Leí su artículo “Estar solo” y me doy cuenta que tengo
gran temor a una soledad futura. Llevo dos divorcios y con mi pareja actual siento
inseguridad. Me aterra que vaya yo a tener que estar buscando nuevamente porque
no confío ni quiero confiarme en que no me pasará algo malo, ni modo de pedir un examen de VIH cada mes y carezco
de inclinación a ser célibe.
OPINIÓN
Tus palabras son tan convincentes que sólo puedo darte la
razón. Dos divorcios y tu inseguridad actual apuntan a una soledad futura con
búsquedas y con peligro de contraer alguna enfermedad. La lógica perfecta de tu
razonamiento conduce a esa salida. Tú
sabes que los pensamientos y temores viven en la mente y de ahí saltan a la
realidad. Siempre se cumplen. Te han conducido hasta donde estás y te
conducirán a donde temes.
¿Serías capaz de explorar qué sucedería si giraras en U?
Girar en U significa alimentar otra clase de pensamientos
y sentimientos, que conduzcan a otro sitio.
Esto es un comienzo. Algo sencillo (y difícil en la
práctica): preparar un recipiente para el amor.
Imagina el amor como si fuera lluvia y a la gente con
diversas reacciones: mientras unos preparan cubetas, tinas o presas para
conservar el agua, otros sacan sus paraguas y hacen lo que sea para no mojarse.
Estos últimos serían los que temen al amor y no se dejan tocar por él. Se
quedan “secos”, es decir, en soledad.
El recipiente para el amor se prepara aceptando que a uno
lo “moje” y disponiéndose a permanecer mojado. Por ejemplo: podrías mirarte en
el espejo, de preferencia sin ropa, y dirigir cumplidos y frases bonitas a cada
parte de tu cuerpo. Luego observas qué sientes, si experimentas comodidad o
vergüenza o te parece cursi ser objeto de tales atenciones. Dejarse mojar es
que te parezca normal que una mente (en este caso la tuya) se relacione contigo
y con tu cuerpo de esa manera amable, y no con pleito.
Un paso más: decirte alabanzas por tus buenas cualidades.
Igual, observas si puedes “soportar” este lenguaje amoroso. Te “mojas” cuando te
gusta y no le opones el “impermeable” de rechazarlo pensando: “son falsas” o
“no las utilizo”.
Pero todavía no está completo el recipiente.
Hasta después de haber logrado familiarizarte con los
cumplidos, las frases bonitas y las alabanzas, puedes hablarle a tu imagen de
tus defectos y agregar: “Te quiero tal como eres, de todas maneras, aun si no
cambiaras nada”. Otra vez, observas qué sientes y si puedes creerlo. Esta es la
parte más difícil; pero si tú mismo no crees en que es posible amarte con tus cualidades
y defectos, tampoco lo creerás aunque otra persona te colmara de amor. Serías
como un buzo que nadando en el océano sale seco, debido a su traje de
protección tan elaborado.
La soledad aterradora es permanecer “seco”. El traje de
buzo es cuando uno imagina lo peor, que nadie lo quiere y que no existe la
persona adecuada para uno.
Todos hemos tenido estos temores alguna vez, pero no
todos les damos luz verde para que nos invadan. Se necesita mucha insistencia en
pensamientos nocivos para uno convencerse de que entre los 7 000 000 000 de
personas que existen en el planeta, ninguna le sirve ni lo va a querer bien.
“Siempre hay un roto para un descosido”, pero el roto y
el descosido han de estar disponibles para quererse en el estado en que están.
De lo contrario, en lugar de alegrarse por la presencia y disponibilidad del
otro, se dedican a señalar la rotura o el defecto y a exigir que sean reparados.
Y no duran; pronto se cansan de pelear, exigir y desilusionarse al ver que nada
cambia, a pesar de tanto esfuerzo.
En suma: el recipiente para el amor es lograr uno amarse
tal como es, y luego, casi sin darse uno cuenta, ama a los otros tal como son.
¡Eso sí que es maravilloso! Y es el inicio de un proceso.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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