¿Existe para ti algún un valor por el cual serías capaz
de entregar tu vida? Si lo encuentras, descubriste la fuente de tu motivación. Muchas
veces proviene de tu subcultura familiar.
Pongamos por ejemplo que un algún ancestro de una familia
practicó Harakiri, suicidio ritual
de origen japonés que se realiza por razones de honor y consiste en abrirse el
vientre; es altamente probable que, para dicha familia, valga más el honor que
permanecer vivos. Y en otra que tuvo un héroe muerto en defensa de la libertad,
sea la libertad el sumo bien por el que vale la pena entregar la vida.
Lo expuesto no por fuerza
es consciente, pero funciona como un poderoso motor desconocido, que con
frecuencia sorprende. Algunas personas aceptarían morir por la religión, el
amor, la familia, la venganza, el dinero… Otras, ¡por nada!, su valor supremo
es seguir viviendo.
Siempre subyace un valor
en lo que hacemos. El asaltante sabe que pone en riesgo su libertad y su vida,
pero le interesa más el dinero; el corredor de autos expone la vida por el
aplauso y sentirse “el mejor”; el torero, por saberse valiente y capaz; el hijo
que no descansa hasta matar al que asesinó a su padre y quizá muere en el
intento, por la venganza…
Hay formas de entregar la
vida sin perderla: viviéndola. El sacerdote que renuncia a su ciudad y a tener
una familia, la entrega a Dios y a la religión; el hombre o la mujer que
soportan cualquier cosa de la persona amada con tal de no perderla, al amor; un
padre, madre o hijos que dedican la totalidad de sus energías para hacer
sobrevivir a su familia, a ésta; una persona que guarda resentimientos durante
décadas, culpa a sus agresores de su desgracia y se siente víctima, a la
venganza; quien se casa para mejorar su situación socioeconómica, al dinero y
al prestigio… y así podríamos seguir con más ejemplos.
Mucho se habla de la
necesidad de inculcar valores en la familia; lo cierto es que ésta siempre lo hace. También la cultura, siempre lo hace. Niños y adultos
respiramos lo que se considera valioso en el hogar y fuera de él, y lo
internalizamos como propio. Quizá en casa se nos inculcó ser compartidos, pero
al ponernos en contacto con el “tanto compras, tanto vales” de la cultura
actual, se establece una lucha en nuestro interior que perdurará hasta que uno
de esos valores gane, o lleguemos a una negociación entre ambos.
Pronto haré la
presentación de mi novela “El que se fue a la villa”. En él quise hacer una
descripción de algunos valores seculares que nuestra Historia Patria nos ha
legado, que explicarían el “ya merito”, “ya qué”, “ahí se va”, “nos morimos
entonando una canción”, y muchos más. Si es verdad que cada humano somos la
historia que nos contamos a nosotros mismos, es importante contarnos historias
que ayudan, e inventar nuevas. Para mí será un honor que mis queridos lectores
asistan a dicha presentación, próximamente les confirmaré la fecha.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,
o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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