¿Crees en el amor a primera vista? Dos se miran y quedan
fascinados, posiblemente se digan te amo
y tal vez hasta que la muerte nos separe.
Hellinger, el creador de Constelaciones Familiares, dice
que el amor a primera vista dura poco porque es un amor sin mirada, pues no miramos
realmente al otro, sino que nuestra atención está puesta en una imagen
inventada que atribuye al ser amado una serie de características que
probablemente no posee. Nuestro anhelo de encontrar a alguien así nos mueve a
alimentar la ilusión de que sí es como imaginamos.
Pasa el tiempo. Quizá la pareja se una o tal vez se case.
La cercanía y las circunstancias la obligan a descubrir que no encuentran en el
otro todo lo que esperaban. El dolor de ver romperse las propias ilusiones es
muy grande. Sufrimos. Entonces, la vida nos plantea un reto: amar a una persona
de carne y hueso.
Las personas de carne y hueso suelen ajustarse poco a
nuestros ideales; tienen vida propia. El amor a primera vista fue sólo un
empujón, un motor de arranque para la aventura de descubrir al otro. Luego sigue
el camino juntos, de intercambio constante, en el que cada uno da lo que es. No
puede dar más que eso; lo que exceda es fingimiento, como cuando las parejas
realizan enormes esfuerzos para ajustarse a las expectativas del amado, por
temor a desilusionarlo. Este esfuerzo continuado cansa y tarde o temprano cesa,
como se quema un atleta por demasiada
exigencia.
También duele romper la ilusión de que se tiene capacidad
de ser distinto, por amor al amado. Te he
dado todo y ya no puedo más, se oye decir, y es verdad: damos lo que somos
y eso es lo único que podemos dar.
¿Qué somos? Dice Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias. Digamos que somos una historia de experiencias
y de interpretaciones de las mismas.
Cuando nos encontramos a una persona y la amamos, le
entregamos nuestra historia, nuestro corazón, nuestros contenidos mentales de
creencias y sentimientos, y también nuestras expectativas. La otra persona las
recibe y puede ser que le gusten o que le desagraden, o que sea incapaz de tomarnos.
Esto ocasiona nuevos sentimientos, pero así es; cada uno puede recibir sólo
aquello para lo que tiene capacidad.
Entonces se da o no se da lo que Hellinger llama amor a segunda vista. Ahora sí, mirar al
otro y más allá de él, a su familia y su historia. En este amor, la mujer le
dice al hombre y éste a la mujer: Te amo
a ti y amo aquello que nos guía a ti y a mí.
¿Qué es esto que guía? Un poder más grande que cada uno,
incluso más grande que los dos juntos y que los ha puesto en contacto para que
realicen algo que tal vez no lleguen a comprender. Puede ser que estén
destinados a caminar juntos hasta que la muerte los separe, o que en algún
trecho del camino alguno de los dos se siente y no pueda andar más. Sin
embargo, lo vivido jamás perderá su valor.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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