Sucede a veces que no podemos creer cosas que son obvias. El reconocimiento innato de ser importantes, es una de ellas.
Si dicho reconocimiento es innato, entonces nacimos con
él; de ahí que a nadie le gusta sentirse menos, inferior, despreciable, tonto,
maldito, inadaptado, que está de sobra, etc.; por el contrario, queremos ser
mirados, apreciados y reconocidos. Sin embargo, no siempre nos sentimos
autorizados para aceptar nuestra propia importancia y mucho menos confesarla.
Culturalmente está prohibido decir: ¡soy importante!
“Soy importante” es distinto a: “Soy más importante que
tú”. La totalidad de las personas somos igualmente importantes; lo que hacemos
beneficia o perjudica a todos los demás; ayudamos a que el
género humano evolucione, mucho o poco.
Es una pena que se nos inculque “hablar con modestia” en
el sentido de desconocer nuestra propia importancia: “mirar cualidades en uno
mismo es vanidad”, “no digas tus virtudes, deja que sea otro quien lo haga”, “soy
tu humilde servidor”, “me quedó malhecho, pero ahí está”…
Una cosa es ostentar y presumir, inclusive lo que no se
posee (falta de modestia) y otra, creerse escaso de medios y recursos. Esto
último es siempre mentira; que en algunos momentos estemos faltos de dinero no
significa que hemos dejado de ser importantes, ni que no poseamos multitud de
recursos materiales y no materiales que están ahí, disponibles para ser usados.
La necesidad humana de reconocer la propia importancia
está presente siempre en cada uno de nosotros, como urgencia de ser vistos.
Primero por nosotros mismos. Es tan poderosa que cuando apartamos nuestra
mirada de lo que somos, sentimos un profundo dolor interno que se manifiesta como
tristeza, falta de esperanza, decepción, sentimientos de soledad y vacío. Dice
Octavio Paz: "Desde
que apareció sobre la tierra, el hombre es un ser incompleto. Apenas nace y se fuga
de sí mismo. ¿Adónde va? Anda en busca de sí mismo y se persigue sin cesar.
Nunca es el que es, sino el que quiere ser, el que se busca; en cuanto se alcanza, o
cree que se alcanza, se desprende de nuevo de sí, se desaloja, y prosigue su persecución".
¿Qué nos hace vivir esta persecución?
La falsa modestia de creernos poco importantes y aceptables siendo lo que
somos. Nos enfocamos en “lo que queremos ser”, en los “debería”, que no son más
que confabulaciones, creencias de que estaríamos mejor si lográramos esto o
aquello. Nos impiden mirarnos amorosamente y decir: “Así como soy ahora, soy
importante y puedo amarme”. En cambio, pensamos: “Me amaré cuando tenga casa
propia… termine mi carrera… encuentre un amor… me vuelva famoso…”
Mirarnos y amarnos hoy es una
exigencia interna que sólo cada uno podemos satisfacer. Se trata de una
habilidad respaldada por la naturaleza que nos empuja hacia la autoestima; es
decir, a considerarnos valiosos y dignos de ser amados por el simple hecho de
haber nacido.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario