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lunes, 5 de febrero de 2018

HONRAR EN CONSTELACIONES FAMILIARES



¿Por qué en Constelaciones Familiares se obliga a los consultantes a inclinarse o arrodillarse ante sus padres para honrarlos, aun si éstos no lo merecen?

RESPUESTA

En Constelaciones Familiares no se obliga, se pide “¿puedes honrar esto?”, porque la teoría que las sustenta postula que la persona es libre y ejerce su libertad en la medida que puede y quiere hacerlo. Sin embargo, existen circunstancias que pueden obstruir dicha libertad (nunca anularla), tales como inmiscuirse en cargar con méritos, culpas y responsabilidades ajenas. 

En el diccionario, la palabra “honrar” significa respetar a alguien, enaltecerlo, premiar su mérito, o como fórmula de cortesía: “nos honra con su presencia”. En Constelaciones Familiares “honrar” tiene todos los significados anteriores y otros más, de acuerdo con sus contextos. 

La honra se expresa con palabras o con rituales como inclinar la cabeza, el tronco o todo el cuerpo y se dirige a los padres, a una situación específica, al destino y a muchas cosas más.

Honrar a los padres es lo más común. Significa que se les respeta igual que a los demás seres humanos y que se les honra de una manera especial por el hecho de haber engendrado y permitido nacer al hijo; pudieron haberse negado. En este sentido la honra vuelve al hijo, puesto que al inclinar la cabeza está considerando a su propia persona como valiosa en sí misma y fuente de enaltecimiento para sus padres, quienes al traerlo al mundo hicieron una obra magnífica.

Honrar también significa mirar, tener presente, dar un espacio a algo en la propia vida y el propio corazón. Podría traducirse en palabras como “veo que así es”. Este tipo de reverencia puede ir dirigida a toda clase de cosas agradables y desagradables: padres famosos y con méritos, o con alcoholismo, perfidia, traición, abandono, injusticia, abuso… Esta honra ubica al hijo en su propia vida, no en la de los padres: él es quien mira, se da cuenta y no niega lo que ve, pero tampoco lo carga como suyo. A veces se agrega otra frase: “Lo dejo contigo”.

La culpa asumida no siempre es fácil de soltar; la lealtad inconsciente (amor) del hijo hacia el padre, la madre, abuelos u otros ancestros hace que éste se sienta culpable junto con el que cometió el error, como si también hubiera estado presente y colaborando. En la constelación, suele sentir necesidad de honrar profundamente y echarse de bruces en el piso, aunque no se le indique. Es frecuente en hijos o nietos de estafadores, presidiarios, asesinos, incestuosos, suicidas, etc., porque al hacer juicios, el hijo se inmiscuye en vidas que no son la suya, toma sobre sus espaldas responsabilidades ajenas y las expía como propias. 

En Constelaciones Familiares nunca se juzga, puesto que no se buscan culpables sino lo esencial; esto es, el vínculo que permite fluir la corriente de la vida o amor primordial de unos a otros y los mantiene como familia o como grupo.

También es frecuente honrar al destino, entendido como aquello que es dado a la persona sin mérito ni culpa de parte de ella, y tampoco puede hacer nada para cambiarlo, aumentarlo o disminuirlo. Ejemplos de destino serían el sistema familiar donde se nace, la fecha de nacimiento, el sexo, el lugar en familia, el número de hermanos, los talentos personales, la ciudad, la nación, la raza, el estrato sociocultural, el idioma, la historia familiar y nacional, las implicaciones y más cosas, todas involuntarias.

Cuando se pide honrar al destino propio o de otra persona, la reverencia significa que se acepta conscientemente lo que esa persona es y ha vivido, y se abandona la pretensión de ignorar, disimular, variar, rechazar, quejarse, sentirse víctima o de alguna manera menos o más humana que el resto de los humanos. El destino es como es y con él se debe vivir. La ilusión de que el destino podría haber sido distinto es sólo eso, ilusión, puesto que se refiere a hechos consumados que siguen influyendo en el presente y en un futuro que aún no sucede, y es libre. 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez


domingo, 26 de julio de 2015

ESPIRITISMO VS. CONSTELACIONES FAMILIARES



¿Qué tan cierto es que en las Constelaciones Familiares se practica el espiritismo y se invoca a los muertos?
RESPUESTA
Falso, rotundamente falso.  Una versión así debe provenir de alguien que nunca ha estado en una Constelación o si estuvo, se le escapó la esencia de lo que ahí sucede.
En una sesión espiritista, una persona llamada “médium”, un consultante y otras personas, forman un círculo para entre todas llamar a un ser querido difunto, quien supuestamente se hace presente mediante ruidos, luces, movimientos, cambios en la voz del médium… Entonces, el interesado en llamar a ese ser le hace preguntas, que éste “responde”. Tal o similar es la creencia de quienes practican el espiritismo.
En una Constelación Familiar no se llama a los muertos. Se trata de mirar las dinámicas de relación existentes dentro de un grupo, las cuales generalmente van asociadas con imágenes mentales que el consultante tiene dentro de su mente, relativas a sí mismo y a los miembros de su familia, vivos o muertos. Entonces se utilizan personas o figuras para representar dichas imágenes y ver cómo interactúan entre ellas. Subrayo la palabra “imágenes”.
Una imagen no es la cosa en sí. Cuando me miro en el espejo y veo mi imagen, puedo tener información acerca de mí, pero no significa que ahora existen dos “yo” ni que pararme junto a una superficie reflejante sea una invocación a mi alma, espíritu o como quiera llamarlo. Igual, si le pido a alguien que me represente en una constelación, es para que yo pueda permanecer sentada mirando lo que ese alguien me muestra de mí. Y si representa a algún miembro de mi familia; puedo observar con toda claridad si tengo armonía con esa persona o “no la puedo ver”.
De la misma manera que Freud consideró que los recuerdos reprimidos ocasionan enfermedades, dentro de la teoría de Constelaciones Familiares se afirma que la exclusión de un miembro de la familia, por justificada que parezca (personalidad repulsiva, crímenes, cárcel, adicciones, ofensas graves a la unidad familiar, etc., etc.) ocasiona enfermedades físicas y mentales en los demás miembros, especialmente en los más jóvenes. Entonces, se pregunta al consultante si en su familia hay excluidos y en caso afirmativo, se asigna un representante para el ausente, se le coloca en el lugar que es el suyo, se le reconoce y devuelve su responsabilidad, luego, se da tiempo y apoyo para que el alma del consultante pueda reconciliarse con los hechos, por dolorosos que hayan sido, y los deje en la persona, tiempo y lugar les corresponde; opuesto a llevar cargando responsabilidades que no le tocan (como cuando un hijo “debe” vengar la muerte de su padre o abuelo, o un hermano “debe” sustituir a un hermano muerto, etc.).
¿Y qué pasa si dicho pariente ya murió? Se le honra como miembro de la familia inclinándose ante el representante, de manera que el alma del consultante comprenda que eso no es suyo y quede libre de mandatos, odios, resentimientos e injusticias que se hayan cometido en su sistema familiar. Así, podrá vivir su propia vida, sin cargas del pasado. He descrito uno de los muchos casos en que se usa un representante para un muerto. Queda claro que es muy distinto recordarlo y honrarlo, que supuestamente obligarlo a venir para que toque campanitas o apague velas.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

lunes, 1 de septiembre de 2014

HONRAR A LOS HOMBRES


Es frecuente que el hijo o la hija tengan relaciones conflictivas con su madre, y peores aún con su padre. Dentro de nuestra cultura, honrar al padre es más bien la excepción que la regla. Si a un hijo de cualquier edad, que durante su vida ha ido acumulando resentimientos y sensaciones de haber sido tratado injustamente por su progenitor, se le dice: “Debes honrarlo”, es como estar hablándole en chino, probablemente conteste: “¿Después de todo lo que ha hecho?, ¿siendo él como es, un egoísta, irresponsable, etc., etc., etc.?”.

Todo cuanto vivimos influye en nuestros pensamientos y sentimientos. También lo que vivieron nuestros padres, y los padres de ellos, y los padres de ellos, y… Realmente se nos dificulta honrar acciones y maneras de ser que nos han dolido, o les han dolido a ellos. Estamos tan involucrados en los acontecimientos de la familia, que nos es casi imposible distinguir nuestros sentimientos de los de nuestros padres, y nuestra responsabilidad de la suya. En una familia donde los varones han sido abusivos o irrespetuosos, los hijos e hijas y nietos y nietas estarán predispuestos a despreciar lo masculino y esperar lo peor de todos los hombres, aunque ellos mismos lo sean, y los escuchamos decir: “Los hombres somos %&$#& (significa cosas malas)”. Y a ellas: “Los hombres son  %&$#&”. ¿Tienen la culpa de pensar y sentir así? No, sólo se han solidarizado con el pensar y el sentir familiar, por amor a la familia, por “ponerse la camiseta y pertenecer”, ¡pero cuánta desdicha les puede ocasionar!  

Estos hijos e hijas y nietos y nietas, más tarde, cuando mayores, se comportarán con sus hijos de modo similar, salvo que en el intermedio suceda algo que los libere de sus “programaciones” familiares. Y no es suficiente que el hijo diga: “¡Juro que yo no seré igual!”; a los cuarenta o cincuenta y más años solemos descubrir que, en mucho, sin saber cómo ni por qué, estamos repitiendo el guión de nuestros padres o abuelos, en masculino o en femenino.  

Una verdadera liberación no ocurre en la cabeza, sino en el corazón, es decir, en el terreno de lo irracional, que casi siempre nos deja perplejos. Para que suceda, según se ve en Constelaciones Familiares, tenemos que ser capaces de llegar hasta el punto previo a donde se perdió el amor, cuando éramos capaces de decir  “yo soy tu hijo” o “yo soy tu hija” sin que nos doliera, y de lo ocurrido después, separar nuestra responsabilidad de la de nuestro padre, nuestros sentimientos de los él y de los de mamá, nuestra vida de la de ellos, y con ese amor original que todo hijo tiene por su padre, devolverle lo que es suyo: el mérito o la culpa, la vergüenza y la responsabilidad. Así quedamos libres de aquello que no es nuestro y que tomamos por solidaridad. A veces se utiliza una frase como ésta: “Querido papá, te honro como padre y como hombre, y en ti honro a todos los hombres”. Si se trata de un hijo varón, puede añadir “incluyéndome a mí”, puesto que también es hombre.

En una Constelación Familiar, el representante de un padre que se fue, o de un marido del que no se sabe más nada, suele quedar en el lugar que debió haber ocupado. ¿Significa esto que el consultante debe localizar al padre o al marido ausentes y traerlos a casa? No. Significa que  toma en su corazón las cosas tal como sucedieron, sin negar nada, tampoco el dolor de la pérdida, y con ello, vuelve a sintonizar con el amor; puede amarse a sí mismo con todo y haber vivido determinadas experiencias. Ya no necesitará pensar que debe ser  %&$#& por ser hombre, y si es mujer, ya no necesitará buscar a hombres que sean  %&$#& a los cuales despreciar, hacer que se vayan y luego llorarlos. ¿Suena fácil? No lo es, pero cuando se da, funciona.

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martes, 15 de octubre de 2013

EQUILIBRIO ENTRE EL DAR Y EL TOMAR


Me siento afortunada porque desde hace un año soy novia de un hombre que tiene casi cuatro años divorciado. Él es noble, generoso, entregado, confiable, inteligente y, lo más importante, me ama. Como mujer, yo dejo que él caballerosamente pague todo lo que implica nuestras salidas cotidianas; pero, en cuestiones extraordinarias, como viajes, yo propuse solventar los gastos por partes iguales.  E igual sería si llegáramos a formalizar lo nuestro; no me parece justo ni digno de mí, como profesionista que trabaja, “recargarse” en el hombre que ama, especialmente cuando él tiene un compromiso con dos hijos menores a quienes les solventa todos sus gastos. No tengo problema con eso, por el contrario, el  hecho de que sea un padre responsable y amoroso es una de las cosas que más admiro en él. Sin embargo, creo que su ex mujer abusa cargándole desde el regalo de Navidad para las maestras hasta los gastos de los niños cuando ella va a visitar a su novio al norte del país. Yo no he tocado el tema todavía porque no sé qué debo hacer.  Lo más importante para mí es respetarlo como padre y no ser injusta con él…pero ¡tampoco quiero serlo conmigo!   Me siento confundida.    A veces pienso que no debo meterme, ya que es su dinero y son sus hijos; otras veces, quiero plantear que si él no involucra a su ex esposa, quien también es profesionista que trabaja, con los gastos de quienes también son sus hijos,  no está creando un ambiente justo en el que pueda tener en el futuro una relación sana con otra pareja.

RESPUESTA

Tienes muy claro que deseas amar y respetar a tu novio tal como es: un hombre con un compromiso previo hacia sus dos hijos. Lo admiras por responsable. También crees que su ex mujer abusa de él. No sabes si debes intervenir en esa parte de su relación con su primera familia que piensas te afecta, en el sentido de que a él le quede poco espacio económico disponible para ti. ¿Voy bien? Y temes que por comprensiva puedes pasar a ser injusta contigo.

Al parecer estás consciente de que un hombre o una mujer divorciados tienen ya ocupada buena parte de su corazón y sus recursos, y ofrecen a la segunda pareja mucho menos de lo que en su momento pudieron ofrecer a la primera, cuando estaban libres de compromisos previos. Y que esta segunda pareja debe honrar y respetar a la primera y todo lo sucedido y por suceder entre ellos, bueno y malo, para tener éxito en su relación, porque si se lo apropia y lo carga, sufre de una inútil ocupación de su fuerza. Es un gran reto y una oportunidad para trascender tus propios límites, reto para el que estás disponible: mirar a tu novio como adulto capaz de enfrentar sus propias broncas.

Adquirir un compromiso en estas condiciones conlleva una carga adicional para ambos. En cuanto al tiempo y lo económico, tú quedas en situación de dar más de lo que él puede dar; y él, en la de tener que inventar maneras de compensarte. Respecto a experiencias del desarrollo, él ha tenido más y más variadas: ya estuvo casado, tenido hijos y vivido una separación; tú no. ¿Es riqueza para compartir contigo? Depende del cristal con que lo mires; puedes sentir que sí, o que no.

¿Es importante el equilibrio entre dar y tomar? Mucho. En cualquier relación, salvo en la de padres a hijos, cuando uno da de más y el otro recibe de más, el receptor debe irse; las “deudas” afectivas lo abruman, no puede “pagarlas” y huye, en busca de una situación dónde sentirse menos presionado. ¿Qué lo presiona? Primero, la sensación personal de no poder estirarse hasta donde lo que da sea suficiente para compensar lo que recibe; luego, que el otro le esté cobrando, abierta o tácitamente, con palabras o con su insatisfacción. Algunos encuentran otra “solución”; el receptor se ubica como “el hijo”, así se comporta, y el “dador” como madre: lo provee, educa, corrige, advierte, protege, gobierna, etc.

Quién sabe si ustedes estén dispuestos a tratar abiertamente este asunto del equilibrio y llegar a negociaciones. Ahora, y muchas veces en el futuro.