Muchos recomiendan la meditación, ¿por qué es importante?,
yo nunca he podido hacerla, dejar la mente en blanco no se me da, me distraigo
pensando en lo que tengo qué hacer o lo que me preocupa. ¿Puede hablar algo
sobre ella?
RESPUESTA
La meditación es una técnica muy antigua que consiste, esencialmente,
en cerrar los ojos al mundo exterior y centrarlos en el interior, de manera que
la respiración se acompasa y profundiza y el cuerpo se relaja.
Meditar es un regalo que te haces a ti mismo. Puede evitar
que te sumerjas en una estampida frenética en la que ya nadie sabe por qué
corre, de qué huye o hacia dónde va. Precisamente cuando estás muy estresado u
ocupado, será excelente para ti que detengas tu carrera y te ocupes en
centrarte.
Muchas personas creen que es muy difícil meditar, pero no es
así; sólo se requiere decidir hacerlo y dedicarle unos minutos al día. Luchar por poner la mente en blanco es sólo
una de las muchísimas técnicas que existen: centrando la atención en algo: la
respiración, los pensamientos, un objeto como la luz de una vela o una flor, un
mantra (palabra o jaculatoria), un texto sagrado, un rezo repetitivo, una
imagen mental, un propósito, deseo, visión, una parte del cuerpo, etc., etc. Lo
importante es detenerse y “mirar”.
Para ti, quizá sea una buena idea centrarte en lo que te
preocupa. Olvidas lo de poner tu mente en blanco y te dices: “Ahora me
concentro en este asunto y lo miro con amor”. Respiras, y mientras el aire
entra y sale de tus pulmones, formas una imagen (visual) del tema. No la juzgas
ni la presionas para que aparezca, tu mente la creará y tú sólo das permiso
para que se forme libremente.
La meditación es utilizada para lograr diversos objetivos.
Es mejor tener uno. Por ejemplo, entrar en contacto consciente con la
divinidad, la propia mente, el cuerpo, la sabiduría interior, la paz, la salud,
la solución para problemas, soltar algo que obstaculiza el propio bienestar,
como rencores, preocupaciones, obsesiones, contracturas musculares, etc.
Digamos que tu objetivo es encontrar una solución a lo que te
preocupa. Ya con la imagen que formó tu mente, esperas a mirar qué ocurre con
ella. Voy a inventar que dicha imagen fue un caballo con muchos lazos al cuello
que no lo dejan caminar, unos tiran hacia adelante y otros hacia atrás. No es
necesario que una imagen sea tan compleja, puede ser una simple hormiga
cargando su hoja, o que te vas de viaje y estás abordando el avión. Como dije
antes, no juzgas las imágenes ni piensas que son distracciones, sino que te
detienes a mirarlas, especialmente a una. Te cercioras que tu respiración está
acompasada y continúas observando pasivamente qué ocurre. Quizá sientas la
inspiración de hacer algo, como por ejemplo, quitar un lazo del cuello del
animal; lo haces y esperas a observar qué pasa, mientras te vuelves a cerciorar
que tu respiración continúa pausada y profunda. Cuando, por los cambios
realizados, sientes que la imagen está como tú la deseas, es tiempo de terminar
la meditación. Éste es un ejemplo de una bastante larga; es decir, que requiere
buen tiempo de concentración. Hay otras que son muy cortas.
Una meditación corta sería hacer algunas inhalaciones
profundas, cerrar los ojos, localizar cualquier tensión en el cuerpo y centrarte
en disolverla. Al inhalar, dices para ti: “Te amo y te apruebo”. Y al exhalar:
“Con amor todo se puede mejorar”. Esto lo repites cada vez que te acuerdas,
hasta que sientes que la tensión te abandona y tu ser se armoniza.
Los anteriores han sido sólo ejemplos, pero tu mente puede
enseñarte muchas otras formas, si decides concentrarte en contactar con ella,
escucharla, mirar o sentir lo que te comunica.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con
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teléfono 7 63 47 28
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