Mostrando entradas con la etiqueta mas allá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mas allá. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de enero de 2019

UNA MUERTE EN EL GRUPO


Este sábado murió Ma. Estela Velázquez Rodríguez, nuestra compañera en “Escritores8”, grupo de escritores locales con proyectos constantes de publicación, que llevamos varios años reuniéndonos para hacer literatura. Con el tiempo, hemos llegado a ser entrañables unos para los otros, así que la enfermedad y ahora el deceso de nuestra compañera, la primera en abandonarnos de esta manera, no se asimila fácilmente. La muerte, que siempre es impactante, lo es mucho más si ocurre en la cercanía.

Yo mantuve contacto personal con Estela hasta que le fue posible. Hablamos sobre su satisfacción de haber visto publicados dos libros en los que era autora: “Lucía”, y “8 Cuentos, 8 Escritores”. Estaba escribiendo para el tercero y no alcanzó a terminarlo. Nosotros, sus compañeros, para honrar su recuerdo, nos hemos propuesto incluir su manuscrito en el estado en que quedó dentro de nuestra próxima publicación, agregándole aparte el final tal como nos lo relató.

Estela sabía que para mí la muerte no existe, es sólo el final de un capítulo, una graduación para pasar a un grado siguiente, un ser trasplantados del almácigo que es este planeta al campo en donde creceremos y daremos fruto. Me escuchaba con todo el cariño posible y me pidió que le volviera a regalar el libro de mi autoría “Subí al tren sin conocer el destino”. Ella lo conocía porque estuvo presente e hizo aportaciones cuando lo escribí. “Quiero repasarlo”, me dijo.


Ni ella ni yo presuponíamos que este libro fuera una revelación de lo que sucede después de la muerte, nadie lo sabemos; pero es tan poco el consuelo que se puede proporcionar a alguien que sabe que pronto morirá, que leerlo es como un sedante, una apuesta al deseo de que suceda tal como lo describe, o una preparación de la mente para que sepa cómo actuar sin el cuerpo, en caso de que las leyes mentales sean allá las mismas que acá. Se refiere a la proyección del pensamiento que se cumple sin demora porque no tiene la interferencia de la materia, el tiempo y el espacio. Si esto fuera verdad, dominar los pensamientos y sentimientos tendría la misma importancia en la otra vida que en ésta.

Este artículo es un homenaje a Ma. Estela Velázquez Rodríguez y su vida de lucha constante no sólo por sobrevivir sino por superarse. Esposa, madre y abuela, pasó muchos años en su salón de belleza haciendo lucir mejor a sus clientas, luego añadió la ilusión de escribir y la pudo ver cumplida a base de esfuerzo, constancia personal y colaboración con nuestro grupo. Un aplauso para ella. Y para su familia, nuestros deseos de paz y buena adaptación. Estelita, gracias por la parte de tu tiempo que compartiste con nosotros.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51




lunes, 1 de febrero de 2016



EXPERIENCIA DE UNA LECTORA
Comparto con gratitud lo que una lectora de mi último libro me hizo llegar.

Leí el libro “Subí al tren sin conocer el destino” y fue el inicio de una vivencia esperanzadora. La autora nos induce a un paraíso deseado, ése que aparece en nuestros sueños más idealistas, donde se desvanecen las sospechas de ser devorados por gusanos y absorbidos como abono en la tierra, para ser transformadas en un mundo paralelo y cercano.
Durante 99 páginas, el cielo, el purgatorio y el infierno nos incitan a redescubrir y palpar nuestros cinco sentidos de una forma mágica y natural, para finalmente enlazarlos a nuestra esencia espiritual. Volar, viajar, desaparecer y estar, son capacidades natas del alma inmortal.
Abrí el libro y misteriosamente morí junto con la protagonista. Me observé dentro de un ataúd, sentí el miedo de verme inerte, escuché las palabras de su despedida como mías, el dolor de la partida y la incertidumbre de despertar en una anónima realidad. Me reconocí con el control humano, esta “extraordinaria” necesidad de creer que somos eternamente terrenales, control que nos lleva a abrazar ideas “convincentes” y alejarnos de la verdadera eternidad, que se encuentra dentro de un universo extenso, conformado por redes amorosas y brillantes que se encienden, explotan y se apagan, para forman parte del continuo movimiento de la vida.
Las páginas de “Subí al tren sin conocer el destino” me mostraron un cielo sin bardas en el que todos cabemos, para comprender que los ladrones y los dadores forman parte del equilibrio humano, aun cuando los primeros sean repugnantes, aun cuando ellos aniquilen nuestras verdades entrañables.
Desde la distancia observé la necedad humana como una absurda compañera, tan absurda que nos obliga a replantearla y entenderla como un valor cultural y psicológico; una herencia que ni en la tierra ni en el cielo nos será útil jamás.
La autora de “Subí al tren sin conocer el destino”, nos acerca a hombres y mujeres del pasado; sabios, ignorantes, muertos que siguen vivos, con la finalidad de regalarnos, de una manera sencilla y admirable, la sabiduría y la esencia de sus enseñanzas.
La lectura del libro es un regalo que no pedí y disfruté, libro que nos reencuentra con nuestra esencia, con los cariños más profundos y con el entendimiento de un Dios atemporal que habita de formas inimaginadas en el círculo de la vida, que no es otra cosa más que la oportunidad de amarnos para trascender de manera natural, a nuestro temido o anhelado paraíso.

Eugenia Padilla Moreno.   Enero 2016.