lunes, 18 de diciembre de 2017

TE CONVIERTES EN LO QUE CREES



Diversas teorías acerca de la mente humana aseguran que ésta ha sido condicionada durante la infancia para que piense como le enseñaron su familia y su cultura. Te conviertes en lo que crees: leonés, mexicano, andaluz, hombre, mujer, privilegiado, marginal, excluido, etc., etc.

Lo anterior explica no sólo por qué alguien reacciona y actúa como suele hacerlo, sino qué lo motiva a continuar sin cambios, igual que robot programado para determinadas tareas o destinos. ¿Dónde quedan aquí la responsabilidad y el libre albedrío?

Son cuestiones serias. ¿Existe o no el libre albedrío? ¿Es sólo un invento humano? ¿La fatalidad nos aguijonea para que cumplamos con un rol predeterminado del que es imposible escapar?

Imaginemos que una abeja y una mosca llegan juntas a un campo. La abeja se dirige hacia las flores a extraer polen y la mosca al estiércol, donde está su comida. ¡No vamos a pensar que la abeja es positiva y la mosca negativa! Ambas están programadas para desempeñar sus respectivos roles, no pueden salirse de ellos. En cambio, los humanos sí podemos salir de nuestras programaciones, a condición de ampliar nuestra consciencia.

Hemos topado con un tema especialmente difícil de abordar: la consciencia. Todos sabemos que ésta es la capacidad humana de darse cuenta; de estudiarse el hombre a sí mismo; de elegir, ya sea hacia dónde dirige su mirada, como cuáles pensamientos y sentimientos quiere conservar o desechar. La consciencia posibilita el cambio verdadero; es decir, trasciende el condicionamiento.

Si te va bien porque naciste en una familia que le va bien y desde pequeño te enseñaron cómo te iría bien, probablemente nunca te preguntes si eres libre o si estás de acuerdo con lo que haces; simplemente repites lo que te inculcaron. Pero cuando eres como la mayoría de nosotros y te encuentras en situaciones en las que no sabes con certeza qué es lo que conviene, te ves en la situación de elegir. Entonces eres libre, porque la libertad no consiste en calcar y repetir lo bueno o lo malo que te inculcaron, sino en elegir lo que haces.

Inventemos el caso de una joven que crece en una familia donde todas las mujeres (su madre, abuela, hermanas, tías) han sido maltratadas o traicionadas por sus hombres (no olvidar que es un caso inventado), y todas resurgen de sus cenizas y se convierten en mujeres fuertes. ¿Es posible que esta chica tenga programaciones inconscientes que la empujen a obrar de determinada manera?, ¿que tienda a ser autosuficiente, celosa, desconfiada, y espere que su hombre se vaya o la maltrate? Te conviertes en lo que crees.
¿Puede salir de su programación y adquirir otra distinta? Sí, pero le costará trabajo.
Primero, deberá darse cuenta (consciencia) de que ella no es su madre, abuela o tías, sino una vida nueva con infinitas posibilidades. Esto la sumergirá en un conflicto con sus creencias inconscientes y estereotipadas de que le toca sufrir el abandono porque todos los hombres son iguales.

Lo anterior suena más fácil de lo que es. La mente posee filtros que atajan las ideas nuevas y dan entrada sólo a aquellas que se ajustan a las conocidas; dolería demasiado reconocer que se ha vivido equivocado. Pero supongamos que la joven amplió su conciencia dándose permiso para explorar opciones nuevas; le viene la culpabilidad de no ser como se ha esperado que sea. Esta culpabilidad es un precio que debe pagar y es muy alto, porque se vive como deslealtad a los seres más queridos, los propios padres. 

Sigamosla a la mujer del ejemplo cuando decide mirar al hombre con respeto, confiar en la libertad de él y en la propia y esperar que la vida le traiga eventos distintos; precisamente por distintos le harán sentir que anda fuera de camino, y estará en lo cierto: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

La libertad exige elecciones constantes y es imposible acertar en todas, pero es la única manera de no vivir como robots programados que repiten los destinos de los que vinieron antes. Y la única posibilidad de tener una sociedad nueva, de personas nuevas.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

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