Mostrando entradas con la etiqueta ESCOGER. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESCOGER. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de febrero de 2018

HACER LO QUE TOCA



Por el hecho de haber nacido, nos toca vivir, hoy. Abandonamos aquel mundo “ideal”, el seno materno que nos protegía, abrigaba y mantenía con las necesidades satisfechas por alguien más: mamá. Debimos salir a la vida, esta montaña rusa de retos, subidas y bajadas. Nos toca vivir por nosotros mismos. La cooperación de los otros disminuyó gradualmente y aprendimos a cuidarnos.

El reto de cuidar de nosotros mismos puede parecernos tremendo, tranquilizador o fascinante. Pensar que una vida hermosa depende de nosotros, sean cuales fueren las circunstancias, quizá nos resulte agotador o lo opuesto, nos proporcione la fuerza y alegría para lograrlo. Cualquiera que sea la perspectiva que elijamos, será eso: nuestra elección.

El mundo que fue ideal antes de nacer no puede ser ideal hoy. Pensar o esperar: “Lléname, aliméntame, sírveme, hazme feliz, hazme sentir seguro, dime quién soy”, es  receta infalible para la frustración. Nadie puede darnos estas cosas. Los demás suelen tener sus propios pensamientos y expectativas acerca de cómo debiéramos ser y generalmente no llenamos esas medidas. Entonces, nos quedan al menos dos opciones: 

1) Esforzarnos por ser aceptados y admirados, para que a cambio nos proporcionen la felicidad que nos hace falta, lo cual no sucederá. En consecuencia, nos sentiremos víctimas de una injusticia: ¡tanto esfuerzo para no ser tomado en cuenta! 

2) La otra opción es no esperar que nadie se sacrifique por nosotros y ser lo que somos y como somos, eligiendo cada vez lo que más nos conviene.

Elegir a nuestra conveniencia suele ser mal visto, pero, ¿quién, conscientemente, escogería para sí mismo la enfermedad, la pobreza, el ostracismo, relacionarse con personas violentas o con criminales? Nadie; por el contrario, escogería la salud, la abundancia, la amistad y vivir en un vecindario de gente decente. Eso lo logramos a través de las pequeñas o grandes elecciones que hacemos a cada instante.

Hay elecciones que parecen ser a nuestra conveniencia y no lo son. Si elijo tirar basura en la calle o no limpiar mi casa o mi cuarto, estaría eligiendo vivir en la mugre. Eso no es mi conveniencia. Si elijo agredir a mis vecinos o guardar rencor por las ofensas, mi alma estaría llena de hostilidad y desencanto. Eso no sería en mi conveniencia.

Cuando nos despojamos de la expectativa de que los otros cambien o nos sirvan para nosotros poder ser felices, desaparece el sufrimiento, porque ¿quién sufre por no ser mantenido si no espera serlo?,  ¿o por comprobar que el o los otros no trabajan para vernos dichosos, si nos negamos a dejar nuestra felicidad en manos ajenas?

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com, o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



lunes, 25 de julio de 2011

ESTAR AL LÍMITE

Estoy confundida. Por más de 10 años consecutivos he trabajado sin parar, pero ahora que soy mamá, mi deseo de disfrutar mi maternidad y estar con mi hijo es muy fuerte. Siento mucha culpa cuando lo dejo con mi mamá para que me lo cuide. Por otro lado, mi cuerpo me dice que pare, el estrés por el trabajo es muy fuerte y ahora con todos mis roles no tengo tiempo para mí, hacer ejercicio o salir al cine con mi esposo. Él me sugiere darme un año sabático, pero me da miedo, pues de alguna manera estoy acostumbrada a ganar mi dinero, y en plena crisis, después se podría complicar encontrar trabajo. ¿Qué hacer en estos casos?
RESPUESTA
Estás confundida. Por diez años tu camino consistió en trabajar y ganar dinero para ti, entre otras cosas que no mencionas. Ahora, otros caminos se han emparejado con el tuyo: el de tu esposo y el de tu hijo. Aumentaron tus roles a desempeñar, también eres esposa y madre. Sientes que no cabe todo, te ves obligada a llegar hasta donde tus límites permiten y más allá. Algo debe quedar sin atender, porque ni el tiempo ni las fuerzas te alcanzan. Dudas qué cosas elegir para entregarles corazón, tiempo y esfuerzo; es decir, tu vida actual. Estás consciente de tu necesidad de seleccionar entre el exceso de posibilidades, pero te da miedo equivocarte al escoger y que el resultado sea no sólo contraproducente, sino definitivo. Preguntas qué hacer; pero creo que de ninguna manera harás lo que alguien te aconseje, porque dentro de ti ya tienes tomada la decisión. El asunto es saber: ¿la impulsó el amor, o el miedo?
Sea cual fuere la elección que hiciste y que pronto saldrá a la luz, quizá quieras probar a decir en tu corazón, dirigiéndote a tu madre, tu padre y demás ancestros: “Por favor, permitan con agrado que yo confíe en un hombre, lo respete y me apoye en él. Hacerlo no significa que a ustedes los amaré menos. Gracias”. Y luego, a tu esposo, también en tu corazón: “Por favor, sostenme y sujétame si quiero irme”.