Este sábado murió Ma. Estela Velázquez Rodríguez, nuestra
compañera en “Escritores8”, grupo de escritores locales con proyectos constantes
de publicación, que llevamos varios años reuniéndonos para hacer literatura.
Con el tiempo, hemos llegado a ser entrañables unos para los otros, así que la
enfermedad y ahora el deceso de nuestra compañera, la primera en abandonarnos
de esta manera, no se asimila fácilmente. La muerte, que siempre es impactante,
lo es mucho más si ocurre en la cercanía.
Yo mantuve contacto personal con Estela hasta que le fue
posible. Hablamos sobre su satisfacción de haber visto publicados dos libros en
los que era autora: “Lucía”, y “8 Cuentos, 8 Escritores”. Estaba escribiendo
para el tercero y no alcanzó a terminarlo. Nosotros, sus compañeros, para
honrar su recuerdo, nos hemos propuesto incluir su manuscrito en el estado en
que quedó dentro de nuestra próxima publicación, agregándole aparte el final tal
como nos lo relató.
Estela sabía que para mí la muerte no existe, es sólo el
final de un capítulo, una graduación para pasar a un grado siguiente, un ser
trasplantados del almácigo que es este planeta al campo en donde creceremos y
daremos fruto. Me escuchaba con todo el cariño posible y me pidió que le
volviera a regalar el libro de mi autoría “Subí al tren sin conocer el
destino”. Ella lo conocía porque estuvo presente e hizo aportaciones cuando lo
escribí. “Quiero repasarlo”, me dijo.
Ni ella ni yo presuponíamos que este libro fuera una
revelación de lo que sucede después de la muerte, nadie lo sabemos; pero es tan
poco el consuelo que se puede proporcionar a alguien que sabe que pronto morirá,
que leerlo es como un sedante, una apuesta al deseo de que suceda tal como lo
describe, o una preparación de la mente para que sepa cómo actuar sin el cuerpo,
en caso de que las leyes mentales sean allá las mismas que acá. Se refiere a la
proyección del pensamiento que se cumple sin demora porque no tiene la
interferencia de la materia, el tiempo y el espacio. Si esto fuera verdad, dominar
los pensamientos y sentimientos tendría la misma importancia en la otra vida
que en ésta.
Este artículo es un homenaje a Ma. Estela Velázquez Rodríguez
y su vida de lucha constante no sólo por sobrevivir sino por superarse. Esposa,
madre y abuela, pasó muchos años en su salón de belleza haciendo lucir mejor a
sus clientas, luego añadió la ilusión de escribir y la pudo ver cumplida a base
de esfuerzo, constancia personal y colaboración con nuestro grupo. Un aplauso
para ella. Y para su familia, nuestros deseos de paz y buena adaptación. Estelita,
gracias por la parte de tu tiempo que compartiste con nosotros.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al
teléfono 7 63 02 51
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