lunes, 21 de mayo de 2018

BULLYING


El bullying –en español acoso- es un comportamiento agresivo encaminado a debilitar y hacer daño a un semejante, de modo que éste pierda su poder y se doblegue ante las exigencias del acosador.

El bullyng es tan antiguo como los seres humanos pero no tenía este nombre tan específico, ni era objeto de estudio. Se le consideraba algo quizás normal o más bien relativo a la propia suerte: Mal haya quien nace yunque, en vez de nacer martillo, dice una frase de la ópera La Vida Breve. O sea, que unos nacen para recibir golpes y otros para golpear. 

Puede verse que en el bullying subyace una visión de la humanidad de dominador-dominado, superior-inferior, nunca de igualdad y cooperación. Sentir al otro tan humano como yo, tan inmerso en luchas y retos como lo estoy yo, impide humillarlo, sentirlo inferior, despreciarlo, o someterlo a tortura con mis palabras y acciones.

El uso de la palabra bullying nos ha hecho conscientes de que el maltrato sistemático existe, y en él participan tres protagonistas igualmente importantes: un acosador, un acosado y un espectador que no hace nada. Ver, oír y callar es la ley que se necesita para que la agresión prospere y se repita. 

Generalmente, el silencio es interpretado como aprobación, aunque no lo sea: A él le gusta que le peguen, si no, gritaría. Son bromas y las disfruta, están jugando. A todos les cae mal, por eso nadie lo defiende...

En ocasiones, el espectador sí aplaude el bullying, como cuando se ríe y utiliza los apodos chuscos que denotan cierto ingenio. El ingenio, como cualquier otra característica positiva, también puede ser utilizado de manera destructiva. En programas y espectáculos cómicos, la gente se carcajea con las burlas y frases discriminativas dichas contra las suegras, las mujeres, los homosexuales, las minorías raciales o alguna otra característica que haga sentirse al que ríe como distinto o superior. 

El bullying se completa cuando el acosado pierde su poder y se doblega ante las exigencias del acosador. Ha perdido la batalla, se derrota y percibe como víctima indefensa; deja de luchar. En ocasiones introyecta la agresión como algo justo y verdadero, que tiene una razón de ser, que lo identifica: Yo tengo la culpa, soy distinto. Me lo merezco. Así nací…

Existe un bullying muy frecuente, tan común que apenas si se percibe y hasta donde sé no se ha estudiado, que se hace contra padres de familia, a veces de parte de la pareja, a veces de los hijos, u otros participantes que no contemplaré. El acosador es el sujeto que se siente bueno y superior, con derecho de juzgar y castigar al acosado, frente a unos espectadores que, o no hacen nada o aprueban la agresión. No verás más a tus hijos por lo que has hecho. Ni menciones a tu madre, no lo merece. Mi mamá está loca. Mis papás son raritos. Mamá, papá, por su culpa me ha ido mal y soy como soy… 

Lo triste es que este bullying suele completarse cuando el acosado (en este caso los padres) se convence de que el acosador tiene razón y abandona todo esfuerzo por restablecer una armonía que podría existir, aun en la distancia. Nadie sale ganando. 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

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