¿Por qué en Constelaciones Familiares se obliga a los
consultantes a inclinarse o arrodillarse ante sus padres para honrarlos, aun si
éstos no lo merecen?
RESPUESTA
En Constelaciones Familiares no se obliga, se pide “¿puedes
honrar esto?”, porque la teoría que las sustenta postula que la persona es
libre y ejerce su libertad en la medida que puede y quiere hacerlo. Sin
embargo, existen circunstancias que pueden obstruir dicha libertad (nunca
anularla), tales como inmiscuirse en cargar con méritos, culpas y
responsabilidades ajenas.
En el diccionario, la palabra “honrar” significa respetar
a alguien, enaltecerlo, premiar su mérito, o como fórmula de cortesía: “nos
honra con su presencia”. En Constelaciones Familiares “honrar” tiene todos los
significados anteriores y otros más, de acuerdo con sus contextos.
La honra se expresa con palabras o con rituales como
inclinar la cabeza, el tronco o todo el cuerpo y se dirige a los padres, a una
situación específica, al destino y a muchas cosas más.
Honrar
a los padres es lo más común. Significa que se les respeta
igual que a los demás seres humanos y que se les honra de una manera especial
por el hecho de haber engendrado y permitido nacer al hijo; pudieron haberse
negado. En este sentido la honra vuelve al hijo, puesto que al inclinar la
cabeza está considerando a su propia persona como valiosa en sí misma y fuente
de enaltecimiento para sus padres, quienes al traerlo al mundo hicieron una obra
magnífica.
Honrar también significa mirar, tener presente, dar un
espacio a algo en la propia vida y el propio corazón. Podría traducirse en
palabras como “veo que así es”. Este tipo de reverencia puede ir dirigida a toda
clase de cosas agradables y desagradables: padres famosos y con méritos, o con
alcoholismo, perfidia, traición, abandono, injusticia, abuso… Esta honra ubica
al hijo en su propia vida, no en la de los padres: él es quien mira, se da
cuenta y no niega lo que ve, pero tampoco lo carga como suyo. A veces se agrega
otra frase: “Lo dejo contigo”.
La culpa asumida no siempre es fácil de soltar; la
lealtad inconsciente (amor) del hijo hacia el padre, la madre, abuelos u otros
ancestros hace que éste se sienta culpable junto con el que cometió el error,
como si también hubiera estado presente y colaborando. En la constelación, suele
sentir necesidad de honrar profundamente y echarse de bruces en el piso, aunque
no se le indique. Es frecuente en hijos o nietos de estafadores, presidiarios,
asesinos, incestuosos, suicidas, etc., porque al hacer juicios, el hijo se inmiscuye
en vidas que no son la suya, toma sobre sus espaldas responsabilidades ajenas y
las expía como propias.
En Constelaciones Familiares nunca se juzga, puesto que
no se buscan culpables sino lo esencial; esto es, el vínculo que permite fluir
la corriente de la vida o amor primordial de unos a otros y los mantiene como
familia o como grupo.
También es frecuente honrar
al destino, entendido como aquello que es dado a la persona sin mérito ni
culpa de parte de ella, y tampoco puede hacer nada para cambiarlo, aumentarlo o
disminuirlo. Ejemplos de destino serían el sistema familiar donde se nace, la
fecha de nacimiento, el sexo, el lugar en familia, el número de hermanos, los
talentos personales, la ciudad, la nación, la raza, el estrato sociocultural,
el idioma, la historia familiar y nacional, las implicaciones y más cosas,
todas involuntarias.
Cuando se pide honrar al destino propio o de otra persona,
la reverencia significa que se acepta conscientemente lo que esa persona es y ha
vivido, y se abandona la pretensión de ignorar, disimular, variar, rechazar,
quejarse, sentirse víctima o de alguna manera menos o más humana que el resto
de los humanos. El destino es como es y con él se debe vivir. La ilusión de que
el destino podría haber sido distinto es sólo eso, ilusión, puesto que se
refiere a hechos consumados que siguen influyendo en el presente y en un futuro
que aún no sucede, y es libre.
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