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lunes, 25 de diciembre de 2017

SE VA EL 2017, LLEGA EL 2018



Hace un año, estábamos en espera del 2017. Cada uno sabe si lo aguardaba con temor o ilusión y ha visto ya que lo que ambicionaba o temía, se le han cumplido, porque creamos lo que creemos. Miedos y fe tienen por igual el poder de convertirse en realidades, porque la mente es artífice de los hechos y de la manera de mirarlos.
2017 está a punto de irse, viene el 2018, que también es un cuaderno limpio para dibujar en él lo que cada uno quiera. El pincel, lápiz, punzón o instrumento necesario para hacer los grabados será, como siempre, el pensamiento. Está dicho que no son los sucesos los que forman nuestra felicidad, sino lo que hacemos con ellos, y esto requiere de pensar, interpretar y reaccionar.
Sabemos que el futuro y la lluvia son siempre buenos, más para la novia en el día que se casa, un aguacero puede arruinar la ceremonia y tal vez signifique un mal presagio; a los niños les entran ganas de salir a mojarse; a los adultos, de correr a guarecerse; el sembrador lo ve como un buen auspicio; el vendedor de paraguas, como prosperidad en el negocio; la mujer que acaba de tender su ropa recién lavada, presiente que repetirá su labor; quienes odian los días nublados, tenderán a deprimirse; los sin techo, buscarán un refugio… y podríamos seguir, pero sólo es lluvia, agua que cae del cielo y no trae escrito su destino, sólo cae. Serán los observadores quienes le confieran significado y reaccionen ante su presencia con emociones, sentimientos, trabajo o inacción.
2018 está por llegar y pide que lo llenemos a nuestra conveniencia. Como la lluvia, tampoco él trae su destino escrito, sólo es la cuenta de un determinado número de vueltas que dará la tierra alrededor del sol, y cuando ya no estemos aquí para verlo, ella continuará su recorrido, creo yo, sin darse cuenta de lo que hace. Somos nosotros, consciencias individualizadas, quienes le conferiremos significado, que puede ser de dicha o desesperanza.
“Todo lo detesto y nada me gusta de manera particular”, dice el que guarda en su mente pensamientos de desprecio y descontento. “Mientras hay vida, hay esperanza”, dice aquel cuya mente anida la fe en que todo es posible, pero hay que hacerlo.
Deseo para todos mis lectores un espléndido 2018 colmado de hermosas experiencias. Este mi deseo es una proclamación de fe en que el ser humano es capaz de lo más sublime y excelso. También de lo horrible y descompuesto, pero no me dirijo a este sector de la mente, porque nada que sea deseable puede surgir de él.
Augurarnos feliz año unos con otros es ya inicio de un mundo mejor, porque estamos enfocando nuestra atención a lo que sí deseamos ver materializado, y en esta temporada lo hacemos de todo corazón. Gracias, fiestas hermosas, que nos empujan a poner la mirada en lo bello, lo sublime y lo posible.
Feliz 2018 para todos.


lunes, 6 de febrero de 2012

PEREGRINACIÓN A SAN JUAN

¿Qué dice la psicología de ir en peregrinación a San Juan? Oigo a parientes y conocidos hablar de las penalidades que pasan en el camino y yo les pregunto: ¿para qué van? Unos contestan que por tradición o para acompañar a alguien que prometió una manda, y otros que por fe, pero qué dice la ciencia de esta costumbre.
RESPUESTA
No tengo conocimiento de algún estudio específico sobre la peregrinación a San Juan, así que recurriré a conceptos más generales.
La ciencia no estudia el espíritu, sólo el fenómeno religioso. Las investigaciones antropológicas señalan que en todos los tiempos y lugares han existido las religiones, y distinguen entre los actos públicos de culto y la experiencia privada y subjetiva de tener un encuentro con la divinidad. Desde este punto de vista, ir a San Juan es una práctica de culto público, en la que los individuos no necesariamente establecen lazos de unión con otros individuos como tales, sino con su clan; es decir, con una comunidad o grupo al que pertenecen. ¿Cuál? El grupo de los creyentes, o sea, de los que consideran loable realizar un esfuerzo casi sobre humano para llegar a su meta: el santuario de la Virgen. Este grupo puede abarcar a los ancestros que creyeron lo mismo.
Cada una de las personas que participan en dicho acto de culto público vive una experiencia subjetiva y particular, y sería imposible describirlas todas. Para unos, quizá, consista en poder decir: “¡Lo hice, aguanté!”, o: “Demostré amor a mi hijo (pareja, amigo, conocido) al no dejarlo ir solo”, “comprobé que todavía hay gente que tiene fe, o que profesa amor a su prójimo y desinteresadamente regala cosas como agua, alimentos, etc., a los peregrinos”, “pagué una deuda que tenía por un favor que recibí”, “el recorrido fue para mí una metáfora de vencer las dificultades en el camino de la vida”, “le recé a la Virgen en su santuario con mucha devoción”, “tuve una experiencia mística”, y tantas más posibles.
La subjetividad está siempre presente en toda actividad humana, también en la experiencia religiosa. El participar en una peregrinación podría permitir a la persona conocer cuál es su idea de la divinidad. Podríamos decir que, aun refiriéndose a un Dios único, existen tantos dioses como personas, porque cada cabeza es un mundo, y ninguno de estos mundos es idéntico a otro. Así que, observando las conductas, podemos saber un poco de cómo ese mundo subjetivo percibe a Dios y dónde vive. Van varios ejemplos:
Respecto a la manera de dirigirse a Él, algunos lo buscan como:
A un padre: Dame lo que necesito. Me porté mal, no me castigues. Le pido a la Virgen, porque tú eres más duro que Ella.
A un hijo: Haz esto, o dejaré de tener fe en Ti. Todo lo has hecho mal, corrige tus obras.
A un esposo o pareja: Te amo con todas mis fuerzas, tómame y entrégate a mí.
A un comerciante: Te ofrezco tal o cual a cambio de un milagro.
A un cómplice: Véngate de mis enemigos.
A un extraño: Vives en tu cielo y no te importo. Hay gente que cree en Ti, yo no soy de esos.
A un enemigo: Sé que puedes fregarme y mandarme al infierno.
A un misterio desconocido: Jamás lograré entender tus designios.
En cuanto a dónde vive, están los que al invocar a Dios miran hacia arriba, los que vuelven los ojos hacia sí mismos, y los que se ponen en marcha hacia alguna parte.
Debo terminar. El tema da para mucho más de lo hasta aquí descrito.