajó a concelebrar misa de cuerpo presente junto con otros salesianos. Fue un encuentro amoroso de las dos familias de mi hermano, la biológica y la religiosa. Al día siguiente, en el templo de San Juan Bosco, concelebró misa de cenizas. Ocho salesianos acompañaban a nuestro mutuo hermano en su paso a la eternidad y de alguna manera me dejaron en el alma la sensación de “todo está consumado, comenzó y terminó, su vida ha sido completada”. Lo que más me sorprendía era la sensación de paz y plenitud que yo experimentaba, muy distinta al desasosiego y estupefacción de cuando sucedió su muerte.

A través de este medio quiero expresar mi profundo agradecimiento a las personas que nos acompañaron en este doloroso proceso de entregar un hermano al misterio y me hicieron sentir amada y acompañada. La vida continúa y sentir cerca a los vivos ha sido un regalo mucho muy apreciado para mi corazón. ¡Gracias! Y termino como inicié: ¡Qué lindo es tener familia y amigos y amigas que te sostengan en los momentos en que los necesitas!

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 


miércoles, 7 de enero de 2015

BUENOS PROPÓSITOS


Me gusta lo que propone Louise L. Hay, que en lugar de los tradicionales propósitos de Año nuevo, hagamos afirmaciones y visualizaciones, confeccionemos listas de deseos o llevemos un diario, para de esta manera expresar al Universo lo que deseamos.

Noto una gran diferencia entre este método y la antigua costumbre de mortificarnos ante los propios defectos y luego, en año nuevo, hacer el propósito de enmendar uno o dos de ellos, intenciones que generalmente disminuyen su intensidad con el paso de los días.

La propuesta no está basada en la propia fuerza de voluntad, sino en la bondad divina. La autora compara su método con ir a comer a un restaurante, donde hacemos nuestro pedido al mesero y éste lo pasa a la cocina, ahí lo preparan, y cuando está listo, nos lo llevan para saborearlo.

Mucha gente no puede creer que el bíblico pedid y recibiréis, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá sea verdad. Piensan que no debe ser tan fácil; están acostumbrados a oír sobre lo dura que es la vida, lo incomprensible de los seres humanos, lo invencibles de las desigualdades sociales, etc., etc., y un mensaje tan sencillo les parece mentiroso. También sucede que personas hacen oración con fe, piden, luego reciben, pero a la hora de disfrutar se sienten culpables: “¿cómo podría yo comer tan bien y tan a gusto, mientras millares sufren de hambre?”, “¿cómo tener paz y sentirme feliz, habiendo tantos problemas políticos, tanta violencia, tanta impunidad?”. No pueden recibir y gozar del fruto de su oración mientras el mundo entero no haya recibido lo mismo; pero el bienestar individual no forzosamente ofende a nadie más, estoy convencida que si esas personas que no pueden tomar su propio bien conocieran las peticiones de las demás, descubrirían que son distintas.

Hacer afirmaciones y visualizaciones, elaborar listas de deseos o anotar en el diario el mundo feliz que queremos para nosotros, luego entregarlo a un Poder Superior para que lo realice, es una eficaz manera de orar, en la que pedimos con claridad lo que deseamos, cuidando que no vayan peticiones opuestas por equivocación. Nada de: “esto no funciona”, “será cierto para los santos, pero yo he cometido muchos errores”, “no es justo pedir tanto”, “quiero ser yo mismo, con mis propios medios, quien lo consiga”, etc.

Éste es sólo un método, ¡hay tantos! Si tu fe te pide prender un cirio, préndelo; ir a San Juan a pie, ve; asistir a misa, asiste; hacer una limosna, hazla…

Orar es sencillo, recibir es algo más complicado, y agradecer de antemano, todavía más. Dar las gracias con el convencimiento de que toda llamada obtiene respuesta, forma parte de tener fe y confianza en que no estamos solos, y aunque a nuestro alrededor las cosas se vean embrolladas, nosotros podemos estar bien y en paz. Feliz año nuevo con todos tus anhelos cumplidos.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

lunes, 11 de marzo de 2013

AGRADECER LOS PECADOS


Leo cada semana su columna y la felicito por sus contenidos. También la vi en una entrevista por televisión y entendí que usted dijo que hay que agradecerle a Dios todo, también los pecados. El entrevistador  le preguntó: ¿pecados piadosos?, y usted contestó: No, me refiero a pecados verdaderos.  La verdad me es oscuro el sentido, ¿cómo una ofensa a Dios puede agradecérsele a Él mismo? Si fuera tan amable de explicar esta idea, le quedaré muy agradecido.

RESPUESTA

Gracias por tu correo, tu felicitación y tu pregunta. El concepto de agradecer algo que consideramos malo es complejo y necesitaré dar un rodeo, porque presupone varias visiones o premisas:

1) Que las personas actuamos con la intención de lograr algo bueno, aunque a veces el resultado no lo sea;

2) Que crecemos a través de retos, contrariedades y errores y son éstos los que nos proporcionan la oportunidad de dejar de ser robots programados que actúan como la educación y la cultura prescriben;

3) Que la duración de la vida humana exige encontrar la manera de vivir bien dentro de un mundo que contiene tanto el bien como el mal, ya que no nos es dado cambiarlo totalmente ni esperar otro mejor, durante el breve lapso que estamos en él;

4) Que solamente en el movimiento del Espíritu se da la reconciliación de los opuestos que llega a la unidad, y en esta unidad podemos amar a la vida tal como es y vivir en el amor.

Cada una de las visiones anteriores son complejas de por sí; sería pretencioso querer explicarlas en este corto espacio. Y bastaría con que una sola nos pareciera falsa, para que nos resultara imposible pensar en agradecer a Dios los pecados.

¿Qué estoy entendiendo por pecado? De acuerdo con las visiones expuestas, un pecado sería una acción hecha con la intención de lograr algo bueno y no lo logra, porque ocasiona daño en lugar de dar vida. ¿Cuándo se realiza esta acción? Frente a un reto, contrariedad, frustración o malestar que obliga a cuestionar si los contenidos inculcados son útiles en la realidad que se está viviendo; entonces la persona, en un acto de libre albedrío, se permite contrariarlos y actuar distinto; es decir, ejercita su libertad. Esto sucede dentro de un mundo accidentado y en perpetuo cambio; puede suceder que la elección resulte desastrosa. Quisiéramos que el mundo estuviera tan ordenado que nunca nos viéramos en tal situación de tener que elegir con riesgo a provocar un desastre; es decir, preferiríamos saber de antemano qué hacer o tener cerca a alguien que nos dirija; por esto se dice que tenemos miedo a ser libres. Subiendo al nivel del Espíritu, creemos que Éste nos dio la libertad y quiere que la ejercitemos, ¿será verdad?, ¿estará Él de acuerdo en que tomemos decisiones aun con el riesgo de equivocarnos?, ¿o pretende evitarnos el error para que siempre hagamos lo correcto?

La libertad presupone la posibilidad de cometer errores. El actuar siempre correctamente de acuerdo a un código preestablecido, sin oportunidad para equivocarse, nos convertiría en robots con la inteligencia de un programa inteligente de computación que corrige la ortografía, pone acentos y comas, pero no tiene capacidad para redactar un texto o alterar los contenidos;  o en intérpretes con o sin sentimiento de una canción ya escrita cuya letra no admite modificaciones.  Creo que ahora podemos redactar una nueva pregunta: ¿Queremos agradecer a Dios nuestra libertad, con la que a veces nos sentimos tan mal?

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

 

martes, 2 de octubre de 2012

MI HIJA ES ADOPTADA


Tengo una hija que es adoptada. Su madre biológica la regaló al nacer y hace dos años vino hasta mi casa a pedirme que la dejara ver a la niña, yo me negué. Pienso que para ser padres no basta con haber traído hijos al mundo y luego desentenderse de ellos, en cambio mi esposo y yo la hemos querido, sostenido y dado todo nuestro apoyo y cariño. Mi pregunta es que ahora mi hija tiene 9 años y no sé de dónde ha sacado la obsesión por saber si es nuestra o adoptada, quién sabe si  alguien de la familia le haya insinuado algo y no sé cómo protegerla de indiscreciones, porque no puedo controlarles la boca a todos los que saben la historia. Pregunto qué hacer o decir para que mi hija deje atrás sus dudas.

RESPUESTA

Un hombre y una mujer que adoptan a un niño pasan a ser padres de éste, con los derechos y obligaciones que corresponden a cualquier padre. Ustedes hacen muy bien en sostener a su hija y darle todo su apoyo y su cariño, para que ella pueda enfrentar y manejar su vida de la mejor manera posible, hoy y en el futuro. Felicidades por esta generosidad y por el amor tan grande que le tienen, ella les agradecerá toda la vida. Con cada comprensión de cómo ha sido su destino, más motivos tendrá para sentirse afortunada de tenerlos como padres, a pesar de que no fueron ustedes la puerta que la trajo a la vida.

Tú preguntas qué hacer o decir para que tu hija deje atrás sus dudas, y yo imagino que te refieres a cómo decirle la verdad; lo contrario, es decir, fortalecer el secreto de su origen, no la hará “salir de dudas”, sino que las aumentará, puesto que sus células lo saben todo: que la niña está relacionada con dos sistemas a los que debe dar un orden en su corazón; que ustedes  le han proporcionado uno con abuelos, tíos, primos, quizá hermanos, y una forma cultural de vivir que contiene creencias, actitudes y conductas muy establecidas; que ella sigue perteneciendo a otro igualmente complejo, el de sus padres biológicos, que también debe ser honrado y reconocido.  

Decir la verdad a tu hija requiere de un proceso de preparación de parte tuya y del papá, en el sentido de que primero realicen ustedes, en sí mismos, los pasos que ella dará después, con el propósito de que la información le sea menos traumática. ¿Cuáles son estos pasos?

1)      1. Agradecer a los padres biológicos que hayan renunciado a su hija, y con ello dado oportunidad de que la adoptaran. Ayudará mucho que ustedes, los padres actuales, hayan comprendido que salieron beneficiados donde otras personas perdieron.

2)    2.   Honrar en estos padres el derecho a elegir -acertada o desacertadamente-  las opciones que en su momento consideraron mejores o menos malas, y dejar en sus manos la responsabilidad de su decisión. No es incumbencia de ustedes, ni de la niña, analizar la bondad o maldad de ellos, encontrar justificantes o agravantes, aliviarlos o condenarlos por lo que hicieron. El honrar este derecho a equivocarse, intrínseco a todo ser humano, será crucial respecto a la paz con que la niña pueda asimilar la verdad.

3)     3.  Honrar el dolor de los padres biológicos que, consciente o inconscientemente, de manera voluntaria u obligada,  se vieron privados de continuar con su labor paternal. Y el dolor y frustración de la niña al ser separada de ellos, lo mismo en el momento que sepa conscientemente  la verdad, puesto que no existe argumento que explique bastante a un hijo el que sus padres no pudieran tomarlo.

4)      4. Aceptar de buen grado y no negar que:

a.       la niña ha sido enriquecida con dos sistemas familiares distintos;

b.      que para lo anterior, uno, el biológico, debió retirarse. Reconciliarse ustedes con esta situación y agradecerla, será de capital importancia para el momento en que su hija deba hacerlo;

c.       la niña debe renunciar para siempre a “lo que pudo haber sido y no fue”; es decir, haber vivido ella con sus padres de sangre. No sucedió ni sucederá, sería vano y dañino incluirlo entre “lo posible”; el pasado es pasado. En cambio, si ustedes pueden ver que la Vida cuidó de la niña, también ella podrá comprender que la puso en un sitio seguro, un hogar, lo cual es un buen regalo de Dios o del Destino, que necesita agradecer.

Una vez logrado lo anterior, posiblemente ustedes ya sabrán cómo hablar y actuar. Si desearan ser acompañados en lo descrito, podrían hacer una Constelación Familiar, o varias, si resultara necesario.

 

 

lunes, 9 de enero de 2012

ESTADO DE GRATITUD

Tradicionalmente, Navidad y Reyes han sido fechas de obsequios. Los cristianos, contagiados de la generosidad divina, imitamos el intercambio de dones que ocurrió cuando el Padre nos dio a su Hijo y los Magos le llevaron presentes. Gozamos de la alegría del dar y el recibir. Por un lado nos desprendemos de algo nuestro para regalarlo, y por otro recibimos el amor de nuestros allegados, representado en un objeto material. Luego, mutuamente nos damos las gracias, y si nos alegramos de sentirnos amados y estar amando, experimentamos en ese momento es una felicidad completa. También puede ocurrirnos lo contrario, que el dar y recibir regalos nos resulte molesto y hasta doloroso, porque nuestra alma no está sintonizada con la fluidez del amor, y en nuestro interior, pensamos: hipócrita (el otro, yo, o ambos), nos odiamos, nos hemos hecho daño, y aquí estamos, fingiendo algo que no sentimos.
Dar, recibir y agradecer es un proceso que genera felicidad. En él, las tres cosas son necesarias. Si no diéramos, permaneceríamos aislados y con la sensación de que no somos útiles ni necesarios para los demás. Si no recibiéramos, les negaríamos a los otros la oportunidad de advertir nuestra presencia y ser generosos con ella. Si al dar y al recibir no siguiera la gratitud, se perdería el significado de ambas acciones, y tomaría su lugar la percepción de estar pagando un adeudo o creando un compromiso molesto. Entonces, la felicidad no emerge, porque el alma está ocupada en otras cosas, como la competitividad o los resentimientos.
Estas hermosas fiestas nos invitan a crear para nosotros un estado de gratitud que disuelve la ausencia de paz, por ambos ser incompatibles. Dar las gracias nos permite mirar el don, es decir, advertir su presencia, y tomarlo como tal. Todo es un don: estar vivos, tener familia, amigos, trabajo, problemas para ejercitar nuestra habilidad de resolverlos, conflictos que nos empujan a elegir, personas con ideas distintas cuya presencia nos enseña a navegar por la vida, etc., etc., etc. Tomar todos estos dones y agradecerlos, eso es la paz. Y por momentos fugaces, la felicidad.
Deseo para todos los lectores de a.m., en este nuevo año y los siguientes, el estado de gratitud, de manera que puedan reconocer un regalo en todo cuanto reciban, y en su alma se anide esa paz indestructible que emerge de la unidad de los contrarios.
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