lunes, 20 de noviembre de 2017

EL PLACER FÍSICO



Al escuchar “placer físico”, muchos piensan en sexo, pero me voy a referir a otros placeres que proporciona el cuerpo, al cual le gusta moverse, percibir, descansar... En cada músculo y articulación está la posibilidad de hacer movimiento y experimentar deleite, lo mismo en cada sentido: los ojos gozan de seguir las luces; los oídos buscan sonidos; el olfato localiza aromas; la piel siente roces, temperaturas y texturas; la boca paladea sabores… ¿Y quién puede negar el agrado de una cama blanda y una almohada acogedora?
Placer, placer, placer. Vivir en placer continuo sería algo nada trivial, y posible. Numerosas y pequeñas cápsulas de él se ocultan en cada uno de nuestros movimientos y sensaciones, listas para ser descubiertas con el simple hecho de darnos cuenta de ellas.  
Recuerdo la anécdota del niño que se distraía durante las clases pensando en el postre que su mamá le había mandado para el desayuno, pero debía esperar hasta el recreo para comérselo. Sonó la campana, abrió su lonchera, sintió hacérsele agua la boca, dio la primera mordida, llegó un compañero a preguntarle algo, él le contestó, y cuando puso atención ¡ya se había comido todo el postre que tanto había deseado saborear, y no recordaba cómo fue! Su atención se había desviado hacia la plática.
El placer que no se reconoce es como si nunca hubiera existido. Para reconocerlo es necesario estar dispuesto a sentirlo, deleitarse, concederle importancia y ¡darse cuenta que ahí está! Muchas personas no pueden tener esta actitud gozosa, parecen más propensas a sufrir que a alegrarse. Es probable que quienes detestan el ejercicio físico hayan suprimido su sensualidad al grado que mover el cuerpo les parece una amenaza, o una tortura. O les premiaron en exceso la quietud (“es buen niño, muy tranquilo”) y sigan premiándose mentalmente por estar inmóviles.
Las personas estresadas olvidan que tienen placeres; su estado de alerta no es para disfrutar sino para permanecer en pie de lucha, intentando solucionar problemas, dándole vueltas a los asuntos en la cabeza. Les haría bien desviar su atención hacia esas pequeñas y constantes fuentes de complacencia como son caminar, sentarse, estirarse igual que los gatos, bostezar…; escuchar el viento, una música, una risa, el silencio…; comer un buen plato sintiendo en su boca el sabor, el movimiento de las mandíbulas, el deglutir… y tantas cosas más que se pueden gozar poniendo atención al cuerpo.
Los cachorros y los niños buscan el placer espontáneamente, juegan con lo que encuentran. Le das a tu perrito una botella vacía de plástico, de las del agua, y él se entretiene horas aventándola, persiguiéndola o quedándose quieto para escuchar el ruido que produce. He visto a niños pasar largos ratos manipulando su Slime (pronúnciese eslaim) que es una masa chiclosa y suave, sólo para sentirla entre sus dedos. Pero es triste que cuando los niños se vuelven grandes olviden cuánto les gustaba tocarlo todo, enterarse de todo, probarlo todo, corretear sin más sentido que moverse, jugar juegos fantásticos cuya única utilidad era divertirse.
¿Es importante experimentar placer todos los días? Sí, por supuesto, importantísimo. Y mejor si es intenso. Un atleta provoca que su cuerpo produzca hormonas que cambian el estado de ánimo y la manera de ver al mundo: las endorfinas son neurotransmisores similares a la morfina y la heroína que ocasionan una euforia como la de estar drogado; la serotonina inhibe el enfado y aumenta la sensación de bienestar. Estas dos ocasionan que se produzcan muchas otras hormonas que el cuerpo necesita.
Cuando asociamos una situación determinada con el placer, tendemos a repetirla. ¿Cuáles son tus placeres favoritos de cada día?
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez


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