Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
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lunes, 13 de septiembre de 2021
DE MI LIBRO “LOS SECRETOS HACEN RUIDO”
Quiero comentar acerca de mi libro “Los secretos hacen ruido” que a muchas personas les ha gustado, no a todas. De él he recibido más retroalimentación que de otros y esta ha sido muy variada, desde las que lo consideran creíble y oportuno hasta quienes califican el tema como escandaloso, escabroso y discutible. Casi todas me han dicho que es demasiado fuerte y les da trabajo asimilarlo. Citando palabras específicas: “qué acertado”, “muy ágil y fácil de leer”, “demasiado antiguo”, “con ideas retrógradas”, “heteronormativo”. Esta última palabra significa que considera a la heterosexualidad como la norma, lo cual ha llamado mi atención debido a que está inspirado en una sociedad como la nuestra, leonesa. He observado que las opiniones dependen mucho del sitio donde radican los lectores.><.
Primero, agradezco a las personas que lo han leído, sea cual fuere la opinión que les haya dejado su lectura. Luego, respondo a algunas preguntas que me han sido formuladas.><
El tema que he querido expresar es, como en todos mis libros, el de la libertad personal que permite a cada uno estar de acuerdo consigo mismo, u ocultarse. En esta historia, la confrontación de dicha libertad con las normas y expectativas sociales que premian determinadas conductas y reprueban otras. Presento a una familia que aparentemente se somete a las normas al grado de ser considerada ejemplar, pero en secreto necesita transgredirlas para sobrevivir y hacer lo que necesita. Obviamente, en algún punto debe darse una distorsión de la realidad. Y también en algún punto, la tendencia hacia la salud y la honestidad, que siempre hace lo suyo, amenaza al secreto.><
La homosexualidad en la familia es el argumento utilizado para presentar las distintas opiniones y expectativas que se involucran: la costumbre, las estructuras políticas, la ciencia y la religión. Es un recurso que simboliza las situaciones en las cuales una persona no está disponible para cumplir las expectativas que sobre ella se tienen, toma su propio camino y se ve expuesta a las consecuencias.><.
También quise presentar el uso del silencio tanto como como fuente de confusión como un recurso de libertad. Por un lado, con quiénes se necesita decir toda la verdad, y por otro, con quiénes conviene reservársela. Una pregunta es: ¿se tiene derecho a callar?, ¿cuándo?, ¿dónde? Y la opuesta: ¿Se tiene derecho a expresarse?, ¿cuándo?, ¿dónde?><.
Los lectores que están familiarizados con mis escritos posiblemente han notado que, en mi visión, las personas queremos pertenecer a nuestros grupos y, para ello, muchas veces negamos u ocultamos impulsos, sentimientos y necesidades a fin de ser aceptadas. Pero también queremos ser lo que somos, nosotras mismas, personas con libertad de crecer y expresarnos de acuerdo con nuestra propia medida. A veces, ambas motivaciones chocan entre sí. En nuestro cuerpo y en nuestra vida se da la disyuntiva milenaria de qué cosa es más importante, el bien común o el bienestar individual. También habrán notado que considero al bienestar individual como fuente imprescindible del bienestar social.><.
Nuevamente agradezco a los lectores que compraron y terminaron la lectura de mi libro, deseo que siga vendiéndose y también seguir recibiendo su valiosa retroalimentación. Por último me permito tomar y repetir una expresión de Pedro Vargas, un cantante mexicano de otra época: “Muy agradecida, muy agradecida y muy agradecida”.><.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
lunes, 20 de junio de 2016
ESPÍRITU Y ESPIRITUALIDAD
Tener en la conciencia al espíritu y la espiritualidad, o
no tenerlos, ocasiona grandes diferencias en las maneras personales de pensar,
sentir, actuar y vivir. El dominio que tal presencia o ausencia ejercen es abrumador;
sin embargo, en ocasiones resulta difícil definir los términos, qué son el
espíritu y la espiritualidad, para saber de qué estamos hablando. Solemos creer
que lo tenemos claro, pero no siempre es así; lo he preguntado a grupos y
generalmente sigue un silencio que puede prolongarse un minuto o más.
Quizás, amable lector, quieras hacer la prueba de responder
la misma pregunta, qué y cómo son para ti el espíritu y la espiritualidad, si
existen o no existen, antes de leer lo que sigue. Tu definición es la más
importante en tu vida, puesto que es la tuya. No recurras al diccionario ni a
tus clases de catecismo para responder, sólo observa lo que en ti se evoca al
pronunciar las palabras “espíritu” y “espiritualidad”.
Actualmente es posible hablar de estos temas; hace unas
décadas era prohibitivo. Quien los mencionara –si no era para estar de acuerdo
con que “Dios ha muerto” y “la religión es el opio del pueblo”- corría el
riesgo de ser expulsado de los círculos considerados científicos. En aquellos
tiempos y en muchos sentidos, la ciencia se había sentado en el sitio de Dios y
la religión y decía lo que estaba bien o mal (higiene, nutrición, ahora
sustentabilidad, calentamiento global, etc.); también definía al humano como un
ser bio-psico-social: bio, porque tiene un cuerpo vivo; psico, porque piensa,
siente y quiere; social porque le es imposible desarrollarse y definirse sin la
colaboración de otros humanos. Y el espíritu ¿dónde quedaba? Excluido, no
existía, era superstición, fenómeno sociocultural o necesidad neurótica de ser
gobernado.
Incluir o excluir al espíritu en la definición del ser
humano implica, ciertamente, visiones distintas.
Lejos de mí afirmar que la ciencia está equivocada o que
es superflua; es maravillosa, sólo que hasta ahora no admite lo espiritual. Influenciados
como estamos por sus opiniones, qué hay de extraño que para nosotros,
habitantes del siglo XXI, resulte difícil definir lo que para los de la Edad
Media era partida y llegada en todo cuanto hacían: el espíritu y lo espiritual
como lo entendían.
Las respuestas de hoy son variadas: “Dios”. “Una
creencia”. “Algo que no se ve pero uno lo sabe”. “Lo que inspira, como cuando
se habla del espíritu de la ley, o la espiritualidad ignaciana”. “Lo más
profundo de uno, que le da identidad”.
“Que somos inmortales”. “Lo que sobrevive más allá de la muerte”, “Una
inteligencia que ordena todo”. “Digo espíritu y recuerdo a mi mamá que murió el
año pasado”. “Lo espiritual es una ilusión, un anhelo de no morir”. “Lo que nos
hace hacer el bien”, “Ir a misa y cumplir con la religión”. “Tener temor de
Dios”. “Rezar”.
Una respuesta que me gustó y no he olvidado es ésta: “Espiritualidad
es la relación de cada persona con el espíritu. Así como la relación entre
amigos se llama amistad y entre hermanos es fraternidad, con el espíritu es
espiritualidad”. Me gustó porque no especifica si la persona es católica,
musulmana, hinduista o de otro credo, ni cuáles deben ser los pasos “correctos”
para lograr una buena relación. También cabría en esta definición que alguien
no se relacionara en absoluto con el espíritu, o lo hiciera sólo para
combatirlo, y así su espiritualidad sería nula, o de antagonismo.
¿Y tú, amable lector, sí respondiste para ti mismo la
pregunta antes de leer el artículo?, ¿te gustó lo que encontraste?
“Psicología” es
una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
, o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
lunes, 16 de noviembre de 2015
CIENCIA Y CONSTELACIONES FAMILIARES
¿Las Constelaciones Familiares son científicas?, ¿tienen
sustento científico?
OPINIÓN
En la propaganda y en el hablar popular, la palabra
“científico” suele utilizarse como sinónimo de “verdadero” o “confiable” y
referirla a casi cualquier cosa, por absurda que pudiera resultar: “La
democracia es científica”, “el Socialismo es científico” “la existencia de Dios
es científica”, “la tilma de Juan Diego es científica”… y lo opuesto, decir que
algo “no es científico”, parecería significar que es falso. Hay confusión en el
uso de los términos.
La palabra “científico” sólo significa: Perteneciente o
relativo a la Ciencia. Que tiene que ver con las exigencias de precisión y
objetividad propias de la metodología de la Ciencia. Y “Ciencia”
es el estudio del universo que utiliza el Método Científico.
Todas las otras formas de conocimiento humano que no
utilizan el Método Científico no son Ciencia. Quedan fuera de ésta, aunque
antes a algunas se les llamara ciencia: la filosofía, las religiones, los
mitos, el folklore, las ideologías políticas, la intuición, lo que llamamos
“sentido común”, la tecnología... Se incluye la tecnología como no-Ciencia por
ser aplicación práctica de los conocimientos que la Ciencia ha investigado con
anterioridad.
De acuerdo con lo anterior, la Medicina, la Arquitectura,
las ingenierías o cualquier otra profesión que se dedica a aplicar los
conocimientos científicos, no son Ciencia sino tecnologías, salvo si hacen
investigación y en ella utilizan el Método Científico.
¿Y las Constelaciones Familiares? Éstas sí investigan, pero no utilizan el Método
Científico, por lo tanto, ¿podemos llamarlas científicas? Hacerlo las obligaría
a utilizar el multimencionado Método Científico. ¿Y por qué no lo usan? Porque
este método, aunque ha comprobado infinidad de veces su eficacia, no se adecúa
a toda clase de estudios; sería como forzarlas a entrar en un zapato que no es
de su talla.
Con el Método Científico se
busca aislar un evento, repetirlo controlando las variables, confirmar una
hipótesis (por ejemplo: administrar Aspirina reduce el dolor) y predecir lo que
ocurrirá si se repite el evento estudiado (cualquier persona que administre
Aspirina logrará reducir un dolor). En Constelaciones Familiares no se busca
aislar eventos, ni confirmar hipótesis ni predecir los resultados, sino mirar
en cada caso cuáles movimientos son útiles para la integración de una o más
personas en su sistema o grupo. Cada constelación es única e irrepetible. Sólo
el consultante puede comprobar el resultado.
Concluyendo: La
Ciencia ha llegado a ser una poderosa fuerza de influencia en las actividades
humanas, pero no es el único método eficaz para llegar a un conocimiento ni
puede abarcar todas las situaciones que merecen estudio.
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viernes, 10 de octubre de 2014
VERDADEROS ATEOS
En ocasiones dudo que existan verdaderos ateos, entendiendo por Dios Aquello ante lo que me inclino, me someto y dirijo todo mi ser. Creo difícil que alguien piense: “Nada hay por encima de mí a lo que deba someterme, yo me di a mí mismo la vida y la existencia y puedo conservarlas o abandonarlas cuando quiera, me pertenecen. Soy lo más grande, la fuente y el orden de donde proviene todo lo que vemos y lo que no vemos…”
Sin embargo, existen los que se niegan a creer en determinadas
imágenes de Dios: nada de ancianos de larga barba sentados entre nubes, ni ojos
dentro de triángulos, cruces simples o adornadas o hechas crucifijo, tampoco estrellas
de cinco, seis o nueve puntas o acompañadas por la luna, ni budas gordos o flacos,
seres con alas, ídolos, imágenes de santos… Muchos de estos “incrédulos” andan
en busca de una espiritualidad distinta, que les permita contactar y permanecer
comunicados con Aquello a lo que no pueden dar nombre ni figura y que podría otorgar
sentido a sus vidas. A veces se llaman a sí mismos ateos, ¿lo son realmente, o
solo buscan al Desconocido, de Quien no podemos saber mucho, puesto que excede
nuestra capacidad de comprensión?
Otros, que también se autodenominan ateos, además de
negarse a adoptar las imágenes clásicas de la divinidad, preferirían que no
existiera eso Más Grande, hacen lo posible por eludirlo, alejarse, perdérsele
de vista. La idea de esta Presencia les desagrada e incluso podría resultarles
aterradora. En el fondo se saben pequeños, limitados, desprotegidos y, sobre
todo, “condenados” a vivir y a morir. Luchan contra ese Ser (aunque no exista,
según ellos) y trabajan para que otros semejantes se unan y piensen igual, como
cuando un niño no hace la tarea y pregunta a los compañeritos: ¿verdad que era
imposible hacerla?, con la esperanza que sean varios en la misma situación y
sentirse acompañados. Esta actitud de negar, huir y pelear da sentido a sus
vidas. ¿Son verdaderos ateos?
Hay otros que subjetivamente son honestos el confesarse
ateos, porque no creen en nada espiritual ni en la existencia de un más allá;
todo se reduce al más acá, que se ve, se cuenta, se pesa o mide de alguna
manera. Su Algo Más Grande es material: el estado, el capital, las trasnacionales,
la naturaleza, los fenómenos históricos o climáticos… Oscilan entre someterse y
querer someter a eso Algo Más Grande. ¿Son ateos? De nombre, sí. ¿Y de hecho? Son
los más religiosos, con esa religiosidad primitiva en la que su dios (la
política, la ciencia, la costumbre, la cultura, el arte…) les ordena: ve, y van;
ven, y vienen; sacrifícate tú o sacrifica a multitudes, y realizan el
sacrificio sin parpadear. En ellos se muestra con mayor claridad la necesidad
humana de pertenecer, servir y vivir para Algo Más Grande. Su tipo de dioses,
más materiales que espirituales, son lo más grande que han podido imaginar, y
su adoración es más devota, audaz y definida que la de muchos que se dicen
teístas.
Existe otra clase de ateos que no se denominan tales y aseguran
que sí creen en Algo Más Grande, pero no lo adoran ni pelean en contra o a
favor de Él, tampoco piensan que entre ambos haya nada que ver. En mi opinión, éstos
serían verdaderos ateos, solo que ellos mismos no se llaman así, ¿con qué
derecho podría nadie incluirlos en dicha categoría? Por eso dudo de que haya verdaderos ateos.
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Etiquetas:
arte,
ateo,
capital,
ciencia,
costumbre,
cultura,
DIOS,
dioses,
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imagina,
lo mas grande,
mas aca,
mas alla,
material,
pertenecer,
politica,
RELIGIOSO,
ser,
servir
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