Dios puso las
piezas (nosotros), aquí en la Tierra.
Lo que hagamos, depende de nosotros; tan sólo de nosotros. Haría mal Dios en
meterse con nosotros, aun con el más leve milagro, ¡el más insignificante! Rey
o pordiosero, eres tan sólo tu propia hechura.
Dios es, sí;
nos sirve de interlocutor… pero NO HAY ECO. Nada regresa de él; ni malo, ni
bueno. Tú, con tus propias fuerzas, te salvas, o caes. Dios puede llorar por tu
conducta errática, pero no te echará una
mano. Todos ─cualquiera, alguien─, puede estar muriéndose de sed; y Dios, con toda la pena, verá cómo se va apagando esa persona.
Lo siento, mi
buen: Dios NADA HARÁ por ti alguna vez; y nada es… ¡nada!
Y pues
conviértete en tus sueños, los más dulces
alguna vez… pero tendrás que usar
tus propias manos. No esperes ayuda o
misericordia de Dios; porque, obviamente, él puede ayudarte… pero no se moverá un ápice de donde está:
contemplándote… tan sólo. Afortunadamente, agregaría yo.
OPINIÓN
Me relatas como percibes tu relación
con Dios. Que Él está en algún sitio, contemplando a los humanos, impasible o
tal vez llorando por nuestra conducta errática, mirándonos morir de sed sin
hacer nada, escuchándonos sin emitir respuesta alguna, y nosotros sin su ayuda
ni su misericordia, batallando por convertirnos en nuestros sueños. Solos.
Estoy convencida de que el Dios que
piensa cada persona es distinto al Dios que piensa cualquier otra. No estoy
afirmando que hay muchos dioses, sino que las imágenes de Él son íntimas y
personales de cada cual, ya que nos es imposible conocer cómo es en realidad; excede
la capacidad de nuestra mente. Sin embargo, nuestras mentes se esfuerzan de
continuo por encontrarlo. A veces, se desaniman y piensan: “Allí no hay nada”.
O fantasean que lo conocen y le atribuyen lo que sí conocen, pero en grande:
“Es todo poder, todo amor, todo inteligencia… súper vengador, súper celoso,
súper cruel, súper irresponsable de su creación…”. Algunos prefieren imaginarlo
etéreo y sin cuerpo, y otros, como persona de carne y hueso, con ojos, dedos,
corazón… tal vez armas, arsenales, dispensarios o sitios adecuados para sus
fines.
¿De dónde sacamos las imágenes que nos
hacemos de Dios? De donde mismo sacamos las imágenes del mundo y de nosotros:
de nuestra familia, nuestra cultura y nuestra experiencia. Algunos autores
aseguran que la relación que guardamos con Dios es una calca de la que tenemos
con nuestro papá.
Como sea que imaginemos a Dios y a la manera
como estamos relacionados con Él, afecta nuestras vidas, la percepción de
nosotros mismos y el sentido que damos a la existencia. No vive igual el
individuo que no tiene a Quién dirigirse y nada puede esperar que no sea fruto
de sus manos, que aquel que, además de su empeño y esfuerzos, se encuentra
conectado con un Poder más grande, del cual es socio. En medio de estos dos
extremos cabe un número infinito de modos de relación. Gracias por enviarme tu
imagen de cómo percibes a Dios, me considero honrada con que me compartas algo
tan tuyo e íntimo.
“Psicología”
es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
, o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario