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lunes, 6 de julio de 2020

ABRAZOS EN LA PANDEMIA


Algunas personas consideran excesiva la afirmación de que necesitamos una docena de abrazos al día para mantenernos en excelente estado de salud; sin embargo, no es exagerado decir que sentirnos conectados es una necesidad importante. El confinamiento demuestra lo anterior; muchas personas sufren angustia y desasosiego aunque tengan medios para subsistir y su probabilidad de contagio sea baja porque las enloquece el aislamiento.

El abrazo tiene muchos beneficios: Proporciona seguridad y confianza, ocasiona bienestar, mejora la autoestima, alivia tensiones, disminuye el estrés, mejora el flujo sanguíneo y nos hace sentir conectados.

Es difícil exagerar la importancia de un abrazo amoroso. Solemos relacionarlo con el impulso erótico, ¡confusión garrafal y problemática! Hablamos de otro tipo de amor que ojalá esté también presente en todas las parejas. Es un lenguaje físico para decirse uno al otro: “Te tengo presente con benevolencia”. Lo expresan una madre o un padre que abraza a sus hijos, los hermanos entre sí, o los amigos. 

Las medidas sanitarias en la pandemia nos han privado de los abrazos, pero la necesidad de ellos continúa vigente. ¿Qué hacer? La siguiente sugerencia es solo para aquellas personas a quienes les agrade: abrazar a distancia. 

¿Cómo? Lo más fácil es con nosotros mismos: puedes abrazarte cariñosamente y escuchar lo que tu interior tiene para decirte, quizás frente al espejo o en cualquier otra parte. Aprovechas para dedicarte cumplidos y palabras lindas y asegurarte a ti mismo que te amas, que siempre serás tu propio amigo y nunca te abandonarás. Prueba y verás qué bien se siente.

Con los otros. Si están presentes, podemos abrazarnos a nosotros mismos y decirles: “Este abrazo es para ti”. Generalmente, la otra persona lo acepta y corresponde y, aunque haya dos o más metros de distancia, el efecto es hermoso. 

También se puede hacer con un ausente, vivo o muerto. Te abrazas con amor y en la mente, o hablado, le dices a ese ser querido: “Este abrazo es para ti”. Puedes abrazar a personas que se hayan distanciado por malos entendidos, como una reconciliación. Quizá con tu ex pareja o con tus padres muertos. Nadie sabrá que lo hiciste y el efecto interior es impresionante.

Abrazarnos resistiendo cualquier cosa que se nos venga a la mente, sin dejar que el temor nos haga renunciar, es un método seguro para lograr que el amor fluya. Y cuando estamos conectados con el amor nuestro sistema inmunitario es prácticamente invencible. También podemos dedicar un abrazo a nuestro sistema inmunitario y decirle: “Gracias porque me has protegido, por ti sigo vivo”.

Nadie puede hacer por nosotros aquellas acciones que nos mantendrán sanos y a salvo. Nadie puede disminuirnos el estrés y la sensación de aislamiento sino nuestra propia intencionalidad de conectarnos. Envío un abrazo de corazón para cada uno de mis lectores.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 



lunes, 4 de noviembre de 2019

EL LOBO Y LA OVEJA QUE LLEVAMOS DENTRO


Solemos creer que nuestra personalidad es algo fijo, siempre la misma, a pesar de tener miles de pruebas de que es flexible, cambiante, acomodaticia e influenciada por el medio ambiente. No es raro presenciar la mutación de un jefe adusto y mandón que en su casa sirve de caballito a su hijo o nieto y tolera que su mujer le grite; o al revés, el hombre o la mujer que con toda la gente muestra un carácter dulce y conciliador y con los suyos es agrio, enojón y exigente. Nosotros mismos nos sentimos distintos cuando estamos solos o acompañados, si vamos vestidos de bata y pantuflas o en traje de etiqueta, a pie o en auto. Me agrada la expresión de Carl G. Jung cuando se refería a “la polifonía del yo”. Somos polifónicos.

No existe eso de “tiene mucha personalidad” o “le falta personalidad”. La personalidad es el estilo peculiar de cada uno para adaptarse a sus circunstancias, y todos tenemos el nuestro. Dicho estilo, a veces sí y a veces no, coincide con la manera en que nos ven o con la idea que tenemos de cómo somos. Por ejemplo, podemos pensar que somos débiles o frágiles y estar soportando situaciones que requieren fuerza y resistencia, o lo opuesto; creernos fuertes y no animarnos a tomar determinado riesgo por temor. Son pensamientos y pertenecen al observador, quien se forma un juicio y cree que así es. Cada uno de nosotros somos también observadores de lo que hacemos y también emitimos juicios.

La mayoría de psicólogos está de acuerdo en que el concepto de personalidad es un “constructo hipotético inferido por los observadores”; es decir, lo que piensa y cree el que está mirando. Otros opinan que es un conjunto de hábitos a los que el individuo echa mano con mayor frecuencia. Están los que atribuyen la personalidad a la forma de educación; es decir, aprendizaje. Y luego, los que incluyen todo lo anterior.

El medio ambiente influye. Por ejemplo: Hay personas que generalmente son amables y en cuanto suben a un auto parecen adquirir la “personalidad” de Hulk: gritan “idiota”, “fíjate por dónde vas”, o utilizan el claxon de manera agresiva. Conducir les ocasiona estrés y temen ser víctimas de otros conductores. Conozco a amigas que saben conducir y nunca lo hacen. “Me dan nervios”, dicen. Un amigo que vino de la Ciudad de México me hizo la observación que tal vez la continuidad del caos ha permitido a los capitalinos poner mayor atención a la fluidez del tráfico que al estrés y parecen decir con su conducta “muévete, pero rápido”, “si cabes, pásale, no hay problema”, “a ver, uno, dos, tres, ya te fuiste”; en cambio, en León, donde los embotellamientos son de reciente aparición, las personas aún no aprendemos a ceder el paso y reclamamos si media cuadra adelante alguien se incorpora en la fila. Esto da la impresión de que somos poco amables al conducir. También se puede pensar que somos novatos en los atascos.

¿Te gustaría que en las calles hubiera puestos de control, como el alcoholímetro, que revisara si manejas de buen humor? Algo como: "¿ha dejado pasar a otros?, ¿va de buenas?, ¿escuchando música?, ¿no se la ha “refrescado” a nadie? Maravilloso, mi estimado, que tenga buen día."

En lo personal, yo preferiría tener mi propio “enojómetro” y bajarle de intensidad voluntariamente hasta donde me sienta feliz, porque opino que la mejor personalidad es aquella que nos permite ser felices y lo menos molestos posible para los demás, dentro de las variantes circunstancias de la vida. Y que qué bueno que la personalidad no es fija, así podemos moldearla a nuestra conveniencia personal y dejar que pasen un auto o dos para aligerar el tránsito.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com




martes, 15 de abril de 2014


VACACIONES

Al menos por tres días y para casi todos, la Semana Santa es tiempo de descanso laboral. Nos preparamos con gusto a disfrutarlo y cada uno decidimos qué haremos durante ese tiempo que nos pertenece solo a nosotros. Es una oportunidad para saber qué es lo que más nos gusta o importa. ¿Reunirnos con la familia?, ¿con amigos?, ¿con Dios?, ¿con el alcohol?, ¿con nosotros mismos?, ¿con la Naturaleza? De cualquier manera, viviremos experiencias de relación: consigo mismo, con semejantes, con el medio ambiente o con la divinidad. Y esta experiencia no nos dejará como estábamos.

Unas vacaciones nos transforman, salimos de ellas con algo nuevo, para bien o para mal, dependiendo de lo que ansiábamos vivir, si pudimos vivirlo y si el haberlo vivido nos pareció satisfactorio, o un desencanto. Quizá preparamos un viaje en grupo, en él nos acercamos unos a los otros y volvemos con el alma nutrida de caricias verbales o no verbales, o lo contrario: la cercanía resultó excesiva, el demasiado tiempo juntos nos llevó a conocer facetas ocultas propias o de nuestros acompañantes, rompemos las relaciones y volvemos sin dirigirnos la palabra. He conocido a personas que luego de un viaje no quieren saber nada de parientes o de antiguos amigos, a veces por años.

Unas vacaciones Nos muestran qué tanta capacidad tenemos para el gozo, la paz y la calma que proporciona la falta de rutinas, o si necesitamos una rígida estructuración del tiempo y sentirnos con multitud de cosas por hacer, porque sin ellas nos percibimos como un tren sin ferrovía, en peligro de una catástrofe.

Las vacaciones nos desaceleran; no hay lonches y mochilas de niños que preparar bajo la presión de que si llegan tarde les cerrarán la puerta de la escuela, ni tenemos que checar tarjeta a la entrada del trabajo; sin embargo, no siempre les permitimos desacelerarnos. Entonces nos es imposible despertar más tarde y necesitamos presionar a todos y a nosotros mismos, porque a lo mejor no hallamos mesa en el zoológico o si no nos levantamos de madrugada nos perderemos la diversión; nos imponemos un itinerario tan apretado que ni el patrón más negrero nos cargaría. Una vez terminada la vacación, nos encontramos más estresados y agotados que al comenzarla.

Las vacaciones pueden ponernos en contacto con Dios; tenemos tiempo para orar, meditar, asistir a los servicios de nuestra comunidad religiosa… También aquí podemos hacer grandes descubrimientos y saber si acostumbramos sentirnos respaldados por La Fuerza, o nos percibimos antagónicos a Ella, quizá perseguidos, amenazados, abandonados o indiferentes; si podemos considerar como oración cada paso, cada respiro, cada placer o dolor, cada intercambio con nuestros hermanos humanos… o creemos que la oración es un proceso arduo y difícil, que tal vez con nosotros no va.

Las vacaciones nos dan algo que no nos deja como estábamos. Deseo a todos felices e inolvidables vacaciones.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

martes, 16 de octubre de 2012

LA MEDITACIÓN


Muchos recomiendan la meditación, ¿por qué es importante?, yo nunca he podido hacerla, dejar la mente en blanco no se me da, me distraigo pensando en lo que tengo qué hacer o lo que me preocupa. ¿Puede hablar algo sobre ella?

RESPUESTA

La meditación es una técnica muy antigua que consiste, esencialmente, en cerrar los ojos al mundo exterior y centrarlos en el interior, de manera que la respiración se acompasa y profundiza y el cuerpo se relaja.

Meditar es un regalo que te haces a ti mismo. Puede evitar que te sumerjas en una estampida frenética en la que ya nadie sabe por qué corre, de qué huye o hacia dónde va. Precisamente cuando estás muy estresado u ocupado, será excelente para ti que detengas tu carrera y te ocupes en centrarte.

Muchas personas creen que es muy difícil meditar, pero no es así; sólo se requiere decidir hacerlo y dedicarle unos minutos al día.  Luchar por poner la mente en blanco es sólo una de las muchísimas técnicas que existen: centrando la atención en algo: la respiración, los pensamientos, un objeto como la luz de una vela o una flor, un mantra (palabra o jaculatoria), un texto sagrado, un rezo repetitivo, una imagen mental, un propósito, deseo, visión, una parte del cuerpo, etc., etc. Lo importante es detenerse y “mirar”.

Para ti, quizá sea una buena idea centrarte en lo que te preocupa. Olvidas lo de poner tu mente en blanco y te dices: “Ahora me concentro en este asunto y lo miro con amor”. Respiras, y mientras el aire entra y sale de tus pulmones, formas una imagen (visual) del tema. No la juzgas ni la presionas para que aparezca, tu mente la creará y tú sólo das permiso para que se forme libremente.

La meditación es utilizada para lograr diversos objetivos. Es mejor tener uno. Por ejemplo, entrar en contacto consciente con la divinidad, la propia mente, el cuerpo, la sabiduría interior, la paz, la salud, la solución para problemas, soltar algo que obstaculiza el propio bienestar, como rencores, preocupaciones, obsesiones, contracturas musculares, etc.

Digamos que tu objetivo es encontrar una solución a lo que te preocupa. Ya con la imagen que formó tu mente, esperas a mirar qué ocurre con ella. Voy a inventar que dicha imagen fue un caballo con muchos lazos al cuello que no lo dejan caminar, unos tiran hacia adelante y otros hacia atrás. No es necesario que una imagen sea tan compleja, puede ser una simple hormiga cargando su hoja, o que te vas de viaje y estás abordando el avión. Como dije antes, no juzgas las imágenes ni piensas que son distracciones, sino que te detienes a mirarlas, especialmente a una. Te cercioras que tu respiración está acompasada y continúas observando pasivamente qué ocurre. Quizá sientas la inspiración de hacer algo, como por ejemplo, quitar un lazo del cuello del animal; lo haces y esperas a observar qué pasa, mientras te vuelves a cerciorar que tu respiración continúa pausada y profunda. Cuando, por los cambios realizados, sientes que la imagen está como tú la deseas, es tiempo de terminar la meditación. Éste es un ejemplo de una bastante larga; es decir, que requiere buen tiempo de concentración. Hay otras que son muy cortas.

Una meditación corta sería hacer algunas inhalaciones profundas, cerrar los ojos, localizar cualquier tensión en el cuerpo y centrarte en disolverla. Al inhalar, dices para ti: “Te amo y te apruebo”. Y al exhalar: “Con amor todo se puede mejorar”. Esto lo repites cada vez que te acuerdas, hasta que sientes que la tensión te abandona y tu ser se armoniza.

Los anteriores han sido sólo ejemplos, pero tu mente puede enseñarte muchas otras formas, si decides concentrarte en contactar con ella, escucharla, mirar o sentir lo que te comunica.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28

 

 

 

 

 

lunes, 25 de julio de 2011

ESTAR AL LÍMITE

Estoy confundida. Por más de 10 años consecutivos he trabajado sin parar, pero ahora que soy mamá, mi deseo de disfrutar mi maternidad y estar con mi hijo es muy fuerte. Siento mucha culpa cuando lo dejo con mi mamá para que me lo cuide. Por otro lado, mi cuerpo me dice que pare, el estrés por el trabajo es muy fuerte y ahora con todos mis roles no tengo tiempo para mí, hacer ejercicio o salir al cine con mi esposo. Él me sugiere darme un año sabático, pero me da miedo, pues de alguna manera estoy acostumbrada a ganar mi dinero, y en plena crisis, después se podría complicar encontrar trabajo. ¿Qué hacer en estos casos?
RESPUESTA
Estás confundida. Por diez años tu camino consistió en trabajar y ganar dinero para ti, entre otras cosas que no mencionas. Ahora, otros caminos se han emparejado con el tuyo: el de tu esposo y el de tu hijo. Aumentaron tus roles a desempeñar, también eres esposa y madre. Sientes que no cabe todo, te ves obligada a llegar hasta donde tus límites permiten y más allá. Algo debe quedar sin atender, porque ni el tiempo ni las fuerzas te alcanzan. Dudas qué cosas elegir para entregarles corazón, tiempo y esfuerzo; es decir, tu vida actual. Estás consciente de tu necesidad de seleccionar entre el exceso de posibilidades, pero te da miedo equivocarte al escoger y que el resultado sea no sólo contraproducente, sino definitivo. Preguntas qué hacer; pero creo que de ninguna manera harás lo que alguien te aconseje, porque dentro de ti ya tienes tomada la decisión. El asunto es saber: ¿la impulsó el amor, o el miedo?
Sea cual fuere la elección que hiciste y que pronto saldrá a la luz, quizá quieras probar a decir en tu corazón, dirigiéndote a tu madre, tu padre y demás ancestros: “Por favor, permitan con agrado que yo confíe en un hombre, lo respete y me apoye en él. Hacerlo no significa que a ustedes los amaré menos. Gracias”. Y luego, a tu esposo, también en tu corazón: “Por favor, sostenme y sujétame si quiero irme”.