lunes, 20 de junio de 2016

ESPÍRITU Y ESPIRITUALIDAD



Tener en la conciencia al espíritu y la espiritualidad, o no tenerlos, ocasiona grandes diferencias en las maneras personales de pensar, sentir, actuar y vivir. El dominio que tal presencia o ausencia ejercen es abrumador; sin embargo, en ocasiones resulta difícil definir los términos, qué son el espíritu y la espiritualidad, para saber de qué estamos hablando. Solemos creer que lo tenemos claro, pero no siempre es así; lo he preguntado a grupos y generalmente sigue un silencio que puede prolongarse un minuto o más.
Quizás, amable lector, quieras hacer la prueba de responder la misma pregunta, qué y cómo son para ti el espíritu y la espiritualidad, si existen o no existen, antes de leer lo que sigue. Tu definición es la más importante en tu vida, puesto que es la tuya. No recurras al diccionario ni a tus clases de catecismo para responder, sólo observa lo que en ti se evoca al pronunciar las palabras “espíritu” y “espiritualidad”.
Actualmente es posible hablar de estos temas; hace unas décadas era prohibitivo. Quien los mencionara –si no era para estar de acuerdo con que “Dios ha muerto” y “la religión es el opio del pueblo”- corría el riesgo de ser expulsado de los círculos considerados científicos. En aquellos tiempos y en muchos sentidos, la ciencia se había sentado en el sitio de Dios y la religión y decía lo que estaba bien o mal (higiene, nutrición, ahora sustentabilidad, calentamiento global, etc.); también definía al humano como un ser bio-psico-social: bio, porque tiene un cuerpo vivo; psico, porque piensa, siente y quiere; social porque le es imposible desarrollarse y definirse sin la colaboración de otros humanos. Y el espíritu ¿dónde quedaba? Excluido, no existía, era superstición, fenómeno sociocultural o necesidad neurótica de ser gobernado.
Incluir o excluir al espíritu en la definición del ser humano implica, ciertamente, visiones distintas.
Lejos de mí afirmar que la ciencia está equivocada o que es superflua; es maravillosa, sólo que hasta ahora no admite lo espiritual. Influenciados como estamos por sus opiniones, qué hay de extraño que para nosotros, habitantes del siglo XXI, resulte difícil definir lo que para los de la Edad Media era partida y llegada en todo cuanto hacían: el espíritu y lo espiritual como lo entendían.
Las respuestas de hoy son variadas: “Dios”. “Una creencia”. “Algo que no se ve pero uno lo sabe”. “Lo que inspira, como cuando se habla del espíritu de la ley, o la espiritualidad ignaciana”. “Lo más profundo de uno, que le da identidad”.  “Que somos inmortales”. “Lo que sobrevive más allá de la muerte”, “Una inteligencia que ordena todo”. “Digo espíritu y recuerdo a mi mamá que murió el año pasado”. “Lo espiritual es una ilusión, un anhelo de no morir”. “Lo que nos hace hacer el bien”, “Ir a misa y cumplir con la religión”. “Tener temor de Dios”. “Rezar”.
Una respuesta que me gustó y no he olvidado es ésta: “Espiritualidad es la relación de cada persona con el espíritu. Así como la relación entre amigos se llama amistad y entre hermanos es fraternidad, con el espíritu es espiritualidad”. Me gustó porque no especifica si la persona es católica, musulmana, hinduista o de otro credo, ni cuáles deben ser los pasos “correctos” para lograr una buena relación. También cabría en esta definición que alguien no se relacionara en absoluto con el espíritu, o lo hiciera sólo para combatirlo, y así su espiritualidad sería nula, o de antagonismo.
¿Y tú, amable lector, sí respondiste para ti mismo la pregunta antes de leer el artículo?, ¿te gustó lo que encontraste?  
 “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

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