Mis hijos ninguno son “nini” (que ni trabajan ni
estudian) pero no se han casado y el más chico tiene 27 años. A veces digo que yo
ya quiero que vuelen y hagan su vida, y mi esposo dice que si lo hacen voy a
llorar y extrañarlos. Tiene razón, pero yo quisiera vivir la experiencia de ser
abuela. A veces salimos a comer en familia y pienso: “Vamos los tres grandotes adelante
y los viejillos atrás, como cuando eran niños”. Algo no va bien, no sé qué.
OPINIÓN
Hay hijos que tarde se les hace salir de casa, huyendo,
casándose o como sea. Los tuyos están muy a gusto y no quieren irse. Cualquiera
diría que es una situación ideal, pero tú sientes que algo no va bien.
Para comenzar, pueden felicitarse tú y tu esposo por
haber logrado que su casa haya sido un hogar para todos sus miembros. Esa es la
parte positiva. La otra, que los hijos por algún motivo estén postergando la
toma de obligaciones, satisfacción y problemas de la edad adulta, merece ser
mirado con detenimiento.
El caso de tus hijos no es raro, se está dando cada vez
con mayor frecuencia que los jóvenes no quieran casarse, y los ya casados se
divorcien. En internet leí un dato que no sé qué tan confiable sea: muchos
jóvenes japoneses no incluyen en sus planes tener pareja, ni siquiera
ocasional, y prefieren dedicarse al trabajo y la profesión. Parece una moda o
un movimiento social que entre nosotros aún no llega a ese extremo.
Bert Hellinger, fundador de Constelaciones Familiares, dice
que cualquiera puede encontrar pareja, pero lo distingue a “encontrar a un
hombre o una mujer que se quede conmigo”, y agrega que a veces este asunto se
relaciona con la historia familiar antigua.
Cristina LLaguno, en su libro “Constelar para sanar”,
describe el caso de una mujer joven que no podía conservar a sus parejas. En la
constelación se vio que la bisabuela murió de parto. La abuela tuvo a su
primera hija a los 15 años, todavía sin recursos suficientes para dar a su hija
lo que ella no pudo recibir de la suya, luego fue madre de esta mujer joven.
Entre ellas no había una relación dramática, pero tampoco cercana. Hechos como
estos no suelen salir en una psicoterapia tradicional; en cambio, en
Constelaciones, el consultante vive el dolor de las mujeres de su familia, así
como la imposibilidad que tuvieron para transmitir a sus hijas el permiso de
tener relaciones satisfactorias con un hombre, y obtiene para sí el permiso de
vivir de otra manera, dejando de repetir destinos de los que no tiene la culpa.
El ejemplo que estoy poniendo no necesariamente se
vincula con lo de tu familia. Es imposible detectar qué es lo que pasa con tus
hijos, habría que mirarlo. Mi recomendación es que hagas una Constelación
Familiar para ti.
Como madre, desempeñas un papel fundamental dentro de la
familia. La comprensión que logres de
las dinámicas internas los beneficiará a todos, a ti y a los demás, porque tu
posición clave y estratégica te permite reparar vías, soltar nudos y confirmar
permisos para que la vida fluya con toda libertad.
Hacer una Constelación de ninguna manera quiere decir que
podemos torcer un destino u obligar a personas a que hagan lo que no quieren
hacer. No. El constelador acompaña al consultante para que éste mire por sí
mismo qué sucede dentro de su grupo familiar, honre lo que debe ser honrado,
incluya lo que debe ser incluido y devuelva a cada dueño lo que le pertenece, de
manera que queden libres de cargas que no son suyas y puedan tomar la vida tal
como viene.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
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