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lunes, 19 de octubre de 2020

CREAR IDEAS QUE NO EXISTEN

Muchas veces he dicho que para cada persona lo que cree es cierto, sin que importe lo equivocada que pudiera estar. Lo cree. Que la mayoría de nuestras creencias nos han sido inculcadas por nuestros padres, la escuela, la cultura o la propaganda. Que dichas creencias nos mueven y motivan. Que si las seguimos sin reflexionar acerca de su contenido y consecuencias, seremos como robots programados para repetir una y otra vez la misma conducta aprendida. Que tenemos la capacidad de pensar y crear ideas nuevas, ideas que no existen. Que cuando tenemos ideas nuevas los demás suelen vernos como bichos raros, porque nos apartamos del “sentido común”. El “sentido común” suele ser un conglomerado de creencias compartidas por un grupo y se espera que todos las acepten. Quienes no lo hagan serán castigados con crítica, señalamientos, murmuraciones, condena, ostracismo, aislamiento y en casos mayores, cárcel y hasta la muerte. Hay creencias que tienen siglos y milenios de antigüedad, por ejemplo, la de que es forzoso que unos humanos dominen a otros, tengan derecho a mayores privilegios y determinen cuáles pensamientos y conductas serán considerados correctos y cuáles equivocados. La idea de la libertad personal es relativamente nueva y donde aparece crea grandes disturbios. Ejemplos de ideas nuevas fueron, en su momento, las de la Revolución Francesa: “libertad”, “igualdad” y “fraternidad”. Antes de que las inventaran y debido a la alianza que había entre el clero y los reyes, se creía que la autoridad provenía de Dios y era total; por lo tanto, siendo los reyes dueños de todo, lo distribuían entre sus cercanos y defensores, los nobles. La demás gente debía pagar por sembrar la tierra o vivir en ella. Hubo quienes se negaron a pagar o no tuvieron oportunidad de hacerlo por diversas causas y para sobrevivir se dedicaron al comercio: los burgueses. Muchos se hicieron ricos y de todos modos eran despreciados. Todavía hoy, algunas personas se enojan si las llaman burguesas. Con su dinero hicieron contrapeso al poder de los reyes y del clero y apoyaron las ideas de que la autoridad viene del pueblo y todos somos de igual dignidad. Gran cantidad de gente murió durante el cambio de creencias y, sin embargo, las nuevas no derrotaron totalmente a las antiguas: siglos después, se sigue buscando un soberano que sea el dueño de todo, lo regule y lo reparta. Me refiero al estado. Y se sigue despreciando a los ricos (aunque se les rinda pleitesía y en el fondo se les envidie), culpándolos de todos los males existentes. Lejos de mí está el tratar de defender a los ricos, de ellos no creo que sean santos y tampoco que estén libres de la creencia que estoy describiendo, que es forzoso que unos humanos dominen a otros, tengan derecho a mayores privilegios y determinen cuáles pensamientos y conductas serán considerados correctos y cuáles equivocados. Esta creencia en la dominación la tenemos tan arraigada en nuestras mentes que no se nos ocurren ideas nuevas acerca de cómo formar un mundo de humanos solidarios, compartidos y respetuosos. Entregamos a otros o a caudillos la responsabilidad de lograrlo (aunque sea por la fuerza) y con ello confirmamos la fe no en la libertad y responsabilidad personales, sino en que la dominación es necesaria, como si los dominados fueran niños incapaces de responder por sí mismos o inferiores. Tenemos necesidad de crear ideas que no existen acerca de la organización social y las interacciones humanas. O tal vez ya existan en las mentes de unos pocos, y a esos los consideremos bichos raros porque no se atienen al “sentido común” de la dominación forzosa. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

lunes, 20 de marzo de 2017

CÓMO SON LAS RELACIONES ÍNTIMAS



Todos los humanos estamos relacionados unos con los otros. Cuando compro un vestido o un helado puedo hacerlo porque miles de personas trabajaron en ello: unos me lo venden, otros lo fabrican y otros más obtienen de la tierra las materias primas, sin mencionar a quienes elaboraron las máquinas que intervinieron en el proceso, y más gente. Estoy relacionada con todos pero no de forma íntima; inclusive podría darse el caso que al alejarme de la tienda los despachadores exclamaran: ¡Qué clienta más odiosa!, pero no lo dicen frente a mí, pues lo que sienten forma parte de su intimidad.

Las relaciones íntimas involucran algo del propio interior y del interior del otro, van desde un adentro a otro adentro. Íntimo proviene del latín intimu, que a su vez proviene de inti interior y el superlativo mus (como la terminación ísimo en nuestro idioma). Significa adentrísimo, más adentro de todo, profundo. Íntimo también se utiliza como sinónimo de privado, en oposición a aquello que es público y está a la vista de todos o pertenece a todos. 

Lo íntimo es nuestro, de cada uno, nuestra esencia, y a esa interioridad invitamos o excluimos a determinadas personas. Tiene grados: intimidad física, de la psique y del espíritu.

La intimidad presupone un acercamiento afectuoso, benevolente; opuesto a que alguien se entrometa a husmear con el propósito de robar algo o conocer secretos y divulgarlos o burlarse. 

Los acercamientos íntimos pueden ser leves o intensos. Una mirada, un saludo, una palmadita, un giño, una sonrisa, compartir una cena, invitar a que visiten la propia casa, un beso, un abrazo, una relación sexual, son grados de intimidad física, la cual nos hace sentir que pertenecemos. Si dichos acercamientos involucran al corazón, son intimidad de la psique y tal vez del espíritu, y aumentan la conciencia de sí mismos. En cambio, no son intimidad ni proporcionan nada bueno el estrujamiento en una fila, un pisotón, una relación sexual que no es voluntaria o es producto de una mentira. 

La mentira es una puerta que cierra la entrada y está detrás de otra puerta aparentemente abierta. 

Permitir o propiciar un acercamiento a lo confidencial y privado de los afectos y pensamientos, que forman parte de la intimidad psíquica, es un honor que prodigamos a quien nos parece digno de recibirlo y constituye una ocasión de felicidad, generalmente mutua. Es lo que llamamos tener buenos amigos, amigos íntimos. No sólo nos sentimos conectados, pertenecientes y con conciencia de nosotros mismos, también amados. Este grado de intimidad también puede darse en alguna pareja que además la complementa con la intimidad física ¡qué suerte tan maravillosa!, pero no es demasiado frecuente; algo tiene la exclusividad en el erotismo que dificulta la transparencia que se puede tener con un amigo.

La intimidad del espíritu es tan sublime que puede uno sentirla inalcanzable. Consiste en acercarse con benevolencia a todo ser humano sin excepción, igual como lo hace el sol, que no distingue y calienta igual a los buenos que a los malos. Se dice que quien practica esta intimidad jamás se experimenta solo, porque se sabe conectado con todos en algo más grande.

Concluyendo: para sobrevivir necesitamos relaciones aunque no sean íntimas; mas para vivir plenamente y sabernos conectados, pertenecientes, con conciencia de nosotros mismos y amados, es indispensable abrir nuestra puerta y exponernos a la intimidad, en el grado que podamos consentirla.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez





martes, 21 de febrero de 2017

FRASES CURSIS EN INTERNET



Circulan y se comparten por internet montones de frases cursis que aburren y hacen sentir como que si no me va bien y no soy rico se debe a que no tengo autoestima, que piense de mí que soy maravilloso, que para el humano no hay límites y todo ese rollo. ¿No son frases de megalomanía, delirio de grandeza?

OPINIÓN

Todas las personas intuimos de manera instintiva lo mucho que valemos, de ahí que a ninguna nos gustan el desprecio y la humillación. Nos enojamos si alguien quiere hacernos sentir menos, porque en alguna parte del alma sabemos que todos los humanos tenemos igual valor e igual dignidad, ya se trate de un niño, un estudiante, un maestro, un graduado de algo, un ama de casa, un vendedor de seguros o el presidente de la república. Esto no es megalomanía, sino humildad. 

La  humildad es la verdad; nadie es más ni tampoco menos. Obviamente, cuando hablamos de este valor, no nos estamos refiriendo a lo grueso de sus carteras ni al monto de sus logros, sino a algo más profundo y no material. ¿Qué será?

Busquémoslo por omisión. Aparentemente es obvio que no todos somos iguales. En lo material y para la sociedad, sí hay personas mejores que otras: es mejor una persona rica que una pobre; una cultivada que una grosera; una generosa que una tacaña; una respetuosa que una delincuente. Sin embargo, ante lo no material y más profundo, todas conservamos nuestra igual dignidad de personas. Esto no es megalomanía pero sí la base de una autoestima por la cual podemos decir sin mentira y a pesar de cualquier cosa: merezco amor, soy maravillosa, etc. Se trata de una autoestima instintiva, real, que nunca disminuye y que muchas personas rechazan llamándola egoísmo; pero el rechazo es otro tema.

Lo más profundo y no material nos ha sido dado, no es resultado de nuestro esfuerzo; se trata de la vida y aquello misterioso por lo cual podemos tener conciencia de nosotros mismos.

Ahora voy a darte la razón: Sin referirnos a lo profundo y no material, sí es megalomanía decir que somos maravillosos, que no tenemos límites o que poseemos recursos infinitos, ¿dónde estaría lo maravilloso entre tanta violencia y corrupción?, ¿dónde estaría lo infinito si cada uno termináramos donde acaban nuestra propia piel y nuestro tiempo? Sin “algo más grande” que nos respalde, nos veríamos reducidos al nivel del animal o del insecto, que también poseen excelentes y complejas estructuras biológicas que los mantienen vivos pero no pueden saberlo: no tienen conciencia de sí mismos ni dejan herencia cultural.

Me gusta comparar a nuestro cuerpo y mente con una computadora magnífica y poderosa que sabe hacer muchas cosas bien, pero si permanece encerrada en sí misma, sin conexión a internet, tiene un límite de lo que puede abarcar. En cambio, conectada a la red (lo que equivaldría que los humanos nos conectemos con el espíritu), sus capacidades se ven multiplicadas por un número desconocido de veces, tiene acceso a datos que están en el otro lado del mundo o que pertenecen a otras épocas, puede transmitir las ideas de su creación hasta confines que nunca sabrá qué tan alejados están, y tantas cosas más. 

También pienso que hay personas que viven conectadas con el espíritu pero no quieren admitirlo y se llaman a sí mismas ateas sólo porque no creen en él. Se me figuran a alguien que hace un buen trabajo con datos extraídos de internet, y luego argumenta que los obtuvo solo.

Resumiendo. En mi opinión, las personas somos maravillosas, infinitas, plenas de recursos y dignas de todo amor porque nos respalda “algo más grande”. Desconectada nuestra conciencia de esto, podríamos pensar que diferimos poco de otros mamíferos a cuyo reino pertenecemos y que la existencia sirve para perpetuar la especie y conseguir comida y abrigo.

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