Leí en su columna que somos menos libres de lo que
creemos, y que el libre albedrío se reduce a cumplir de buen o de mal agrado con
el destino, pero qué se entiende por ser libre y por destino.
OPINIÓN
El ser humano se distingue de otros seres vivos por la conciencia de sí mismo, la cual le permite
elegir de manera consciente lo que quiere,
aun si su elección lo pusiera en contra de lo predeterminado por el instinto y si
fuera dañina o errónea. Por ser libre, puede equivocarse.
Hay quienes confunden libertad con hacer lo que a uno le viene
en gana. No; en la libertad humana es
menester que conciencia y elección consciente estén presentes en el mismo acto.
Si faltara alguno de estos dos ingredientes, no sería libertad humana. Van algunos
ejemplos de libertad no humana, que compartimos con los animales.
Una arañita teje su tela. Le viene en gana tejerla; nada
la fuerza, amenaza o coacciona. Mas su
acto no es libre; el animalito carece de opción para negarse o para fabricar
una tela distinta, por ejemplo bordada o de otros colores. Tampoco posee
conciencia de sí mismo.
Un pez hace lo que le viene en gana; se alimenta, nada, se
aparea y desova donde y como corresponde a su especie, de acuerdo con una serie
de “normas” o “instrucciones” grabadas en su interior que le dejan cierto
margen de adaptabilidad. No importa si dicho “instructivo” le fue transmitido
como instinto (mediante su ADN) o lo aprendió en su cardumen por convivencia; el
animal sólo obedece al impulso y no tiene opción de inventar o diferir de su
grupo.
Un lince o un lobo buscan a otros de su especie para
aparearse y formar una familia, ubican a ésta en una madriguera y cuidan de las
crías. No tienen amos, cultura, religiones
ni gobernantes que les enseñen u obliguen. Eligen entre subir o bajar, caminar
o correr, cazar o descansar. Además, siempre enfrentan las consecuencias de sus
elecciones (características de la libertad y a la responsabilidad). Sin
embargo, no son libres puesto que no tienen conciencia
de sí mismos; sólo siguen a su instinto. Por supuesto que es más libre un
ejemplar en su hábitat que otro en cautiverio e impedido para “cumplir con su
destino” de lince o de lobo, entendiendo
“destino” como la esencia de su naturaleza de cuidar de sí y propagar la
especie.
Todo lo descrito se da también en los humanos; pero
trabajar como la arañita o formar y cuidar de una familia como el lince o el
lobo, no necesariamente garantiza que una persona es libre. Pudo haber
realizado lo anterior sintiéndose forzada u obedeciendo como autómata lo que le
dictan el instinto, su familia o su cultura. Quizá a esa persona se le
considere virtuosa y responsable, pero estos adjetivos no necesariamente
significan que sus elecciones fueron y son tomadas desde la conciencia de sí
misma; es decir, porque así lo quiere, de buen grado, a sabiendas que tiene
opción de negarse a ser idéntica a como se le inculcó, deteniéndose a ponderar
los pros y contras de los hechos en vistas a un objetivo, y sólo entonces decide
adquirir o sostener un compromiso.
Muchos humanos no viven de buen grado su destino. Hablan
de sí mismos como víctimas que aguantan algo que no desean soportar, se sienten
hundidos, defraudados o con rabia. De aquí saco yo la conclusión de que somos
menos libres de lo que creemos y que numerosas elecciones son tomadas por
impulso y desde el inconsciente (no desde la conciencia) y a ese nivel
permanecen.
Compartimos con los animales todos los niveles descritos
de libertad, no así la conciencia y la capacidad para elegir conscientemente,
éstas son la frontera más clara entre nosotros y ellos.
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