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lunes, 14 de mayo de 2018

AMOR A SEGUNDA VISTA


¿Crees en el amor a primera vista? Dos se miran y quedan fascinados, posiblemente se digan te amo y tal vez hasta que la muerte nos separe.

Hellinger, el creador de Constelaciones Familiares, dice que el amor a primera vista dura poco porque es un amor sin mirada, pues no miramos realmente al otro, sino que nuestra atención está puesta en una imagen inventada que atribuye al ser amado una serie de características que probablemente no posee. Nuestro anhelo de encontrar a alguien así nos mueve a alimentar la ilusión de que sí es como imaginamos. 

Pasa el tiempo. Quizá la pareja se una o tal vez se case. La cercanía y las circunstancias la obligan a descubrir que no encuentran en el otro todo lo que esperaban. El dolor de ver romperse las propias ilusiones es muy grande. Sufrimos. Entonces, la vida nos plantea un reto: amar a una persona de carne y hueso. 

Las personas de carne y hueso suelen ajustarse poco a nuestros ideales; tienen vida propia. El amor a primera vista fue sólo un empujón, un motor de arranque para la aventura de descubrir al otro. Luego sigue el camino juntos, de intercambio constante, en el que cada uno da lo que es. No puede dar más que eso; lo que exceda es fingimiento, como cuando las parejas realizan enormes esfuerzos para ajustarse a las expectativas del amado, por temor a desilusionarlo. Este esfuerzo continuado cansa y tarde o temprano cesa, como se quema un atleta por demasiada exigencia. 

También duele romper la ilusión de que se tiene capacidad de ser distinto, por amor al amado. Te he dado todo y ya no puedo más, se oye decir, y es verdad: damos lo que somos y eso es lo único que podemos dar.

¿Qué somos? Dice Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias. Digamos que somos una historia de experiencias y de interpretaciones de las mismas. 

Cuando nos encontramos a una persona y la amamos, le entregamos nuestra historia, nuestro corazón, nuestros contenidos mentales de creencias y sentimientos, y también nuestras expectativas. La otra persona las recibe y puede ser que le gusten o que le desagraden, o que sea incapaz de tomarnos. Esto ocasiona nuevos sentimientos, pero así es; cada uno puede recibir sólo aquello para lo que tiene capacidad.

Entonces se da o no se da lo que Hellinger llama amor a segunda vista. Ahora sí, mirar al otro y más allá de él, a su familia y su historia. En este amor, la mujer le dice al hombre y éste a la mujer: Te amo a ti y amo aquello que nos guía a ti y a mí

¿Qué es esto que guía? Un poder más grande que cada uno, incluso más grande que los dos juntos y que los ha puesto en contacto para que realicen algo que tal vez no lleguen a comprender. Puede ser que estén destinados a caminar juntos hasta que la muerte los separe, o que en algún trecho del camino alguno de los dos se siente y no pueda andar más. Sin embargo, lo vivido jamás perderá su valor.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez


lunes, 30 de marzo de 2015

VACACIONES


¡Semana Santa, vacaciones! Muchísima gente descansa. Es agradable sentir “tengo tiempo para hacer lo que yo quiera”. Y cada persona manifiesta qué es lo que más quiere. Algunas viajan: a encontrarse con sus seres queridos, a estar solas o acompañadas en una playa, el campo, la sierra… Otras van a los servicios religiosos para contactar con su Dios y consigo mismas. Algunas más se quedan en casa y aprovechan para leer un libro, ver películas o series, hacer largas llamadas telefónicas, navegar por internet hasta que las vence el sueño, avanzar en un video juego, cocinar su plato favorito, poner orden en sus armarios, guardar en un lugar especial la ropa de invierno… También hay quienes planean vaciar la enorme botella de bebida alcohólica que compraron para dedicarse a consumirla, o esperan pasar el tiempo rumiando sus desgracias… Cada cual lo que prefiere.

El gusto se rompe en géneros, rezaba un antiguo dicho. ¡Qué bien! Ni todos en la playa, ni todos en la iglesia, ni todos en casa. Y cada uno con sus expectativas acerca de cómo transcurrirán esos días en que puede hacer lo que le gusta, expectativas que se cumplirán, de seguro, porque es distinto esperar: “Serán días maravillosos” a “siempre pasa algo que echa a perder el asunto”. Este ingrediente, la expectativa, tendrá una influencia enorme sobre el desenvolvimiento de los días de vacaciones.

¡Por supuesto que cabe la sorpresa! La vida es tan impredecible que en el momento menos pensado nos atraviesa acontecimientos que no esperábamos. También éstos pueden ser influenciados por las expectativas: “No me gustan las sorpresas”, “siempre me incomoda estar en situaciones nuevas”, “no quiero ilusionarme porque después me decepciono”, son pensamientos que impiden que un hecho despliegue todo su potencial. Y lo contrario: “Me emociona la novedad”, “voy a ver hasta dónde llega esto”, “hoy es hoy, mañana ya se verá”, también son pensamientos que tiñen de nuevos colores los sucesos.

Hoy mi propósito es desear a todos los que vacacionan que disfruten profundamente lo que les gusta hacer, y a quienes en estos días trabajan el doble porque su ocupación es atender vacacionistas, que tengan éxito e ingresos aún mayores de los que esperaban. Felicidades a todos.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

martes, 18 de febrero de 2014

LA VIDA ME DEBE


Quisiera decir que estoy pasando por una mala racha económica, sin embargo, para mí siempre ha sido así en todo. Tal vez se relacione con que mis padres me abandonaron  y crecí como hijo adoptivo de una familia de comerciantes que con sacrificios me mandó a una escuela de nivel socioeconómico alto, donde mis compañeros tenían otras exigencias. Me casé y pasado el tiempo me divorcié de una compañera de esa clase social a la que creí pertenecer, lo que resultó falso, pues su familia siempre me vio menos y la apoyaron para que volviera con ellos, no exactamente a su casa, pero sí a las comodidades que precisaba y acostumbraron a mis hijos a un nivel de vida que yo no puedo darles. Me cansé de seguir soportando tanta intromisión y rechazo, nos separamos y nadie pensó en lo que yo perdía: mi familia y mis esfuerzos realizados en los 12 años que duramos casados, lo cual considero una injusticia. Me urge salir de esto.

OPINIÓN
Trato de imaginar qué te duele más: estar separado de tu ex mujer e hijos; comprobar que a los ojos de ellos no puedes competir económicamente con tus ex suegros, imaginarte excluido de una clase social que sentías tuya; sentirte indeciso acerca de a dónde perteneces; modificar las costumbres que te viste obligado a asumir a fin de convivir con tus familias nuclear y política; experimentar la injusticia de que no sean reconocidos tus esfuerzos para adaptarte y ponerte a la altura de las exigencias de que eras objeto; ver truncados tus sueños de formar un hogar bien avenido… Has tenido grandes pérdidas, es posible que sientas que la vida te sale debiendo demasiado. Deseas salir de este remolino que te engulle y te deja sin fuerza.

Puedes observar con cuánto vigor nos influyen los pensamientos que se vuelven ideales. Te has esforzado, primero, por sobrevivir al abandono de tus padres biológicos; luego, por aceptar los dones y expectativas de los adoptivos, a quienes su amor aconsejó inscribirte en una escuela de clase social elevada, y con ello te daban tácitamente el mandato de que pertenecieras a ésta; después, al casarte, por ser “uno de ellos”, de los de la familia de tu ex mujer. Has sido un hombre de ideales, y de esfuerzo.

Los ideales son ilusiones, existen sólo en la imaginación; sin embargo, nos mueven poderosamente. Hay casos en que deploramos tener que dormir, preferiríamos seguir persiguiéndolos. Los ideales se vuelven verdaderos cuando se logran, entonces dejan de ser ideales y también dejan de motivarnos. Realizarlos, o perder la fe en ellos, ocasiona que ya no nos suministren energía y que hasta levantarnos por la mañana sea imposible, ¿para hacer qué?

La gran ventaja de los ideales es que son pensamientos, y por lo tanto, pueden ser cambiados con relativa facilidad. Observa que dije “relativa” y no “gran” facilidad. ¿Por qué “relativa”? Tienen relación con alguien o algo muy amado. Es probable que tu necesidad de lograr un sitio en las clases altas sea expresión de amor a tus padres adoptivos, y/o tus maestros, compañeros y escuela, y/o a la mujer que desposaste y los hijos que tuviste con ella. Dicho amor te hizo querer ser como tus amados deseaban que fueras. Y tú, ¿cómo eres en realidad?, ¿puedes distinguir entre lo que otros desean de ti, de lo que deseas tú mismo?

Creo que la expresión “me urge salir de esto” significa que estás comenzando a distinguir entre los requerimientos ajenos y los tuyos. Probablemente tus amados todavía ambicionan que tú “reacciones y hagas lo que sea” con tal de llenar sus parámetros. Tú quieres salir de ese juego. Y saldrás. Tendrás el valor de pensar: “No tengo obligación de ser rico ni de pertenecer a las clases altas. La vida no me debe ni yo le debo a la vida; ella es un regalo y yo soy el que soy. Me amo como soy”.

Te haría bien buscar ayuda profesional.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

DÍA DE REYES


Según la ilusión e inocencia de los niños, cuando los Reyes Magos se vienen acercando se les puede ver en el cinturón de Orión, montados sobre las estrellas Alnilam, Alnitak y Mintaka. Desde hace décadas, ¡qué digo, centurias!, en la Noche de Reyes, los pequeños en turno han mirado al cielo con la esperanza de un regalo celestial que la imaginación agrandaba  hasta que la alegría era insoportable; no podían esperar más, sólo durmiendo pasaría el tiempo velozmente, pero la excitación no ayudaba a que los ojos aceptaran cerrarse mientras los Magos apresuraban la marcha a fin de llegar a tiempo. ¡Inocencia e ilusión, fuentes de alegrías profundas!

¿En todas las edades? En todas. También los enamorados poseen inocencia e ilusión suficientes para soportar el adorado tormento de estar al acecho de la mirada, el beso o la entrega del amado o la amada. Y sin inocencia, o sin ilusión, es imposible vivir tanta dicha.

Y esa dicha ¿es verdadera, o falsa? Es tan verdadera que cada uno de nosotros podemos atestiguarla: nos estremecía, hubiéramos querido hacer lo que el Josué bíblico pero al revés: no detener al sol, sino empujarlo para que caminara más aprisa. Lo vivido, vivido está y aquellas alegrías no perecen, son experiencias; “lo comido y lo bailado nadie nos lo quita”. Pero después la mencionada dicha “demostró” ser falsa: el regalo no fue el esperado, o el amado resultó distinto del que teníamos en mente, porque la realidad jamás podrá competir con la imaginación. Quienes  tomaron el juguete o el amado con reverencia y ¡otra vez, imaginación! hicieron que uno pasara a transformarse de humilde carrito en cohete o ambulancia y el otro, el amado, en el ser más cotidiano y entrañable, y quienes no tuvieron reverencia ni imaginación, el choque con la realidad se convirtió en desencanto, quizá amargura. La primera dicha no era falsa, fue la segunda la que no llegó a concretarse.

¿Es bueno o malo tener inocencia e ilusión? Ni bueno ni malo, sólo bonito o feo. Niños o grandes que tienen  capacidad para alegrarse con ellas, a sabiendas de que sólo están en la imaginación, sonríen; en cambio, los que exigen que sus pensamientos sean reales, concretos y comprobables, rara vez lo hacen. Y aquí la paradoja: por aquello de la subjetividad, de que cada cabeza es un mundo, nadie puede estar seguro de que tal exigencia no es también ilusión; es decir, un producto de la mente; ni siquiera los ultra objetivos científicos están capacitados para hacer una descripción exacta de la realidad, de ahí que las afirmaciones de la ciencia se modifiquen con los años y los descubrimientos. Entonces, no cabe la pregunta acerca de si es bueno o malo vivir de ilusiones, puesto que nos está vedado desprendernos totalmente de ellas. Más bien tendríamos qué preguntarnos: ¿cómo son las  ilusiones que alimento?, ¿me hacen sentir bien y contento, o que me desgarran y llevan a sentir absurda la existencia? Porque hay de ilusiones a ilusiones, algunas nos inyectan entusiasmo, y otras, veneno. Hagamos votos para que en este 2014, todos engendremos ilusiones de las que hacen sonreír y tener alegría.

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