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lunes, 1 de abril de 2013

PASCUA


Pedí prestada esta palabra “pascua" para darle nombre a Clínica Pascua, que está celebrando su onomástico. Felicidades. Pascua es dar un paso, caminar, dejar atrás lo que ya pasó y seguir adelante, de lo antiguo a lo nuevo, de menos a más vida.

En ocasiones creemos que tenemos derecho a negarnos  a dar un paso que nos toca dar. Esto es falso; con o sin nuestro consentimiento hemos de avanzar de una edad a otra, de unas costumbres a otras, de unas creencias a otras. Negándonos a dar el paso, solamente nos privamos de la plenitud que otorga el entregarse con amor a vivir el momento e igual, caminamos, porque la corriente de la vida nos lleva, pero lo hacemos sin acompañar los cambios con el corazón, y cuando el corazón no acompaña nuestros pasos, vivimos quejándonos: “¿Por qué tengo qué avanzar en edad?”, “¿Por qué todo pasa y nada se queda?”. Nos quedamos con la sensación de que la vida nos debe, que tenemos con ella cuentas por cobrar. Siempre habrá quienes se nieguen y protesten, y sus protestas se perderán en el tiempo, porque la vida sigue igual, caminando. 

Paso a paso se llega lejos. Paso a paso llegamos al kínder y salimos de él, de primaria, secundaria y  de tantos otros acontecimientos que hemos vivido. No tuvimos que hacer esfuerzo para crecer, pero sí para aprender a ser la nueva persona que nos exigía el crecimiento. Esto es dar el paso, sintonizarnos con el presente y tomarlo como se presenta, sin añoranza, sin protestas, sin desdicha. “Todo tiempo pasado fue mejor”, decimos cuando nos obstinamos en creer que podemos detener la vida y forjarla a nuestro gusto. ¿Podemos?

Personas mayores pueden atestiguar , por ejemplo, que a mediados del siglo pasado, la ciudad de León tenía unos trescientos mil habitantes, las diversiones eran el cine y salir de paseo al centro, al parque o la calzada, las fiestas eran “tardeadas” porque los padres jamás permitirían que sus hijos adolescentes salieran de noche; las mujeres no votaban, pocas de ellas iban a la universidad y su mayor ilusión era casarse de blanco, salir de su casa del brazo de papá y comprometerse “hasta que la muerte nos separe”; la familia iba a misa los domingos, por la mañana porque no había por la tarde, la última era a la una y media, pues el celebrante debía estar en ayunas desde la media noche hasta el momento de la comunión….  Esa sociedad cambió, paso a paso y sin que individualmente nadie pudiera atajar los cambios, porque las sociedades parecen ríos que corren y arrastran en sus aguas también aquello que se les opone. Nos llevan consigo. Somos como gotas de agua, sin libertad aparente, todas iguales y uniformadas por los signos de nuestro tiempo. Sin embargo, en lo individual, cuántas diferencias entre una gota y otra, entre una persona y otra. Si nuestro destino es nacer, crecer, quizá reproducirnos y morir; ¡qué infinidad de maneras distintas de hacer estas mismas cosas!

Lo que distingue a las gotas es la manera de dar cada paso; conscientemente o sin darse cuenta; con la mirada puesta en el presente, o vueltas hacia el pasado o el futuro; eligiendo vivir o dejándose llevar por la corriente. Cada vez que miramos al futuro y queremos saber cómo será, tenemos dudas o miedo sobre él, perdemos fuerza. Pero si permanecemos en el momento presente y damos un paso, ese paso nos ubica en otro presente, luego, esperamos hasta que de ese presente venga sugerido el próximo paso, y damos sólo ese paso, estamos presentes todo el tiempo, con fuerza.

Ahora una invitación para el próximo miércoles 10 de abril a la charla: “Sexualidad en la pareja”, a las 8 pm, entrada libre, en San Sebastián 408, La Martinica. Asiste.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

lunes, 10 de septiembre de 2012

CUMPLIR CON EL DESTINO


Leí su artículo del 29 de Agosto, sobre el orden antiguo y el gran peso de la cultura y la educación mexicanas, y quiero compartirle que junto con el hombre que era mi esposo, pagamos el costo cultural del que habla en pérdida y separación concluyendo en divorcio, en gran parte  por la situación económica. Usted menciona que el cambio es posible, con el tiempo, y generará actos y hechos que van a repercutir en mis hijos, mis nietos...

Con todo el tacto y prudencia hacia mi destino y hacia usted, me pregunté, ¿qué hay de mí? En el sentido de que tengo 26 años y mi realización era casarme, tener hijos y trabajar. Ahora, después de mi divorcio, el costo del que usted habla es inmenso, doloroso, agonizante, pero la exigencia aumentó y todo cambia, por lo tanto, ¿qué se puede hacer?, ¿qué pensamientos o afirmaciones diarias tengo que repetir? Yo y las muchas mujeres que están en algo similar. Ya sé que aceptar el tiempo, darse tiempo, todos sabemos que el tiempo lo cura todo, pero cada segundo de ese bendito tiempo se sufre y aquí no es para pensar que se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social etc., eso ya se pensó. Una mujer sabe que su complemento es el hombre, que su aspiración personal es vibrar en una misma sintonía con un hombre que elija y que la elija, mas allá de su entorno, mas allá de su educación y su pasado, con todo el amor que por generaciones se ha acumulado y que se quiere vivir ahora, hoy, y que seguramente de ese gran amor los hijos escribirán su historia, diferente a la nuestra.  

RESPUESTA

Estás ubicada en el “hoy”, lo cual es excelente, sólo que para ti ese hoy es sumamente doloroso y quieres respuestas concretas que no sean las clásicas de “se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social, etc.” ¿Quedarían éstas descartadas? Luego señalas: “Una mujer sabe que su complemento es el hombre”. En este sentido, tu pregunta no es pregunta sino respuesta, tu respuesta, la que tienes en la mente y te guía. La experimentas urgente. Esta urgencia tiene doble motor, uno biológico y otro cultural. ¡Otra vez la cultura con sus mandatos!

Ya sabes que la cultura interpreta cómo debemos ver el universo; también determina cuáles son las formas permitidas y las prohibidas de satisfacer las necesidades; que las culturas cambian y lo que piensan sobre las cosas influye también en las relaciones. Me explico: En el orden antiguo, se juzgaba la calidad de un artículo (y de una amistad o matrimonio) por su duración, inclusive se los hacía durar mediante reparaciones: se ponía medias suelas a los zapatos, remiendos a la ropa, refacciones nuevas a los aparatos, y filosofías de resignación a las parejas: “Es tu cruz, aguanta”. En el orden nuevo, los productos son desechables, tienen obsolescencia programada, predomina lo pragmático y materialista y decimos: “Esto ya no sirve, otro nuevo”, sin ajustes, reparaciones ni remordimientos por tirar a la basura el último “tecnotrique”. En los matrimonios, ya no queremos hacerlos durar aunque no sirvan y, llorando, decimos adiós.

Tú, como hija de tu tiempo, estás recibiendo presión de ambos órdenes culturales; el nuevo te dijo: “Esta relación expiró; si necesitas llorarla, llórala, pero déjala ir”. Y el antiguo te dice: “Busca algo que dure”. Bajo estas presiones, te sientes tan impaciente como un atleta que dedicó su cien por ciento a conseguir una medalla de oro y luego sufrió una lesión temporal incapacitante. Ahora, lesionado, siente que él no es lo que debe ser, que su identidad está en entredicho y quiere salir del hospital de inmediato para continuar su entrenamiento. Cada minuto de espera le parece perdido y absurdo; sin embargo, si omitiera la espera, podría arruinar su carrera y sus ideales. El consejo es: “Paciencia, dale tiempo y atención para que sane”.

¿Qué frase repetir? Prueba con ésta: “Honro mi historia y mi experiencia. Me abro confiada y con amor a mi mayor bien. Es inútil resistirme, opto por cumplir con mi destino”.

En León existen grupos de separados y divorciados cuyo objetivo es apoyar a las personas a volver a tener esperanza, prepararse y estar listas para las oportunidades que están por venir. Allí escuché esta frase: "Para tener éxito en una relación, primero debes aprender a vivir solo, en tu sola compañía".Te conseguí el teléfono donde dan informes: 514 05 65.

 “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 

 

 

lunes, 25 de julio de 2011

ESTAR AL LÍMITE

Estoy confundida. Por más de 10 años consecutivos he trabajado sin parar, pero ahora que soy mamá, mi deseo de disfrutar mi maternidad y estar con mi hijo es muy fuerte. Siento mucha culpa cuando lo dejo con mi mamá para que me lo cuide. Por otro lado, mi cuerpo me dice que pare, el estrés por el trabajo es muy fuerte y ahora con todos mis roles no tengo tiempo para mí, hacer ejercicio o salir al cine con mi esposo. Él me sugiere darme un año sabático, pero me da miedo, pues de alguna manera estoy acostumbrada a ganar mi dinero, y en plena crisis, después se podría complicar encontrar trabajo. ¿Qué hacer en estos casos?
RESPUESTA
Estás confundida. Por diez años tu camino consistió en trabajar y ganar dinero para ti, entre otras cosas que no mencionas. Ahora, otros caminos se han emparejado con el tuyo: el de tu esposo y el de tu hijo. Aumentaron tus roles a desempeñar, también eres esposa y madre. Sientes que no cabe todo, te ves obligada a llegar hasta donde tus límites permiten y más allá. Algo debe quedar sin atender, porque ni el tiempo ni las fuerzas te alcanzan. Dudas qué cosas elegir para entregarles corazón, tiempo y esfuerzo; es decir, tu vida actual. Estás consciente de tu necesidad de seleccionar entre el exceso de posibilidades, pero te da miedo equivocarte al escoger y que el resultado sea no sólo contraproducente, sino definitivo. Preguntas qué hacer; pero creo que de ninguna manera harás lo que alguien te aconseje, porque dentro de ti ya tienes tomada la decisión. El asunto es saber: ¿la impulsó el amor, o el miedo?
Sea cual fuere la elección que hiciste y que pronto saldrá a la luz, quizá quieras probar a decir en tu corazón, dirigiéndote a tu madre, tu padre y demás ancestros: “Por favor, permitan con agrado que yo confíe en un hombre, lo respete y me apoye en él. Hacerlo no significa que a ustedes los amaré menos. Gracias”. Y luego, a tu esposo, también en tu corazón: “Por favor, sostenme y sujétame si quiero irme”.