Tengo una amiga a la que estimo, me gusta visitarla y que
me visite, pero noto que cambio de humor cuando empieza con “dime si te canso”,
“no quiero ser inoportuna”, “no quiero ser una carga”, “de lo bueno, poco” y cosas
así, se me figura que es ella la que se aburre y me dan ganas de cortar la
conversación y despedirme. ¿Estoy en lo cierto, o es problema mío?
OPINIÓN
Casi todos hemos pensado alguna vez: ¡No me gustaría ser
una carga! ¿Qué significa? ¿Qué es una carga?, ¿podemos serlo?, ¿a qué o a
quienes consideramos carga?
“Carga” y “cargar” conllevan la idea de que algo es
sostenido o contenido por un sostén o un contenedor. Hablando estrictamente,
todos somos cargas: la tierra nos sostiene y el universo nos contiene. ¿Hay
algo de malo en ello?
Es obvio que al decir que no nos gustaría ser una carga, de
ninguna manera significa que tenemos intención de ya no pisar el suelo o
abandonar el universo físico. Nos referimos a otra cosa, y me pregunto si ésta otra
cosa será inexistente, porque todos los humanos nos apoyamos unos en otros;
quiero decir que recibimos beneficios del esfuerzo, el dolor y hasta del sacrificio
de otros humanos, algunos de los cuales jamás conoceremos. Ninguno de nosotros
siembra los granos y verduras que come, cría su ganado, cultiva su algodón o
produce las fibras de su ropa, tampoco fabrica con sus manos su propia casa. La
pregunta es: ¿somos carga para la industria alimentaria, del vestido o de la
vivienda, que nos proveen de esto? ¿Quién sostiene y contiene a quién en este
intercambio?
Es obvio que a veces nos toca sostener y ser sostenidos,
contener y ser contenidos, ¿por qué motivo renegaríamos de ello? ¿Qué puede
motivarnos a pretender que no necesitamos de nadie, o a temer estar recibiendo
demasiado de alguien?
Sí hay motivos. Uno: quien da se siente más y superior; quien
recibe, menos e inferior. A nadie le gusta sentirse menos o en deuda. Esto se
resolvería correspondiendo en igual medida o bien dando las gracias. Aquí está:
existen personas que no les gusta pagar ni agradecer, algunas incluso roban:
dinero, tiempo, paz, autoestima...
Otro motivo podría ser saberse en bancarrota; es decir, con
imposibilidad de corresponder en igual medida. Sería el caso de los pordioseros
y de cualquiera de nosotros que sufra un accidente o una enfermedad
incapacitante. Los primeros deben solicitar la limosna inclinando la cabeza, y
los segundos necesitaremos aprender humildad, paciencia y gratitud, virtudes
nada despreciables.
Un motivo más podría ser sentirse poca cosa, no merecedor
del amor o del buen trato, y estar al acecho para descubrir pistas de que no es
verdad que la propia presencia es grata y amada. Este motivo es un hábito
erróneo del pensamiento que necesita ser corregido y cambiado.
Regresando a tu pregunta: estás en lo cierto cuando
piensas que es asunto de tu amiga y no tuyo el que sea o se sienta inoportuna o
cansona. Cuando uno duda si un amigo puede o quiere recibirlo, pregunta antes y
fija un límite de tiempo; no le cae de visita sin avisar. Y si el amigo acepta,
deja en manos de él la responsabilidad de regular su propio tiempo, no es
necesario protegerlo de sí mismo. Y si uno cree estar recibiendo señales de que
es tiempo de irse, nada más se marcha, sin acusar veladamente al amigo de poca
disponibilidad. Las acusaciones son formas de robar por lo menos serenidad.
También es parte de las habilidades para la vida saber cómo no dejarse robar.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez
No hay comentarios:
Publicar un comentario