La sugestión es un tema
fascinante. Ha sido objeto de estudio desde hace siglos. Se refiere, por un
lado, al acto de sugerir, y por otro, a la influencia ejercida por alguien o
algo sobre la manera de pensar y actuar de una persona, a veces incluso sin su
voluntad o en contra de ella.
Los estudiosos han concluido que la sugestión
sí existe: es una creencia que se adquiere por influencia externa y actúa sobre
pensamientos y conductas. Y que en toda acción interviene
una sugestión. ¿Exagerado? Posiblemente no.
Los humanos somos
seres sociales que aprendemos unos de otros, la cultura misma es en sí una
sugestión, pues ninguno de nosotros la inventó individualmente; somos
influenciados por ella y modifica nuestros pensamientos y conductas.
La sugestión puede
ser directa o indirecta, positiva y negativa.
Una sugestión
directa es contarle a un niño historias de terror y que él crea que hay un
monstruo en el armario, o que una persona de autoridad afirme algo y el oyente
le crea sin cuestionamientos, debido al prestigio que concede al que habla.
Sugestión indirecta
es cuando en familia se exhiben conductas de miedo porque se teme algo, el niño
las capta y también se asusta, aunque no sepa de qué. Pasa igual con los
adultos y no sólo en relación con el miedo; en el ambiente flota un sentimiento
equis, el individuo lo capta y comienza a comportarse de acuerdo con dicho
sentimiento. Esto es más evidente en las reuniones masivas: personas que jamás
romperían el vidrio de una tienda, en un mitin lo hacen.
No solamente los padres influyen directa y voluntariamente en los
hijos al
inculcarles lo que consideran mejor, e indirectamente viviendo; también los
maestros, los amigos, las parejas, un evento
trágico, una frase que alguien dijo en el momento adecuado, un pequeño detalle,
pueden sugestionarnos e implantar una idea en nuestra cabeza, para terminar
siendo clave en nuestras decisiones futuras. ¡Magnífico si la idea es positiva!
Y si negativa, qué malo.
En
1966, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson, psicólogos investigadores,
demostraron, a través de un experimento, el poder de la sugestión tanto
positiva como negativa.
El
experimento consistió en aplicar una falsa prueba de inteligencia en grupos de
primero a sexto. A los maestros se les dijo cuáles alumnos obtuvieron mejores
resultados y que era de esperar que dichos alumnos tendrían avances sin
precedentes en el transcurso del siguiente año. Lo cierto es que las pruebas no
podían predecir tal cosa.
Ocho meses
después, la profecía se había cumplido; el grupo al que se le había
pronosticado un “acelerón” avanzó más que el resto y su cociente intelectual
aumentó significativamente, sobre todo en los de primer y segundo curso. También
los alumnos señalados como inferiores disminuyeron su adelanto. ¡Hubo
correlación entre la expectativa del profesor y el rendimiento del alumno!
Lo anterior
fue sugestión positiva para los que adelantaron, y negativa para los que fueron
etiquetados como inferiores.
También existe la auto-sugestión: podemos crear nosotros mismos
enfermedades imaginarias y reales, pero también por sugestión podemos llegar a
curarnos.
Para
concluir, la sugestión está presente en todas partes: en el pensamiento, la
educación, la política, la mercadotecnia, la religión y la vida diaria.
La única
manera de liberarse parcialmente de la sugestión es pensando, siendo consciente,
haciéndose uno responsable de lo que decide y elige. Se dice que los humanos
somos 10% conscientes y que el resto es inconsciente. ¿Quién dirige ese 90%
restante? Las influencias recibidas; es decir, la sugestión.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez
No hay comentarios:
Publicar un comentario