Se están abriendo los negocios y plazas comerciales y un
mayor número de personas y vehículos transitan las calles. Hay quienes todavía
no creen que el COVID19 sea un peligro, otros sí lo creen y están conscientes, pero
deben correr el riesgo y salir a trabajar, ya sea porque su trabajo es esencial
o porque necesitan ganarse la vida. Desde el inicio del confinamiento estaba
claro que no todos podrían resguardarse de la misma manera. Hoy, con esta
apertura, es lógico que aumentará el número de contagiados y por lo tanto, la
necesidad de cuidarnos.
En un principio, el exceso de información que en
ocasiones era contradictoria nos puso a todos sin saber a quiénes creer y qué
esperar, pero poco a poco se han ido estableciendo medidas de prudencia que,
aun si después resultara que eran equivocadas, será mejor atenderlas para
cuidar de nuestra salud y la de los demás: el lavado frecuente de manos, el uso
de cubrebocas, la limpieza y desinfección al regresar a casa, mantener la sana
distancia y evitar el contacto físico directo.
Hoy, está claro que la tarea de cuidarnos pertenece a
cada uno, y cada uno sabe si su temor y nerviosismo han aumentado o disminuido.
Es evidente que no todo mundo atiende a las normas de higiene recomendadas y
entonces, al menos yo, siento el deseo de pedirles: “Por favor, cuídate y
cuídanos a los demás, pues ninguno queremos enfermar. No te me acerques
demasiado, no me hables ni me tosas encima, por favor”.
Ahora en León ya tenemos noticias de personas con nombre y
apellido que han contraído el virus, no como antes que oíamos decir: “Murieron
tantos en Italia, España, Estados Unidos o la ciudad de México”. Los contagiados
están a nuestro alrededor. También sabemos que muchos se recuperan. Hemos
dejado de pensar que contagiarse constituía una muerte casi segura. Qué bueno
que tenemos mejores esperanzas, pero no hay que bajar la guardia.
Si el COVID19 llegó para quedarse y debemos aprender a
convivir con él, démonos tiempo suficiente, con las debidas precauciones, para que
el acercamiento sea lo más paulatino posible, a fin de que esta pandemia no
signifique para nosotros una tragedia insoportable. Mientras tanto, los
científicos y estudiosos seguirán tratando de conocerlo un poco más, los
médicos y enfermeras adquirirán mayor experiencia en los métodos que dan
mejores resultados y es posible que llegue el momento en que esta amenaza sea
como los demás millones de amenazas que siempre ha tenido la vida: algo con lo
que nuestro sistema inmunológico puede enfrentarse.
Deseo a todos y a mí misma que esta triste experiencia de
confinamiento y pérdidas múltiples se convierta pronto en algo positivo y mejore
la vida de la humanidad.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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Gracias maestra porque de verdad yo no sabía a quién creerle estoy llendo a mi tratamiento al IMSS. Y dentro de la clínica veía personal que no traía cubrebocas etc. Cuidese mucho saludos la quiero mucho.
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