lunes, 1 de octubre de 2018

ODIO DE SÍ MISMO


Leí en Internet un mensaje sobre el odio de sí mismo, decía que según el psicólogo Carl Rogers la mayoría de la gente se desprecia a sí misma, se considera inútil y poco digna de ser querida. ¿Eso es odio de sí mismo? ¿No es inseguridad?

OPINIÓN

Las palabras no siempre son utilizadas de la mejor manera. Aun cuando lo son, pueden significar cosas muy distintas para quienes las leen o las escuchan, debido a que todo mensaje que recibimos se “combina” y “compara” con la casi infinita cantidad de información que cada uno de nosotros posee en su interior. El resultado es que la misma palabra no evoca la misma idea en todas las personas. Te pondré un ejemplo.

Para mí, “odiar” es desear un mal para la persona odiada, tal vez hacer algo específico para que se cumpla en ella mi deseo. En cambio, “amar” es desear un bien a la persona amada y tal vez hacer algo para que se le cumpla mi deseo. 

Si piensas en lo que significan para ti estas mismas palabras, encontrarás diferencias y también coincidencias.

Al momento de expresarme, no puedo menos que utilizar las palabras como yo las entiendo. Por lo tanto, para mí, una persona que se odiara a sí misma debería desearse algún mal y hacer cosas para que dicho mal le suceda. Y una que se ama a sí misma se desea cosas buenas y hace algo para que le sucedan.

Yo pienso que, al natural, antes de ser contaminadas,  las personas nos amamos mucho cada una a sí misma y nos deseamos bienes, no males. Cada cual ambiciona para sí lo que considera mejor: seguir viva, tener salud, riqueza, amor, amigos, diversiones, etc., y de acuerdo con mi definición, eso es amor y es muy fuerte. Rara vez se extingue. 

Pero puede llegarnos la contaminación. La imagen que nos formamos de nosotros mismos es configurada por nuestros padres, maestros, compañeros, películas, textos... Todos nos dan sus opiniones y éstas dejan resonancia en nuestro interior. Si son positivas, qué bueno; pero si son despectivas o de juicio, qué malo, porque podemos interiorizarlas y creer que son pensamientos nuestros. No lo son. Dichas opiniones expresan lo que otros pueden pensar de nosotros, de acuerdo con el filtro que utilizan para mirarnos; es decir, las construcciones mentales y los hábitos de percepción que acostumbran. 

De acuerdo con lo anterior, un “eres odioso” puede transformarse en “soy odioso”;  “eres un egoísta que todo lo quieres para ti”, convertirse en “soy muy egoísta y es malo que yo quiera cosas buenas para mí”;  “te falta criterio”, podemos traducirlo en “no tengo criterio para juzgar, necesito que alguien me diga lo que está bien o mal”, y así en todas nuestras interacciones. Si esto sucede, entonces el dicho “ver es creer” debería ser al revés, “creer es ver”, porque primero creemos algo y luego “confirmamos” su existencia.

Sin embargo, por contaminados que estemos y acostumbrados a pensar mal de nosotros mismos, eso no forzosamente significa que hemos dejado de desear las cosas buenas. Seguimos queriéndolas. Es decir, nos seguimos amando, sólo no sabemos cómo conseguir lo que anhelamos. 

El que la gente se desprecie a sí misma, se considere inútil y poco digna de ser querida, en mi opinión está más relacionado con las creencias que la persona se ha formado acerca de cómo es ella, y no con un auténtico deseo de que le ocurra algo malo. Pero sí hay expresiones que a veces consideramos triviales como: “ojalá me muriera”, “trágame tierra” “quisiera no haber nacido”, “odio mis piernas flacas”, etc., que son chispazos de odio, generalmente inconsciente. Es triste escuchar que alguien las dice. Quizá, si la persona pone atención es sus palabras, de inmediato las corrige y piensa: “No es cierto, yo quiero para mí cosas buenas y que mis piernas  sigan funcionándome bien”. 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com



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