martes, 6 de noviembre de 2012

TODO YO


Odio admitir que cada vez me parezco más a mi madre; ella dejaba que todo mundo se le recargara y cuando íbamos a visitarla tenía una serie de quejas para contarnos, de personas con las que había sido “buena” y le pagaban con ingratitud. Me está pasando igual, mi marido y mis hijos se recargan en mí, no ayudan, y cuando lo hacen, quieren que les dé en la mano lo que necesitan, que un lápiz, una hoja, bolsa para la basura o cualquier cosa, según ellos porque no saben dónde está, y me sale peor si la sacan por sí mismos, dejan todo tirado y tengo que volverlo a acomodar. Además trabajo y aporto dinero. No sé cómo llegué a esto, me siento agotada y como una bombita de tiempo.

RESPUESTA

Estás agotada y eres una bomba de tiempo. ¿Cuánto faltará para que explotes? Tu familia se niega a ayudar; posiblemente todos ¿tú incluida? creen que la obligación de mantener la casa en orden es solamente tuya. No quieres que esto continúe igual, te asusta, porque en la persona de tu mamá pudiste comprobar que no funciona; ella ha sido demasiado buena con los demás y abusaron de su actitud. Te preguntas cómo con tanto poder, el de ser madre y además aportar dinero, te encuentras en estas circunstancias.

Algunas situaciones que ocurren dentro del hogar tienen su origen en la ideología social predominante en la familia. ¿Podría ser tu caso? Las jóvenes de esta época necesitan preguntarse si quieren seguir una moda del pensamiento que les exigirle ser exactamente opuestas a sus madres y al estereotipo de cómo eran las mujeres de generaciones anteriores; es decir, en lugar de abnegadas, dependientes y sumisas, ser autosuficientes y jamás necesitadas de apoyo, especialmente del de un varón. Parece que es moda pensar que ellas pueden hacer todo solas, en ocasiones hasta tener hijos, mantenerlos y educarlos (literalmente, con inseminación artificial, como madres solteras o divorciadas, o como casadas que cargan toda la responsabilidad); pero ¿en verdad está mejor una mujer que no quiere apoyarse?, ¿que lo hace todo sola?, ¿que nunca pide lo que le hace falta?, ¿que utiliza su poder en dar y dar sin reclamar nada, hasta convertirse en el eje que todos necesitan para sobrevivir?

En las décadas de “liberación femenina”, mi generación y las anteriores lucharon para que las mujeres tuviéramos los mismos derechos que ellos. Nuestro éxito fue indiscutible: entramos a todos los ámbitos del mundo laboral, ganamos dinero y cooperamos con los gastos de la casa; pero faltó algo: estaba ausente el concepto de autoridad y responsabilidad compartidas. Las generaciones actuales siguen trabajando en favor de la familia. En lugar de vivir vueltas hacia atrás y asustarse, creyendo que forzosamente repetirán las situaciones que hicieron sufrir a sus padres o abuelos, o de pretender hacer lo diametralmente opuesto, muchas están inventando nuevas formas de relacionarse. La paternidad compartida es cada vez más frecuente. Se está abriendo paso la idea de que volverse pareja es formar un equipo, en el cual, unas veces toca a uno dar más y otras recibir más, y es necesario llegar a la compensación para que ambos y los hijos vivan una interacción satisfactoria.

Sentirte agotada y como una bomba de tiempo es información; tu alma está gritando que te urge compartir tu poder y responsabilidad con toda la familia. Si piensas que te es imposible, busca asesoría profesional en psicoterapia. Mientras tanto, quizás quieras repetir en tu interior: “En esta familia nadie se recarga en nadie; nos apoyamos mutuamente y nos hacemos cargo de la felicidad común”.

Participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/madolores.hernandez.144

 

 

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