lunes, 17 de octubre de 2016

CÓMO PUEDO SABER SI NECESITO PSICOTERAPIA



Generalmente, uno lo sabe. ¿Cómo? Se experimenta angustiado, fuera de sí, tal vez perdido, atorado, irritable, desanimado… Dice: “No sé lo que me pasa, yo no era así”, o al revés: “Desde pequeño me pasaba, quería hacer algo y yo mismo lo estropeaba, pero ya no quiero”. A veces, los demás nos lo dicen: “Deberías pedir ayuda, habla con alguien, busca algo, no puedes continuar así…”
 Aun sabiéndolo, puede suceder que alguna creencia se oponga a que pidamos ayuda. Quizá pensamos: “Debo ser capaz de resolver cualquier problema yo solo y sin preguntar. O: “Nadie puede enseñarme nada”, “los terapeutas tienen los mismos o más grandes problemas que yo, ¿en qué me puede beneficiar acudir a ellos?”, “Ir a consulta sería como reconocer que estoy mal”.
Siempre alguien puede enseñarnos algo, si estamos disponibles para aprender, y tener problemas no es equivalente a estar mal; sólo significa que nos encontramos ante uno de los múltiples retos que la vida presenta. Los terapeutas no están exentos de lo que es propio del ser humano; pero poseen herramientas que desconocen los amigos, compañeros o el hombre que atiende el bar, además de ser personas que, luego de darnos un servicio, desaparecerán de nuestra vida; no necesitamos cuidar la relación con ellos.  Y no es cierto que podemos hacerlo todo solos, sino lo contrario; siempre recibimos ayuda, también de gente que no conocemos: el campesino, el comerciante, el taxista… ¿por qué no recibirla si se trata de la salud mental?
Sabemos que los humanos actuamos siempre de la mejor manera que nos es posible, en el momento. Si los resultados no son los que esperábamos, es oportunidad de probar métodos nuevos. No importa lo terrible que sea un problema, las personas podemos asumir nuevas maneras de enfrentarnos a él. Pero necesitamos creerlo, confiar en nosotros, en nuestras capacidades que ya están ahí, en nuestro interior, hoy. Si asistimos a psicoterapia, el terapeuta no podrá darnos algo que no teníamos, pero nos ayudará a que pongamos la mirada en esos recursos que necesitamos y son nuestros; echaremos mano de ellos y nos atreveremos a asimilarlos como parte de la riqueza natural que poseemos.
Cuando nos sentimos atorados, tal vez abrumados por algún suceso, solemos generar un estado de ánimo y de pensamiento que nos lleva a sentirnos mal. Esto es el problema. Si no lo remediáramos, podría convertirse en el inicio de una escalada descendente, como hemos observado en personas desdichadas: se enredan sobre sí mismas de tal manera que arruinan no sólo su trabajo y relaciones, también la propia salud. Al verlas, nos preguntamos: “¿Qué le pasó, porqué ha cambiado tanto para mal?”. No detuvieron la corriente de pensamientos que les jalaba al abismo.
Hay otras razones por las cuales personas acuden a terapia: desean crecer, fluir mejor. A veces no toman una terapia convencional, sino que asisten a cursos, seminarios, talleres, diplomados… Son muy útiles. Lo importante es vivir a toda nuestra capacidad y disfrutándolo, incluso cuando se presentan problemas: podemos reconocernos el mérito de haberlos enfrentado y superado. Si una terapia ayuda a lograr lo anterior, es una buena inversión de tiempo, esfuerzo y dinero que, además, nos ahorra posibles complicaciones futuras de conflictos mentales y enfermedades físicas.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



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