“Mamy, ¿yo dónde estaba cuando no nací?” Pregunta
infantil que surge mirando fotografías familiares en las que el pequeño no
aparece. Los padres se ven en aprietos para contestarla, porque si responden:
“En ninguna parte”, el niño se angustia e incluso llora. ¿Qué cosa lo asusta?,
¿entrever la fragilidad de la existencia?, ¿sentir que puede desaparecer? “Estabas
en nuestros pensamientos”, “en la mente de Dios”, “estabas, pero no sabemos
cómo ni dónde”, son respuestas que lo dejan temporalmente satisfecho. Al
parecer, necesita reconocer que procede de alguna parte.
Ese anhelo de saber si hay algo antes y después de
nuestra existencia, ¿es meramente infantil? ¿Los adultos no lo sentimos? Quien
más, quien menos, todos estamos conscientes de que arribamos a la tierra dentro
de una historia que ya estaba en marcha, y nos iremos sin presenciar el
desenlace.
La mayoría de las personas que conozco prefieren creer
que algo esencial de nosotros permanecerá por siempre de alguna manera y en
alguna parte. A eso esencial le llaman espíritu o tal vez otro nombre. Me
cuento entre ellas y desde esta perspectiva escribí mi nuevo libro: “Subí al tren sin conocer el destino”. En
él hablo del Más Allá, de la necesidad que tenemos que exista un Más Allá y
cuántas creencias, poderosamente influyentes en nuestra vida, hemos
desarrollado sobre dicha existencia.
No se necesita ser muy observador para descubrir que
todos pasamos por dos puertas misteriosas, la de entrada y la de salida del
planeta, desprovistos de cualquier cosa material que pueda ser adquirida aquí,
por sublime que ésta pudiera ser; sólo recibimos, o entregamos, un cuerpo que
nos mantendrá o mantuvo temporalmente con vida física. Nacimiento y muerte nos
igualan en el sentido de no poseer nada material: o aún no lo hemos adquirido,
o tenemos que abandonarlo. ¿Qué nos resta que sea nuestro, imperdible?
Este mes de noviembre, del Más Allá, es adecuado para que
mi libro vea la luz. Confío en el apoyo de mis lectores, que siempre me ha
acompañado, para que esta obra tenga buen camino. Gracias de antemano por su
acogida.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,
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