El bullying –en
español acoso- es un comportamiento
agresivo encaminado a debilitar y hacer daño a un semejante, de modo que éste
pierda su poder y se doblegue ante las exigencias del acosador.
El bullyng es
tan antiguo como los seres humanos pero no tenía este nombre tan específico, ni
era objeto de estudio. Se le consideraba algo quizás normal o más bien relativo
a la propia suerte: Mal haya quien nace
yunque, en vez de nacer martillo, dice una frase de la ópera La Vida Breve.
O sea, que unos nacen para recibir golpes y otros para golpear.
Puede verse que en el bullying
subyace una visión de la humanidad de dominador-dominado, superior-inferior,
nunca de igualdad y cooperación. Sentir al otro tan humano como yo, tan inmerso
en luchas y retos como lo estoy yo, impide humillarlo, sentirlo inferior,
despreciarlo, o someterlo a tortura con mis palabras y acciones.
El uso de la palabra bullying
nos ha hecho conscientes de que el maltrato sistemático existe, y en él
participan tres protagonistas igualmente importantes: un acosador, un acosado y
un espectador que no hace nada. Ver, oír
y callar es la ley que se necesita para que la agresión prospere y se
repita.
Generalmente, el silencio es interpretado como
aprobación, aunque no lo sea: A él le
gusta que le peguen, si no, gritaría. Son bromas y las disfruta, están jugando.
A todos les cae mal, por eso nadie lo defiende...
En ocasiones, el espectador sí aplaude el bullying, como cuando se ríe y utiliza
los apodos chuscos que denotan cierto ingenio. El ingenio, como cualquier otra
característica positiva, también puede ser utilizado de manera destructiva. En
programas y espectáculos cómicos, la gente se carcajea con las burlas y frases
discriminativas dichas contra las suegras, las mujeres, los homosexuales, las
minorías raciales o alguna otra característica que haga sentirse al que ríe
como distinto o superior.
El bullying se
completa cuando el acosado pierde su poder y se doblega ante las exigencias del
acosador. Ha perdido la batalla, se derrota y percibe como víctima indefensa;
deja de luchar. En ocasiones introyecta la agresión como algo justo y
verdadero, que tiene una razón de ser, que lo identifica: Yo tengo la culpa, soy distinto. Me lo merezco. Así nací…
Existe un bullying muy
frecuente, tan común que apenas si se percibe y hasta donde sé no se ha
estudiado, que se hace contra padres de familia, a veces de parte de la pareja,
a veces de los hijos, u otros participantes que no contemplaré. El acosador es el
sujeto que se siente bueno y superior, con derecho de juzgar y castigar al
acosado, frente a unos espectadores que, o no hacen nada o aprueban la
agresión. No verás más a tus hijos por lo
que has hecho. Ni menciones a tu madre, no lo merece. Mi mamá está loca. Mis
papás son raritos. Mamá, papá, por su culpa me ha ido mal y soy como soy…
Lo triste es que este
bullying suele completarse cuando el acosado (en este caso los padres) se
convence de que el acosador tiene razón y abandona todo esfuerzo por
restablecer una armonía que podría existir, aun en la distancia. Nadie sale
ganando.
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