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miércoles, 20 de octubre de 2021

EL PADRE Y LA MADRE IMAGINARIOS

Papá y mamá viven en cada uno de nosotros. Nuestros cromosomas provienen la mitad de él y la otra mitad de ella. ><. Tú sabes que no necesitaste hacer esfuerzo para obtener una réplica de los ojos de mamá o de papá, de sus manos, dientes, orejas o manera de andar. Esto en lo físico. En lo mental o psicológico sucede lo mismo; eres ellos, y ellos se aman o pelean dentro de ti, a veces gana uno y a veces otro, en tu interior se besan o se separan. Cuando eres muy joven se nota menos, pero a medida que pasan los años te sorprende descubrirlos en el espejo. Los conocidos te dicen: “Cada día te pareces más a tu papá, o a tu mamá” o tú te pillas diciendo una palabra o ejecutando una acción que te vino espontánea y les pertenecía.><. Los papás que están actuando dentro de ti no son tus papás de carne y hueso sino los papás imaginarios que tu mente creó como los captó. Dentro de ese imaginario hay todo un universo; caben tus fantasías acerca del papá y mamá ideales que se ajustarían completamente a tus necesidades y deseos satisfaciéndolos a la perfección y siempre estaban ahí para ti “como debía ser”. También las imágenes de los papás que te decían que no, te prohibían cosas, se enojaban, te castigaban, se iban, tenían otras prioridades. Agrega a esto las imágenes de tus padres trayendo adentro a sus propios padres imaginarios a los que querían complacer (o aborrecer), y que como pareja estaban o no estaban de acuerdo entre sí. Llevas adentro lo que se decían, la manera en que se culpaban y los resultados que observabas en esa relación. Independientemente de cómo fuera la realidad, tú “sabías” quién era el bueno y el malo, cuál era el grande y el más pequeño, el que dominaba y el dominado, el tonto y el listo. Todas estas imágenes actúan dentro de ti buscando manifestarse.><. Ni siquiera de muy niño eras totalmente pasivo, sino que actuabas a la manera de un árbitro que aceptaba o rechazaba lo que veía y oía y que sin darse cuenta comparaba los “hechos” con las “doctrinas”; es decir, lo que hacían con lo que te decían que debías o no debías hacer. Ahora que has crecido, con tienes posibilidad de hacer photoshop en estas imágenes. Te toca y es tu responsabilidad lograr que se modifiquen hasta que puedan convivir en paz dentro de ti; de lo contrario, permanecerías siendo simple reproducción, copia de lo que recibiste y repetición de destinos ajenos. Y ni se te ocurra presumir que todo lo que recibiste fue óptimo, puesto que eres hijo o hija de simples seres humanos que provenían de familias distintas y no siempre podían acertar.><. Ya en otras ocasiones he hablado de hacer las paces con los padres. A estos padres me refiero, a los padres imaginarios que viven en tu mente, que unas veces te ayudan y sostienen pero en otras te meten en conflictos que percibes como insuperables. Puedes recordarlos como crees que eran, sin adornos ni camuflaje, darles una bienvenida a tu ser aunque te sea dolorosa y decirles en tu mente “sí, así es, así soy, y con todo esto me amo” y luego, con respeto y amor, realizar tu photoshop. “Con tu permiso, papá, mamá, esto se va”, “con amor dejo en tus manos tu culpa, mérito, responsabilidad o como se llame y me permito actuar diferente a ti, lo cual no significa que deje de ser tu hijo o hija”. ><. Para muchas personas es casi imposible pensar en amar a papá o mamá con las características que tienen o tuvieron, pero es la única manera de poder amarse uno tal como es aunque no sea perfecto. Esas imágenes que están adentro, vivas y activas, no se van a someter a tu voluntad si no las miras con aceptación, “sí, así es, así fue”. Solo con la mayor benevolencia (buena voluntad) puedes conducirlas suavemente hasta donde deseas. ¿Cuesta mucho trabajo? A veces sí, y vale la pena. ><. Nada vale tanto la pena como lo que cada uno hace a favor de sí mismo, de su propia salud y bienestar. Luego del photoshop puedes decirte: “Me amo más de lo que nadie puede hacerlo”, “honro mi destino, mi vida y mi historia de la mejor manera que puedo”, “nadie vela mejor por mí que yo mismo”, “me amo con todas las imágenes que mis padres imaginarios grabaron en mí”, “hago mi photoshop a mi gusto y entender”, “soy libre”.><. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 10 de abril de 2017

SER HIJO Y TAMBIÉN SER LIBRE

¿Que debemos honrar a los padres? Mi madre me dijo que no deseaba tenerme, que cuando nací yo lloraba tanto que no los dejaba dormir, que era papá quien me cargaba y por causa mía se quedó algunos años en casa, luego se fue y nunca más nos buscó ni lo buscamos. También me ha dicho que nadie me va a querer porque soy mala y desagradecida. Posiblemente tuvo razón, porque cuando ella murió no sentí ganas de llorarla ni de avisarle a mi papá, de tanto daño que ella me hizo.
OPINIÓN
Tengo la impresión que debo investigar quién me habla de ti, si tú o tu mamá. ¿Sabías que en la mente guardamos imágenes de nuestros padres, y éstas siguen hablando ahí dentro, incluso si ellos ya estuvieran muertos?  Dicen cosas como “párate derecha”, “recoge tus cosas”, “eres una princesa (o un problema, un manojo de nervios, etc.) y al escucharlas, solemos pensar que son pensamientos nuestros y no algo que nos fue sembrado en la infancia. Son como grabaciones que reproducimos una y otra vez, como si de esa manera conserváramos con vida a los que nos dieron la existencia.
Honrar a los padres no es una orden sino un principio (algo que no puede ser cambiado). Todo hijo honra a los suyos de manera automática.
Biológicamente, honramos a nuestros padres con semejanzas: de la piel, los dientes, el pelo, la configuración del esqueleto, alguna propensión a enfermedades que nos heredaron a través de su ADN, etc. No es que escojamos parecernos, solamente sucede. Es como si dijéramos sin palabras: certifico que son mis padres.
Psicológicamente los honramos prolongando sus maneras de pensar, de sentir, de hablar y actuar; repitiendo su historia; pareciendo una mera continuación de ellos y no una vida nueva, independiente y distinta. No es que escojamos conservar sus pensamientos y sentimientos, solamente sucede. Damos testimonio de la fuente que procedemos: hablo español porque es mi lengua materna, mis costumbres certifican quiénes son mis progenitores.
Pero los humanos no somos sólo robots que ejecutan los mandatos que les han sido grabados, también tenemos conciencia y capacidad para elegir. La conciencia nos da oportunidad de abandonar el automatismo y tener libertad. Sólo desde la conciencia podemos apartarnos, disentir o asentir a lo que nos ha sido dado. También desde la conciencia podemos elegir una manera de honrar a nuestros padres que no nos perjudique.
Ya que de todas maneras somos hijos de nuestros padres, podemos ampliar nuestra conciencia agradeciéndoles haber sido la puerta por donde entramos a la vida, y luego trabajando para ser capaces de respetar su derecho a vivir, pensar y sentir como pudieron hacerlo, absteniéndonos de cargar con la responsabilidad de sus decisiones. Cada quién su vida y su modo de vivirla; los padres la suya y el hijo la que logre construir con sus esfuerzos.
Volviendo a ti. Imagino lo desagradable que debe ser honrar a tu madre repitiéndote una y otra vez sus palabras y creyendo sus afirmaciones como si fueran dogmas. Hay maneras menos sufridas de honrarla: reconociendo que los pensamientos de ella eran de ella; renunciando a considerarla profeta del Altísimo cuyas profecías debes tú cumplir; dándote cuenta de que ella solamente era tu madre, una humana capaz de engendrarte y darte a luz, lo cual hizo; reconociendo que como madre te entregó lo mejor que pudo darte, lo que ella era, sus contenidos internos. Si logras respetar la libertad humana, dejarás de sentir necesidad de juzgarla (aprobarla o condenarla) sino que dejarás con ella lo que es suyo.
¿Has pensado en que te sería útil acudir a psicoterapia para transmutar tu dolor en algo mejor?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

lunes, 3 de abril de 2017

PELEA ENTRE LOS PENSAMIENTOS



Se bromea que novio es el que no-vio; tan endiosado estaba con la mujer amada que de ella sólo veía lo que quería ver. Solemos pensar que fuera del enamoramiento sí podemos ser objetivos y conocer a las personas como son.
Hay un principio en PNL que dice: “El mapa no es el territorio”. Significa que no es lo mismo una imagen que la cosa en sí, ni aun tratándose de una muy buena foto. La foto es de papel,  electrónica o mental, pero si es de un río no moja, si es del sol no quema y si es de alguien amado ni siquiera garantiza que éste sigue vivo.
En la mente guardamos imágenes, resúmenes de lo que pudimos captar acerca de una persona o cosa. Generalmente son incompletas, pero nos relacionamos con ellas como si fueran totalmente verdaderas y conociéramos a fondo los pensamientos, sentimientos y circunstancias de las personas, las cosas y los acontecimientos. ¿Qué otra cosa podríamos hacer? Son lo que tenemos. Con ellas formamos una historia que nos contamos una y otra vez y, para nosotros, es absolutamente cierta. Esa historia constituye nuestra identidad personal, y decimos: “Soy esto o lo otro”.
Las imágenes son pensamientos. Si es verdad que nacimos para ser felices, algunas imágenes nos ayudan a serlo y otras nos impiden vivir, aunque sólo se trate de pensamientos. Por ejemplo, si tuve una niñez difícil, cuando me convierto en adulto ya nada de lo ocurrido durante esa niñez existe, sólo en el recuerdo, pero ése recuerdo puede arruinar lo que vivo hoy. Los recuerdos están en la mente, sólo en la mente, no tienen ya respaldo en la vida real, son pensamientos.
Las imágenes pueden armonizar o pelear entre sí. Es conmovedor cuando, en una constelación familiar, una persona nombra representantes de su padre o su madre, vivo o difunto, un síntoma o un problema, presente o pasado. Lo que está representado ahí son las imágenes mentales del consultante, a fin de que éste pueda contemplar los cambios que serían necesarios para que dichas imágenes logren convivir entre sí de manera armoniosa.
Si algo hay demasiado doloroso es que las imágenes mentales estén en pleito unas con otras.
Termino con un ejemplo sencillo de pelea entre imágenes mentales. Una señora de 80 años, poseedora de una salud física envidiable y poco común para su avanzada edad, sin problemas económicos, casada con su marido de toda la vida (quien la alienta a que salga al cine, a ver a sus hijos o a lo que quiera), de pronto sufre aparatosas erupciones en la piel. Va al médico y éste le diagnostica estrés. Me lo cuenta y se sorprende cuando le digo que tiene culpa respecto a su marido, porque las mujeres de su época fueron educadas a la abnegación (imagen mental) y ella sale pero se siente obligada a sentir remordimientos cuando no está en casa (imagen mental), y a sentir remordimientos por ella estar bien, quizá mejor que él (imagen mental), y remordimiento por no sacrificarse más para sanarlo (imagen mental), y quizá tendría remordimiento si sanara de su erupción y volviera a sentirse en perfecta salud. Ella me escucha y no lo niega ni lo afirma, pero es evidente que su realidad no respalda la lucha que vive, sino que ésta proviene de sus pensamientos, creencias y expectativas acerca de cómo debería ser una buena mujer de su edad. ¿Verdad que parece increíble que la falta de achaques provoque culpa?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez