Estuve unos días en Cancún. Vivir la felicidad en un ambiente propicio
es sencillo; basta con dejar fuera de la mente todo pensamiento que ocasione
estrés y entregarse al presente con un deleite infantil. Cuando la mente no
interfiere, y me propuse no dejarla interferir, son los sentidos los que se
encargan de proporcionar raudales de gozo: el calorcito propio de la playa, el
color turquesa del mar, las olas rompiéndose en el dique, la blancura de la
arena, caminar de espaldas al sol, sentir las caricias de la arena en los pies
y del agua sobre la piel, escuchar los ruidos de niños y adultos disfrutando
del movimiento, mirar la enorme variedad de cuerpos de todos los colores y
todas las edades y tipos de trajes de baño que van, vienen, se detienen, se
sumergen, se tienden a broncear; los olores y sabores provenientes de la barra,
las conversaciones con o sin sentido, el cansancio de un día que termina, la
puesta del sol, el anochecer… ¡qué bonita es la playa también de noche, con la
luna demasiado joven en el firmamento y pocas nubes para ocultar las estrellas!
Volcarse en el presente da la sensación de que todo perdura, que uno es
quien se acerca o aleja, capta o no atiende a lo que allí está. Deseé con todo
mi corazón poder vivir así todos los días. No me refiero a estar perpetuamente de
vacaciones y rodeada de un ambiente turístico, sino a ser capaz de permanecer
en el presente donde quiera que me encuentre, en toda circunstancia; a tomar un
libro entre mis manos y entregarme sin tropiezo la lectura, a despertar
con ánimo festivo y prepararme a disfrutar mi día como si fuera el mejor de mi
vida, a convivir y conversar con los demás como si ésa fuera la única actividad
o la más interesante, porque la felicidad está hoy, en el presente; no allá,
cuando consiga esto o aquello, cuando baje de peso, cuando termine mi carrera,
cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando me vuelva rico, cuando rejuvenezca
mi piel… Tampoco está en el pasado, si mis padres que fueron secos conmigo se
volvieran tiernos, si mis maestros que no me apreciaron hubieran descubierto
que yo era una maravilla, si mi primer beso hubiera sido más romántico…
La felicidad está hoy. Miles de personas, muchas extranjeras, viajan
para disfrutar la belleza de Cancún. Mirándolas, yo intentaba imaginar qué
cosas danzaban en sus mentes. Muchas no permitían que sus miradas se
encontraran con la mía; otras sí, y sonreían. En mi corazón les deseé a todas
que disfrutaran del contacto con el agua, el sol, la gente y también se
sintieran tan felices como yo, pues todas estaban gastando allí su tiempo y su
dinero en busca de algo que tal vez sí, tal vez no, alcanzarían.
No hay comentarios:
Publicar un comentario