lunes, 2 de febrero de 2015

CONFIANZA Y DESCONFIANZA


Con honda preocupación veo que los jóvenes no confían en las instituciones, autoridades y gobernantes, se refieren a todo de manera igualada, con apodos, burlas y poco respeto. Soy maestra, doy clases en secundaria, ¿cómo puedo hacer para que mis alumnos confíen más en sus maestros, familia y escuela, en otras palabras, en su País y su porvenir?

OPINIÓN

Te interesan tus alumnos. Felicidades. Quisieras mostrarles un modo de ver y sentir que les ayude a tener una vida mejor. Qué bueno. Recuerdo un dicho: “Confía en tu vecino y pon candado a tu cerca”.

La confianza y la desconfianza se aprenden. Generalmente, una persona puede confiar en otros cuando tiene permiso de confiar en sí misma, en lo que siente y piensa, por equivocado que estuviera. Este permiso no se otorga con palabras redactadas para este fin; es decir, no se dice, se vive.

Cuentan que en una ocasión una niña de siete años vio a su papá ojeando una revista para hombres y después dijo, frente a unos vecinos: “A mi papá le gustan las monas encueradas”. Entonces la madre estalló en cólera y le gritó: “¿Cómo te atreves a decir eso de tu padre? Vete a dormir y no estés haciéndome enojar”. Si relacionamos el relato con el tema de dar o negar permiso a una persona para confiar en lo que sus sentidos y lógica le dicen, a esta niña se le estaba enseñando que no debía creer en lo que viera por sí misma, sino en lo que alguien con autoridad le enseñara a creer.

Quizá a nuestros jóvenes les está pasando algo similar. Todos los días, periódicos, revistas, tele, radio y sobre todo redes sociales, dan noticias de crímenes, inseguridad, sobornos, corrupción y otros escándalos. Si un adolescente dijera en voz alta, frente a todos los del salón: “Nuestros gobernantes se hacen ricos con sus puestos”, quién sabe si la maestra sentirá la tentación de gritarle que se calle, o de qué manera resolvería el asunto para que nadie piense que ella solivianta a sus alumnos.

Me pregunto qué entiendes por confiar; para mí es estar seguro de algo. Por ejemplo, tú y tus alumnos están seguros (confiados) en que la campana del recreo tocará a las 10;30. Si llegando la hora no toca, comienzan a inquietarse y preguntar qué ha ocurrido, quizá alguno reclame o salga del salón. La fe que pusieron en la puntualidad del toque ha sido defraudada.

A veces, confiar en algo o alguien es transferirle la responsabilidad del propio cuidado. “Confío en que mis padres me harán exitoso”. “Confío en que mi maestra hará que yo aprenda, aunque yo no haga las tareas”. “Confío en que el gobierno me garantice empleo, buen sueldo, atención médica y una pensión para mi vejez”. Quienes piensen así, lo más probable es que vean su fe defraudada y sufran decepciones.

Hay una confianza que no defrauda: saber lo que está ahí. “Sé que estos son mis padres”, “ésta es mi escuela y éstos mis maestros”, “éstas son las instituciones gubernamentales que conozco y éstos mis gobernantes”, “sé que el porvenir llega siempre”. Esforzarse para que el alumno confíe en más que esto puede ser una empresa ardua e ingrata: la mente camina senderos insospechados, y no está en nuestras manos controlar la de otros. Apenas si podemos con la nuestra.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

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