Pido un consejo para con mi hijo de 13 años que seguido
amanece con su ropa sucia, yo creo que se la pasa toqueteándose. Me preocupa
que agarre ese vicio.
OPINIÓN
Tu pregunta es sobre un tema tabú en nuestra cultura
occidental. También los tabúes se aprenden.
Los humanos hemos tenido que aprenderlo todo y siempre a
base de repeticiones. Aprendemos toda la vida. De bebés tardamos mucho en
localizar nuestras manos y mucho más en saber que tenemos dos y no una ni
cuatro. Debimos aprender a usarlas y a diferenciar entre las sensaciones de cuando
tocábamos la cuna, el sonajero, la otra mano, el pie, la barriga, la oreja o a
otra persona. Mayor complejidad tuvo aprender a sentarnos. Luego, hacer
solitos. Después, caminar. Más tarde, hablar, lo cual nos exigió distinguir
entre hacer gorgoritos y producir determinados sonidos propios del idioma. Y seguimos
aprendiendo: un cantante asiste a clases de canto para ejercitar sus cuerdas
vocales, un deportista entrena, un actor ensaya. Siempre aprendemos, cosas
excelentes, buenas, útiles, inútiles, tontas, nocivas... Así conformamos
nuestra personalidad. La repetición de un evento hace más predecible que éste
vuelva a suceder.
Cada aprendizaje es un reto. Todo niño aprende a
identificar las ganas de ir al baño. Debe saber por dónde salen la orina y el
excremento y qué músculos hay que activar a fin de no ensuciar su ropa, solo entonces
aprende a hacer pipí y popó en el lugar adecuado. Si es varón, realiza miles de
ejercicios variados orinando sobre animales, cosas anchas y angostas o desde
alturas, y compite con otros varones a ver quién lanza el chorro más lejos. Su necesidad
de aprender lo hace querer conocer bien esta función. Está diferenciando las
sensaciones y, también, calibrando su propia capacidad y límites; tarde o
temprano descubrirá que no puede enviar el chorro a 100 metros.
Durante este entrenamiento, el varoncito aprende a “saber”
si su cuerpo es bonito, feo, digno de aprecio, detestable, vergonzoso, etc.,
según la información que haya recibido y que no necesariamente fue hablada. Podría
ser que lo regañaran diciéndole: “Muchacho cochino, tápate eso tan feo”. Todo lo
aprende. Puede darse el caso de que él concluya que sería mejor que no tuviera
pene, o que este sirve sólo para orinar, o sabrá Dios qué.
Durante este montón de repeticiones distintas, las
neuronas trabajan en registrar y mecanizar todo a fin de que la persona no
tenga que detenerse en cada fracción de movimiento y ordenar a los músculos lo
que deben hacer. De lo mecanizado se encarga el subconsciente. Tenemos montones
y montones de aprendizajes guardados que no necesariamente reconocemos ni
recordamos conscientemente.
El aprendizaje nunca termina. Se completa uno y llega
otro. Más complicado que el control de esfínteres es, en los varones, aprender
a conocer las diversas funciones de su pene, como la de eyacular. Él va a
necesitar explorar su pene, jugar con él, estimularlo, descubrir cómo lo siente
cuando está flácido, medio erecto o en plena erección, cómo es eyacular y de
qué maneras puede posponer esta acción para hacerla no de cualquier manera y en
cualquier parte ni a cualquier hora. Y que cuando suceda, para él sea placentera.
Para eso necesita repetición, práctica. No es necesario que el chico sepa intelectualmente
lo que sucede, sino que suceda. Hay chicos que necesitan millares de
repeticiones para ponerse en forma y a cargo de su buen funcionamiento sexual.
Durante una eyaculación, secreciones uretrales y
prostáticas, junto con el esperma, deben salir por el meato urinario. Para
esto, antes deben haberse cerrado el esfínter interior de la vejiga y el
exterior de la orina. Si estos mecanismos fallan, puede ser que no haya
eyaculación, que la haya pero sin esperma, o que ésta vaya a parar a la vejiga
y salga con la orina.
Suena extraño, pero hay hombres que no han aprendido a
eyacular, que les duele hacerlo, que no pueden controlar el tiempo y se corren
demasiado rápido, o que sienten fobia de que su pene esté “encerrado” en una
vagina. Tienen “pendiente” ese aprendizaje.
Los seres humanos somos un maravilloso equipo de aprender.
Lo aprendemos todo. Y creo que tú ya sabes la respuesta a tu pregunta, la
tienes en tu corazón y sólo necesitas reconocerla.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al
teléfono 7 63 02 51
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