lunes, 23 de julio de 2012

DESTINOS QUE SE REPITEN


En todas las familias ocurren sucesos que las hacen estremecer. Por ejemplo, que uno de los padres muera cuando sus hijos son todavía pequeños. Los familiares sobrevivientes, que se ven sometidos a estados de angustia y dolor importantes, hacen todo cuanto está en su mano para sobrevivir y volver a la normalidad, pero durante un tiempo quedan incapacitados para darse entre sí el amor que necesitan, como lo necesitan. Su tarea más importante es mantenerse en la vida. No pueden distraerse con otra cosa, por urgente que sea. Más tarde, quizá sus hijos y nietos, que tal vez no recuerden lo sucedido, sólo se dan cuenta de que viven emociones que no tienen relación con la realidad que están viviendo: sienten desesperación aunque les vaya bien, ira injustificada, culpa irracional y cualesquiera otras. Y se preguntan: ¿Por qué no puedo disfrutar de mi bonanza, si tengo todo para ser feliz?, ¿Por qué estoy constantemente enojado sin motivo?, ¿de qué me siento culpable, si he tratado de obrar bien?

La respuestas pueden estar en las experiencias antiguas de nuestra familia, pues nos configuran aunque hayan ocurrido antes que naciéramos, porque nuestros padres nos dan no solamente lo que desean darnos, sino lo que son, su propia historia, de la misma manera que nosotros les damos a nuestros hijos lo que somos, es decir, nuestra historia. No es difícil entender que una abuela que experimentó el dolor profundo de ser huérfana estaba ensimismada, no pudo mirar a la hija tanto como ésta necesitaba y más bien buscó en ella a la madre que perdió; esta hija crece y a su vez tiene hijos, pero no puede mirarlos tanto como necesitan porque está ocupada siendo la madre de su madre; estos hijos se convierten en padres y de alguna manera buscarán repetir el destino de orfandad que recibieron sin pedirlo, tal vez negando la paternidad, desentendiéndose de ella, sufriendo incapacidad para amar a los hijos, viéndose obligados a vivir lejos de ellos, etc.; salvo que ocurra algo nuevo que restituya el orden y permita que la familia quede libre de este destino adverso que nadie desea perpetuar, pero que se ven empujados a reproducir.

La orfandad es sólo un ejemplo, puede haber una gran variedad de eventos que se repiten una y otra vez dentro de la misma familia, durante varias generaciones: abortos, muertes juveniles, accidentes, suicidios, migraciones, reveses económicos,  despojos de herencias, cárcel justificada o injustificada, fracaso continuo e inexplicable, segundos matrimonios, hijos perdidos y tantos más. Cada familia, si estudia su historia, puede descubrir qué hay de recurrente entre generaciones.

Esto que expongo proviene de la teoría de Constelaciones Familiares, técnica de reciente creación que es útil para hacer que ocurra algo nuevo dentro de un sistema familiar, de manera que sus miembros puedan liberarse de lo que llamamos “emociones adoptadas” y “destinos repetitivos”; es decir, de aquello que hemos tomado de nuestras familias por el simple hecho de pertenecer a ellas. El objetivo de Constelaciones Familiares, como en toda psicoterapia,  es  lograr que la vida de cada persona sea la expresión libre, creativa y armoniosa de su ser más profundo.








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