Leí en Internet un mensaje sobre el odio de sí mismo,
decía que según el psicólogo Carl Rogers la mayoría de la gente se desprecia a
sí misma, se considera inútil y poco digna de ser querida. ¿Eso es odio de sí
mismo? ¿No es inseguridad?
OPINIÓN
Las palabras no siempre son utilizadas de la mejor manera.
Aun cuando lo son, pueden significar cosas muy distintas para quienes las leen
o las escuchan, debido a que todo mensaje que recibimos se “combina” y
“compara” con la casi infinita cantidad de información que cada uno de nosotros
posee en su interior. El resultado es que la misma palabra no evoca la misma
idea en todas las personas. Te pondré un ejemplo.
Para mí, “odiar” es desear un mal para la persona odiada,
tal vez hacer algo específico para que se cumpla en ella mi deseo. En cambio,
“amar” es desear un bien a la persona amada y tal vez hacer algo para que se le
cumpla mi deseo.
Si piensas en lo que significan para ti estas mismas palabras,
encontrarás diferencias y también coincidencias.
Al momento de expresarme, no puedo menos que utilizar las
palabras como yo las entiendo. Por lo tanto, para mí, una persona que se odiara
a sí misma debería desearse algún mal y hacer cosas para que dicho mal le
suceda. Y una que se ama a sí misma se desea cosas buenas y hace algo para que
le sucedan.
Yo pienso que, al natural, antes de ser
contaminadas, las personas nos amamos
mucho cada una a sí misma y nos deseamos bienes, no males. Cada cual ambiciona
para sí lo que considera mejor: seguir viva, tener salud, riqueza, amor,
amigos, diversiones, etc., y de acuerdo con mi definición, eso es amor y es muy
fuerte. Rara vez se extingue.
Pero puede llegarnos la contaminación. La imagen que nos
formamos de nosotros mismos es configurada por nuestros padres, maestros,
compañeros, películas, textos... Todos nos dan sus opiniones y éstas dejan
resonancia en nuestro interior. Si son positivas, qué bueno; pero si son
despectivas o de juicio, qué malo, porque podemos interiorizarlas y creer que
son pensamientos nuestros. No lo son. Dichas opiniones expresan lo que otros
pueden pensar de nosotros, de acuerdo con el filtro que utilizan para mirarnos;
es decir, las construcciones mentales y los hábitos de percepción que acostumbran.
De acuerdo con lo anterior, un “eres odioso” puede
transformarse en “soy odioso”; “eres un egoísta
que todo lo quieres para ti”, convertirse en “soy muy egoísta y es malo que yo
quiera cosas buenas para mí”; “te falta
criterio”, podemos traducirlo en “no tengo criterio para juzgar, necesito que
alguien me diga lo que está bien o mal”, y así en todas nuestras interacciones.
Si esto sucede, entonces el dicho “ver es creer” debería ser al revés, “creer
es ver”, porque primero creemos algo y luego “confirmamos” su existencia.
Sin embargo, por contaminados que estemos y acostumbrados
a pensar mal de nosotros mismos, eso no forzosamente significa que hemos dejado
de desear las cosas buenas. Seguimos queriéndolas. Es decir, nos seguimos
amando, sólo no sabemos cómo conseguir lo que anhelamos.
El que la gente se desprecie a sí misma, se considere
inútil y poco digna de ser querida, en mi opinión está más relacionado con las
creencias que la persona se ha formado acerca de cómo es ella, y no con un
auténtico deseo de que le ocurra algo malo. Pero sí hay expresiones que a veces
consideramos triviales como: “ojalá me muriera”, “trágame tierra” “quisiera no
haber nacido”, “odio mis piernas flacas”, etc., que son chispazos de odio,
generalmente inconsciente. Es triste escuchar que alguien las dice. Quizá, si
la persona pone atención es sus palabras, de inmediato las corrige y piensa: “No
es cierto, yo quiero para mí cosas buenas y que mis piernas sigan funcionándome bien”.
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