Hace un año, estábamos en espera del 2017. Cada uno sabe
si lo aguardaba con temor o ilusión y ha visto ya que lo que ambicionaba o
temía, se le han cumplido, porque creamos lo que creemos. Miedos y fe tienen por
igual el poder de convertirse en realidades, porque la mente es artífice de los
hechos y de la manera de mirarlos.
2017 está a punto de irse, viene el 2018, que también es
un cuaderno limpio para dibujar en él lo que cada uno quiera. El pincel, lápiz,
punzón o instrumento necesario para hacer los grabados será, como siempre, el
pensamiento. Está dicho que no son los sucesos los que forman nuestra
felicidad, sino lo que hacemos con ellos, y esto requiere de pensar,
interpretar y reaccionar.
Sabemos que el futuro y la lluvia son siempre buenos, más
para la novia en el día que se casa, un aguacero puede arruinar la ceremonia y
tal vez signifique un mal presagio; a los niños les entran ganas de salir a
mojarse; a los adultos, de correr a guarecerse; el sembrador lo ve como un buen
auspicio; el vendedor de paraguas, como prosperidad en el negocio; la mujer que
acaba de tender su ropa recién lavada, presiente que repetirá su labor; quienes
odian los días nublados, tenderán a deprimirse; los sin techo, buscarán un
refugio… y podríamos seguir, pero sólo es lluvia, agua que cae del cielo y no
trae escrito su destino, sólo cae. Serán los observadores quienes le confieran
significado y reaccionen ante su presencia con emociones, sentimientos, trabajo
o inacción.
2018 está por llegar y pide que lo llenemos a nuestra
conveniencia. Como la lluvia, tampoco él trae su destino escrito, sólo es la
cuenta de un determinado número de vueltas que dará la tierra alrededor del
sol, y cuando ya no estemos aquí para verlo, ella continuará su recorrido, creo
yo, sin darse cuenta de lo que hace. Somos nosotros, consciencias
individualizadas, quienes le conferiremos significado, que puede ser de dicha o
desesperanza.
“Todo lo detesto y nada me gusta de manera particular”,
dice el que guarda en su mente pensamientos de desprecio y descontento.
“Mientras hay vida, hay esperanza”, dice aquel cuya mente anida la fe en que
todo es posible, pero hay que hacerlo.
Deseo para todos mis lectores un espléndido 2018 colmado
de hermosas experiencias. Este mi deseo es una proclamación de fe en que el ser
humano es capaz de lo más sublime y excelso. También de lo horrible y
descompuesto, pero no me dirijo a este sector de la mente, porque nada que sea
deseable puede surgir de él.
Augurarnos feliz año unos con otros es ya inicio de un
mundo mejor, porque estamos enfocando nuestra atención a lo que sí deseamos ver
materializado, y en esta temporada lo hacemos de todo corazón. Gracias, fiestas
hermosas, que nos empujan a poner la mirada en lo bello, lo sublime y lo
posible.
Feliz 2018 para todos.
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