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lunes, 13 de agosto de 2018

CELOS POR LAS REDES SOCIALES


¡Maldito Facebook! Mi esposo me regaló una tableta, me enseñó a entrar al Facebook y me consiguió amigos con los amigos de mi hermana. Para mi mala suerte, intervine en una conversación ajena con un comentario, se comenzaron a pelear y uno escribió: No trates así a la princesa. Mi esposo lo vio y se enojó, que quién me llama princesa. Me salí de Facebook y no fue suficiente, desde entonces duerme en el taller y no me habla, piensa que yo lo engaño. A veces se le olvida pero se vuelve a acordar. Yo digo que él está enfermito de su cabeza, no sé cómo ayudarlo y me siento preocupada, desesperada. Qué hago.

OPINIÓN

Tienes razón de preocuparte, imagino que te gustaría convivir en paz con tu esposo, que él confiara en ti y supiera que no lo engañas. Te sorprende que reaccione de esa manera tan fuerte ante una situación que no llevaba la intención de molestarlo. Fue pura mala suerte.

Voy a suponer que él está celoso; es decir, que te ve muy atractiva y piensa que para todos los hombres del planeta eres así de atractiva como él te ve y, por lo tanto, no ha de faltar alguno que quiera seducirte y apartarte de su lado. Obviamente, él no puede expresar esta verdad tal como la siente porque prevé algún peligro. La pregunta es: ¿cuál peligro?

El peligro debe estar en ti. ¿Qué harías o dirías si de repente él se animara a reconocer lo que siente y a decírtelo claramente? ¿Puedes imaginarlo? A lo mejor no. Esfuérzate e imagina que él te dice: Mujer, para mí eres preciosa y enormemente atractiva, tengo miedo de que encuentres otro hombre mejor que yo y te vayas con él. ¿Cómo imaginas tu reacción? ¿Le creerías? ¿Te sentirías honrada?, ¿o estallarías en carcajadas?

Para los seres humanos es demasiado doloroso manifestar los propios sentimientos y que estos sean rechazados. Entonces, con frecuencia, mejor les ponemos un disfraz. Que no se vean como son, así cree uno protegerse del rechazo.

¿Por qué uno rechaza una declaración amorosa? Puede haber muchos motivos. Mencionaré sólo tres: Si uno cree que es mentira. Si piensa que lleva trampa. Si no siente lo mismo y calcula que le será imposible corresponder.

Sigo suponiendo que el peligro está en ti, porque el celoso es él. ¿Piensas tú que es mentira que en verdad te quiera y tema perderte? Sería cuestión de analizar por qué te es imposible creer que alguien te ama de esa manera.

¿Pensarías que una declaración así oculta una trampa? Sería cuestión de saber qué te enseñaron y has visto con relación al amor. Por ejemplo, que si alguien dice te amo, en realidad está buscando sacarle provecho a una persona o esclavizarla de alguna manera.

¿Sentirías que no te es posible corresponder igual a una declaración así? Sería cuestión de analizar tus sentimientos y no sentirte víctima. Tampoco victimaria. Es frecuente que una persona ame a otra que no le corresponde igual, y sufra por ello. Sucede. Más triste sería engañarla diciendo que uno sí siente lo que no siente.

Por último, qué hacer. Dependiendo de  lo que hayas descubierto en tu corazón, toca decirle la verdad, por hermosa o dolorosa que sea. 

Voy a poner aquí frases de como si hubieras descubierto que lo amas y deseas estar con él, aunque sólo tú sabrás si son verdaderas: Querido: Estamos juntos, voluntariamente, porque queremos, con el propósito de vivir mejor que si estuviéramos separados. Por favor, te pido, que si decides estar conmigo, confíes en mí y me ayudes a ser feliz. Y si no puedes confiar, te pido que me dejes y seas feliz tú, sin mí, porque me molestan tus celos y no vivo a gusto.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 



lunes, 28 de mayo de 2018

BOULLYING parte 2.


Lectores me han solicitado esta parte 2 e incluir qué pueden hacer los padres cuando sus hijos sufren bullying.  Con gusto. Hoy hablaré de los yunques, y en una parte 3, de los martillos (analogía proveniente de la ópera La Vida Breve, que dice: Mal haya quien nace yunque, en vez de nacer martillo).

Ya sabemos que dicha frase expresa una visión específica del mundo y de la sociedad; es decir, la creencia de que unos nacen para recibir golpes y otros para golpear, e ignora otras estrategias de convivencia. Uno se pregunta: ¿Prefiero ser yunque, o martillo? ¿Me gustaría educar a mis hijos para que sean yunques, o martillos?

Puedo asegurar que la inmensa mayoría de padres preferimos que nuestro hijo pegue y no que le peguen, porque estamos dentro de esta visión que ha dado origen a multitud de martillos que nos hacemos la vida desdichada unos a otros, comenzando con los padres y maestros que se sienten autorizados a usar castigos físicos y psicológicos para obligar al pequeño a educarse, en lugar de hacer con él convenios que favorezcan su formación y, si no los cumple, ayudarlo a identificar las consecuencias naturales de su omisión y permitir que las sufra.

El rodeo anterior es para explicar que el bullying  NO es un problema individual del niño, sino de su medio ambiente y en especial de su familia, debido al credo: Mejor pegar a que te peguen. De ahí que si un niño no pega ni se defiende se le considera problemático, en lugar de analizar qué tipo de entrenamientos se le están inculcando.

¿Qué pueden hacer los padres de un niño que sufre bullying? Muchas cosas.

Dejar de verlo como víctima, y a la humanidad como a una selva de enemigos, y cambiar esta visión por la de que el niño tiene frente a sí un reto vital: descubrir y seleccionar a semejantes que, con el trato adecuado, pueden ser amigos.

Presentarle a la familia como un grupo irrompible de amor, apoyo y protección para sus miembros aun si éstos no están o llegaran a alejarse, donde todos se ayudan y cooperan. Él también.

 Exigir al niño que hable para pedir lo que necesita. Opuesto a: Cállate, los adultos estamos hablando. Es importante que aprenda a usar su voz en su propio beneficio. Y cuando hable, atenderlo.

Enseñarlo a encontrar ayudas. Que en la escuela tenga su bolita de amigos. Que permanezca con ellos en los recreos y nunca solo. Que procure pasar los tiempos libres a pocos metros de un maestro, asesor, conserje o cualquier personal de la escuela.

Enseñarlo a gritar. Si alguien lo molesta, que grite lo más fuerte que pueda, sin que importe quién lo oiga: No me robes mi sándwich. No maltrates mi mochila. No me pegues, etc., lo que esté sucediendo.

Enseñarlo a denunciar. No mañana, ni pasado, hoy. Si va al baño y lo molestan, cuando regrese al salón debe entrar gritando: Niños de sexto están en los baños y molestan. Puede ser que la maestra se enfade por la interrupción, pero ya lo dijo. La denuncia es esencial. Que hable con sus padres, con la maestra o el director, cualquiera que pueda ayudarlo.

Enseñarlo a no estar donde cae el golpe. Si ve una riña o una pelea, alejarse y no participar ni tomar partido. Los humanos necesitamos estar alertas y protegernos de los peligros.

Enseñarlo a no caer en trampas y provocaciones. Niños expertos en bullying suelen dar golpes ocultos para que el acosado reaccione y, cuando voltea la maestra, dar la apariencia de que éste comenzó. Prevenirlo que no responda golpes con golpes (aunque nuestra cultura enseñe lo contrario), porque los acosadores suelen ser buenos con los puños, andan en grupos y tienen peleas frecuentes. Que nunca acuda a citas ni se crea de buenas promesas a las que debe ir solo.

Yo recomendaría a los padres (no al niño) hacer una constelación familiar. Con frecuencia se ha visto que un pequeño o pequeña está siendo fiel a un ancestro y se identifica con la víctima, o con el perpetrador, o con ambos. Nadie somos culpables de la historia de nuestra familia pero nos toca como herencia. A veces es necesario que pongamos orden en ella.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51