Mostrando entradas con la etiqueta AMIG. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta AMIG. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de agosto de 2016

SER UNA CARGA



Tengo una amiga a la que estimo, me gusta visitarla y que me visite, pero noto que cambio de humor cuando empieza con “dime si te canso”, “no quiero ser inoportuna”, “no quiero ser una carga”, “de lo bueno, poco” y cosas así, se me figura que es ella la que se aburre y me dan ganas de cortar la conversación y despedirme. ¿Estoy en lo cierto, o es problema mío?
OPINIÓN
Casi todos hemos pensado alguna vez: ¡No me gustaría ser una carga! ¿Qué significa? ¿Qué es una carga?, ¿podemos serlo?, ¿a qué o a quienes consideramos carga?
“Carga” y “cargar” conllevan la idea de que algo es sostenido o contenido por un sostén o un contenedor. Hablando estrictamente, todos somos cargas: la tierra nos sostiene y el universo nos contiene. ¿Hay algo de malo en ello?
Es obvio que al decir que no nos gustaría ser una carga, de ninguna manera significa que tenemos intención de ya no pisar el suelo o abandonar el universo físico. Nos referimos a otra cosa, y me pregunto si ésta otra cosa será inexistente, porque todos los humanos nos apoyamos unos en otros; quiero decir que recibimos beneficios del esfuerzo, el dolor y hasta del sacrificio de otros humanos, algunos de los cuales jamás conoceremos. Ninguno de nosotros siembra los granos y verduras que come, cría su ganado, cultiva su algodón o produce las fibras de su ropa, tampoco fabrica con sus manos su propia casa. La pregunta es: ¿somos carga para la industria alimentaria, del vestido o de la vivienda, que nos proveen de esto? ¿Quién sostiene y contiene a quién en este intercambio?
Es obvio que a veces nos toca sostener y ser sostenidos, contener y ser contenidos, ¿por qué motivo renegaríamos de ello? ¿Qué puede motivarnos a pretender que no necesitamos de nadie, o a temer estar recibiendo demasiado de alguien?
Sí hay motivos. Uno: quien da se siente más y superior; quien recibe, menos e inferior. A nadie le gusta sentirse menos o en deuda. Esto se resolvería correspondiendo en igual medida o bien dando las gracias. Aquí está: existen personas que no les gusta pagar ni agradecer, algunas incluso roban: dinero, tiempo, paz, autoestima...
Otro motivo podría ser saberse en bancarrota; es decir, con imposibilidad de corresponder en igual medida. Sería el caso de los pordioseros y de cualquiera de nosotros que sufra un accidente o una enfermedad incapacitante. Los primeros deben solicitar la limosna inclinando la cabeza, y los segundos necesitaremos aprender humildad, paciencia y gratitud, virtudes nada despreciables.
Un motivo más podría ser sentirse poca cosa, no merecedor del amor o del buen trato, y estar al acecho para descubrir pistas de que no es verdad que la propia presencia es grata y amada. Este motivo es un hábito erróneo del pensamiento que necesita ser corregido y cambiado.
Regresando a tu pregunta: estás en lo cierto cuando piensas que es asunto de tu amiga y no tuyo el que sea o se sienta inoportuna o cansona. Cuando uno duda si un amigo puede o quiere recibirlo, pregunta antes y fija un límite de tiempo; no le cae de visita sin avisar. Y si el amigo acepta, deja en manos de él la responsabilidad de regular su propio tiempo, no es necesario protegerlo de sí mismo. Y si uno cree estar recibiendo señales de que es tiempo de irse, nada más se marcha, sin acusar veladamente al amigo de poca disponibilidad. Las acusaciones son formas de robar por lo menos serenidad. También es parte de las habilidades para la vida saber cómo no dejarse robar.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

martes, 17 de septiembre de 2013

AUTOESTIMA VOLUNTARIA


Tengo 30 años y me considero una persona con una autoestima "media", ya que no siempre me atrevo a expresar mi opinión, me cuesta trabajo tomar decisiones y no soy capaz de establecer relaciones de amistad duraderas. Mi familia era muy criticona y burlona conmigo por mi aspecto físico, mi mamá aun lo sigue siendo, creo que también tiene baja su autoestima. Quiero romper esa cadena generacional y que mi niña no sufra de lo mismo, que goce de una alta confianza en sí misma y para ello debo tenerla yo también. He mejorado mucho a través de la lectura y de la ayuda de mi esposo, él sí goza de una buena autoestima, pero aún tengo ese huequito que falta por llenarse y constantemente me estoy autocriticando. ¿Qué consejos o ejemplos me puedes dar para aumentar mi autoestima?

RESPUESTA

Cuando dices “autoestima media”, imagino que te refieres a que eres como somos la mayoría de los humanos, que no siempre nos atrevemos a expresar nuestra opinión, nos cuesta trabajo tomar decisiones y establecemos muy pocas relaciones duraderas; es decir, con la familia, que aunque tuviera enredos nunca se destruye, y con escasos amigos muy cercanos, los demás son más bien conocidos o compañeros, aunque los llamemos amigos. También imagino que no te gusta “ser del montón” y crees que, autocriticándote, un día lograrás volverte ¿perfecta?, ¿super-humana?,  ¿sobre-natural? o cómo se diga que no eres como los demás hombres. ¿Voy bien? Y que tu aspiración es que tu hija sí sea, desde ahora y para toda su vida, la perfecta super-humana o sobre-natural que a ti te ha sido negado ser. Y que tu esposo ya es, en tu imaginación, un perfecto super-humano o sobre-natural. Eso entiendo.

Mejor vamos a replantear tu pregunta: mi mamá es criticona, yo soy criticona sobre todo conmigo misma y no quisiera que mi hija fuera como somos mi mamá y yo... ¿Voy mejor, o todavía no? Quién sabe. Bueno, creo que preferiré un poco de teoría.

Las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre cualquier otra cosa, son ideas; es decir, conclusiones intelectuales que a veces sí y a veces no, concuerdan con la realidad. Muchas ideas pueden ser descabelladas, como: tengo que ser perfecta, si no soy perfecta (o bonita, delgada, simpática, etc.) no merezco ser amada y podríamos poner millones de ejemplos más. Estas ideas, por ser conclusiones que obtenemos a lo largo de la vida, difícilmente pueden ser cuestionadas por nosotros mismos; son nuestras creencias y las expresamos diciendo: “yo creo que…” Al parecer, así somos los humanos.

Diferente a las ideas es nuestra parte afectiva. Ésta “reacciona” a los eventos con emociones y sentimientos. ¿Cómo? Comparando cada hecho con dos “modelos” que tenemos grabados adentro, uno que proviene de la biología y el otro de las ideas. Por ejemplo: voy caminando, tropiezo y me lastimo una rodilla. La biología informa con dolor físico: aquí hubo un raspón. Las ideas me dicen multitud de cosas: que soy atolondrada, imprudente, ridícula... Mi parte afectiva toma en cuenta todo lo anterior y reacciona con emociones: Pobrecita de mí, cuánto me duele el raspón (compasión o conmiseración); Fíjate, tonta (perfeccionismo lastimado); Todos me vieron (vergüenza, culpa) y tantas posibilidades más. Aquí lo importante es distinguir entre ideas y emociones; o sea, entre pensamientos y afectos. Las imágenes sobre nosotros mismos pertenecen al pensamiento, y la autoestima pertenece a los afectos.

Volviendo al primero y segundo párrafos, supongamos que el patrón allí descrito existe en alguna persona, aunque no seas tú. Estaríamos hablando de imágenes, ideas o pensamientos. La  persona en cuestión sólo podría liberarse de todo eso decidiendo en su interior: “Aunque soy imperfecta, de todas maneras elijo amarme y ser siempre mi propia mejor amiga”, entonces tendría autoestima, sin necesidad de llegar a la perfección que su sistema de ideas le exige. Conclusión: la autoestima buena o mala depende de la ELECCIÓN VOLUNTARIA de tener amor u odio hacia uno mismo (afectividad), y no de la buena o mala autoimagen (intelecto) que nos hayamos forjado.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.