Todos deseamos ser felices y cada día hacemos cosas o
tomamos decisiones que nos proporcionan felicidad o nos alejan de ella. Si miramos a nuestro alrededor y la manera como
nos sentimos con nosotros mismos, la familia, el trabajo, los amigos, vecinos y
el mundo en general, podemos saber si nuestras decisiones han sido eficaces
para darnos felicidad o, por el contrario, nos colocan en un estado de nervios,
angustia o desarmonía.
La felicidad es estar bien con uno mismo.
Todos tenemos aspectos, características y situaciones que,
sentimos, jamás podremos aceptar. Las vemos como indignas de ser amadas y no
siempre podemos alejarlas de nuestra vida. Están ahí, y punto. ¿Qué hacer con
ellas?
Si estamos convencidos de que nada es tan importante como
el propio bien-estar, el primer paso es mirarlas (no negarlas) con ojos de amor
y preguntarnos, ¿de qué manera puedo convertirlas en ventajas?
Saber mirar con ojos de amor es requisito indispensable
para ser felices. Esta habilidad se adquiere con la práctica. Se trata de un
trabajo de la mente, el corazón y la voluntad por el cual se toma una decisión
a favor del amor.
Pongamos por ejemplo a una persona que posee un abultado
abdomen y su primera reacción es de rechazo: “odio estas llantas”. Ciertamente su
actitud no contribuye a que se sienta feliz, pero si se ejercita en cambiarla, las
“llantitas” serán una oportunidad para aprender a mirar con ojos de amor. Quizá,
frente al espejo, decida decir: “Amo todo lo que es mío; amo mi rostro, mis
manos, mis pies y este abdomen redondo”; tal vez incluso los toque y acaricie
con ternura y establezca contacto amistoso con su cuerpo. Cuando logre amarlo en
verdad como es en el instante, le surgirá el convencimiento interior de que es
posible que la amen, puesto que ella misma lo hace. Y si además dice: “Con amor
haré lo necesario para que seas cada día más hermoso”, la persona no se
experimentará impotente sino amorosamente activa, y estará en plena libertad de
amarlo y dejarlo como está, o buscar recursos (el ejercicio, una dieta
balanceada, rutinas agradables) para transformarlo, sin agresiones.
La intolerancia genera mal-estar. La intolerancia es
comparar un ideal con la realidad y encontrar a esta condenable: “No soporto mi
impuntualidad”, “detesto ser tan sensible”...
En esta época de COVID19, por supuesto que la realidad es
distinta a lo que sería lo ideal como manera de vivir. ¿Significa que mientras
dure nos será imposible ser felices? La respuesta podría ser afirmativa o
negativa. Mientras no realicemos el mencionado trabajo con mente, corazón y voluntad por el cual se toma una
decisión a favor del amor, la felicidad estará fuera de nuestro alcance. Pero
si logramos mirar esta circunstancia con ojos de amor, algo bueno y provechoso
obtendremos de ella que incluso puede parecer incomprensible a los ojos ajenos.
Nuestra vida en el planeta dura los años, días y horas
que permanecemos aquí. Podemos sentir
que la cuarentena nos está robando tiempo de vida, o que vamos a amar también a
este trozo de nuestra existencia y sacarle el máximo provecho posible, de una
manera nueva. ¿Cuál? La que el amor de cada uno le inspire.
La felicidad no es un destino, meta o sitio para llegar,
sino un estilo amoroso de mirarlo todo, incluido y primero uno mismo. Quien se
ama mucho, no permite que se le amarguen ni unos pocos minutos de su existencia;
trabaja duro en su mente, corazón y voluntad para lograr la vida que quiere.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
Hola Hola Hola!🙋♂️
ResponderEliminarMuy!
Buenos Días🌄
Reina👸🏻 Dolores, ante todo deseándole Felicidad y salud.
Una pregunta; la frase del título es suya?
Gracias, Gracias, Gracias!🙏
Fuerza y Éxitos 🤓