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lunes, 11 de octubre de 2021

LA FELICIDAD, ¿QUÉ ES?

Es muy probable que tú ya tengas tu definición personal de felicidad y también la apreciación de si eres feliz, ¿lo eres? ><. A través de la historia, muchos humanos han dado su opinión acerca de qué es la felicidad, ¿quieres comprobar si alguna de estas definiciones se parece a la tuya? Platón, filósofo, negaba que la felicidad consistiera en el placer. Él la consideraba una virtud; es decir, algo que se consigue ejercitándola.><. También Aristóteles, filósofo, la veía como una virtud y consideraba que los humanos que la practicaban se volvían capaces de bellas acciones.><. Para Nietszche, filósofo, la felicidad era un invento, un camino falaz trazado por aquellos que mienten y que nos es impuesto. ><. Para Schopenhauer, la felicidad es tan sólo relativa y se disfruta con resignación, realizando con buena voluntad lo que se debe hacer. ><. Para Ortega y Gasset la felicidad se configura cuando coinciden “la vida proyectada” y “la vida efectiva”; es decir, cuando lo que deseamos ser coincide con lo que somos en la realidad. ><. Para Slavoj Žižek, sociólogo, filósofo y psicoanalista, la felicidad es un asunto de opinión y no un asunto de verdad. Según él, es un producto del capitalismo que promete la satisfacción eterna a través del consumo.><. Louise L. Hay afirma que la felicidad es sentirse uno bien consigo mismo. ><. En una definición de internet, la felicidad es un estado emocional de bienestar y realización que se genera en una persona cuando alcanza una meta anhelada. Otra de Internet: Felicidad es un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien ni sufrimientos que atormenten.><. ¿Las opiniones son bastante distintas, verdad? ¿Alguna definición se acerca a la que elaboraste para ti?><. Considero probable que quien que piensa que la felicidad es una mentira o un asunto de opinión, nunca va a experimentarla; no la reconocería. Para obtener la felicidad se necesita primero creer que existe y es posible y darse permiso para sentirla.><. Otra manera que tampoco es útil para obtenerla es creer que otra persona puede dárnosla, como cuando decimos: “hazme feliz”, “hazme sentir seguro”, “hazme saber quién soy”, “mi felicidad eres tú”. O lo opuesto: “prometo hacerte feliz”, “yo te daré la seguridad que necesitas”, “haré que te sientas pleno o plena”. Es por demás esforzarse uno por colmar los deseos de otra persona y menos aún si esta no se permite ser feliz y nada la sacia. ><. En redes leí que la infelicidad es la enfermedad más extendida del planeta y me pregunté: ¿En serio la mayoría de los humanos somos infelices? Sería muy triste que esto fuera cierto, porque la felicidad nace de adentro. Mientras que uno se siente feliz por tener una buena bicicleta para transportarse y otro con un coche que funcione, habrá quién se sienta desdichado si no posee un Ferrari o al menos un auto más vistoso que el del vecino. ><. Yo deseo creer que hay más personas felices que infelices, que ponen atención a lo bueno y bello que han creado y pueden generar.><. Tú sé feliz, te lo mereces.><. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 5 de noviembre de 2018

DAR Y RECIBIR ES NATURAL


En la naturaleza existe un orden de intercambio: el que tiene más da y el que tiene menos recibe. Nunca es al revés porque no se puede dar lo que no se tiene. Entre dos cuerpos, el de mayor temperatura calienta al frío y el que abunda en agua humedece al seco, tendiendo siempre a un equilibrio.
Entre los humanos sucede lo mismo: hay un intercambio natural y continuo donde el que tiene más da al que tiene menos.  De lo que sea: riqueza material, alegría, amor, tolerancia, confusión, rabia, odio...  Sólo alguien que tiene vida puede dar la vida a otro. Quien posee amor ama a sus semejantes.  El que sufre un duelo entristece a los demás. La persona confundida mete confusión a su alrededor.
Damos y recibimos continuamente puesto que no somos islas, sino miembros de un sistema en el que todos sus elementos interactúan. Sin embargo, como humanos, tenemos la facultad de creer que así sucede o negarnos a creerlo. Nos gustan las interpretaciones, sean éstas ciertas o falsas.
“Dar es mejor que recibir” y “dar sin esperar nada a cambio” son unas de estas interpretaciones que no tienen sentido, creadas por los humanos. Nos las enseñan desde niños: “No seas egoísta, da siempre”. Es imposible cumplirlas, porque también es bueno y necesario recibir. Pero los que han aceptado esta creencia enaltecen el dar y desprecian el recibir. Se sienten superiores cuando dan e inferiores si reciben. Los resultados son pésimos porque, aunque el intercambio continúa, ellos no pueden verlo ni aceptarlo ni dar las gracias.
Así como una fuente que da y da debe ser reabastecida, alguien que procura dar y solamente dar sin recibir, queda seco. En su delirio de que no recibe se prohíbe pensar: voy a disfrutar esto. Su actitud es: doy a mi familia un paseo a la playa, a Six Flags, etcétera, pero no es para mí ni en mi beneficio.
He conocido a padres de familia, sacerdotes, religiosos, terapeutas, maestros, científicos, etc., que dan y dan y luego, llega el momento en que se vuelven (en su mente) incapaces de recibir. Sólo se relacionan si pueden imaginar que están en actitud de dar; es decir, de superioridad. También  familias completas creen eso y dicen: “a nadie le pido nada”,  “a nadie le debo nada”, “nadie puede ayudarme”, “Nadie me va a decir lo que tengo qué hacer”, “nadie me va a enseñar a mí”, “lo haré solo, sin ayuda de nadie”... Y si alguien ofrece ¿puedo servirte en algo?, de seguro contestan: “No, nada, estoy bien”.
Recuerdo una película viejísima, “La oveja negra”, donde el papá era un problemático que traía a todos metidos en confusión y un día no pudo disimular que había cometido un error grave. Entonces le exigieron que se disculpara con aquel que había ofendido. Él contestó: “Yo no pido disculpas ni pido nada. Yo doy. Siempre doy. Así que voy a ofrecerle a ése la disculpa que ustedes me piden”. Paradójicamente, el personaje en cuestión que “siempre daba” no tenía trabajo, lo mantenía su hijo y se pasaba la vida necesitando que le resolvieran los problemas en que se metía.
Es falso que uno no reciba o que no necesita. Lo que puede suceder es que no vea lo que recibe, no lo tome conscientemente y no dé las gracias. Inclusive la conducta más altruista hace que uno reciba algo, así sea sólo la oportunidad de sentirse más rico que otros.
La soberbia, sobre todo la soberbia espiritual, es el peligro más grande de este tipo de personas que creen sólo dar y se sienten demasiado grandes como para relacionarse con “los pequeños” de su alrededor y necesitarlos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51

lunes, 1 de agosto de 2016

SER UNA CARGA



Tengo una amiga a la que estimo, me gusta visitarla y que me visite, pero noto que cambio de humor cuando empieza con “dime si te canso”, “no quiero ser inoportuna”, “no quiero ser una carga”, “de lo bueno, poco” y cosas así, se me figura que es ella la que se aburre y me dan ganas de cortar la conversación y despedirme. ¿Estoy en lo cierto, o es problema mío?
OPINIÓN
Casi todos hemos pensado alguna vez: ¡No me gustaría ser una carga! ¿Qué significa? ¿Qué es una carga?, ¿podemos serlo?, ¿a qué o a quienes consideramos carga?
“Carga” y “cargar” conllevan la idea de que algo es sostenido o contenido por un sostén o un contenedor. Hablando estrictamente, todos somos cargas: la tierra nos sostiene y el universo nos contiene. ¿Hay algo de malo en ello?
Es obvio que al decir que no nos gustaría ser una carga, de ninguna manera significa que tenemos intención de ya no pisar el suelo o abandonar el universo físico. Nos referimos a otra cosa, y me pregunto si ésta otra cosa será inexistente, porque todos los humanos nos apoyamos unos en otros; quiero decir que recibimos beneficios del esfuerzo, el dolor y hasta del sacrificio de otros humanos, algunos de los cuales jamás conoceremos. Ninguno de nosotros siembra los granos y verduras que come, cría su ganado, cultiva su algodón o produce las fibras de su ropa, tampoco fabrica con sus manos su propia casa. La pregunta es: ¿somos carga para la industria alimentaria, del vestido o de la vivienda, que nos proveen de esto? ¿Quién sostiene y contiene a quién en este intercambio?
Es obvio que a veces nos toca sostener y ser sostenidos, contener y ser contenidos, ¿por qué motivo renegaríamos de ello? ¿Qué puede motivarnos a pretender que no necesitamos de nadie, o a temer estar recibiendo demasiado de alguien?
Sí hay motivos. Uno: quien da se siente más y superior; quien recibe, menos e inferior. A nadie le gusta sentirse menos o en deuda. Esto se resolvería correspondiendo en igual medida o bien dando las gracias. Aquí está: existen personas que no les gusta pagar ni agradecer, algunas incluso roban: dinero, tiempo, paz, autoestima...
Otro motivo podría ser saberse en bancarrota; es decir, con imposibilidad de corresponder en igual medida. Sería el caso de los pordioseros y de cualquiera de nosotros que sufra un accidente o una enfermedad incapacitante. Los primeros deben solicitar la limosna inclinando la cabeza, y los segundos necesitaremos aprender humildad, paciencia y gratitud, virtudes nada despreciables.
Un motivo más podría ser sentirse poca cosa, no merecedor del amor o del buen trato, y estar al acecho para descubrir pistas de que no es verdad que la propia presencia es grata y amada. Este motivo es un hábito erróneo del pensamiento que necesita ser corregido y cambiado.
Regresando a tu pregunta: estás en lo cierto cuando piensas que es asunto de tu amiga y no tuyo el que sea o se sienta inoportuna o cansona. Cuando uno duda si un amigo puede o quiere recibirlo, pregunta antes y fija un límite de tiempo; no le cae de visita sin avisar. Y si el amigo acepta, deja en manos de él la responsabilidad de regular su propio tiempo, no es necesario protegerlo de sí mismo. Y si uno cree estar recibiendo señales de que es tiempo de irse, nada más se marcha, sin acusar veladamente al amigo de poca disponibilidad. Las acusaciones son formas de robar por lo menos serenidad. También es parte de las habilidades para la vida saber cómo no dejarse robar.
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