Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
lunes, 9 de noviembre de 2020
EL HORROR
El horror verdadero no es lo que se siente al ver películas de este género, sino el de una persona que está expuesta a una situación en la que corre peligro su vida (o la de alguien muy amado), al tiempo que se experimenta reducida a una impotencia total; es decir, no puede hablar, moverse ni hacer algo en su defensa. A esta experiencia de horror se le llama trauma psicológico.
No todas las personas sufren con la misma intensidad una situación similar. Si la persona conserva el movimiento (aunque fuera solo temblor), habla de lo sucedido con alguien (sea relatándolo o pidiendo ayuda), o se le ocurre algo que podría hacer al respecto (aun si es fantasioso), el efecto maligno del trauma puede verse reducido. Reducido no significa solucionado.
Hay varios tipos de traumas:
1- Los breves, repentinos e inesperados, como los accidentes de tránsito, asaltos, catástrofes naturales (inundación, temblor, tornado) en los que hay peligro real de perder la vida o la integridad física.
2- Situaciones abrumadoras, persistentes y repetitivas en las que se experimentan desamparo e impotencia totales, como ser prisionero de guerra, víctima de tortura, de abuso sexual o físico, de agresiones constantes en la escuela.
3- Trauma por una pérdida en que la persona se percibe en situación de desamparo e impotencia total: una muerte repentina, pérdida de alguno de los padres por separación, pérdida de los padres por adopción, pérdida de la pareja por infidelidad.
No toda pérdida produce trauma, depende de cómo la percibe la persona. Resulta inútil intentar convencerla de que su percepción está equivocada; es mejor escucharla las veces que lo necesite.
4- Trauma por vínculo inexistente (abandono, perderse en una ciudad extraña). Todo humano necesita desarrollar vínculos emocionales seguros y de apoyo (que alguien conoce su nombre, quiere saber dónde está y contesta el teléfono si le llama). Sin estos vínculos, se experimenta existencialmente desamparado. Para un niño, el apego a sus padres es esencial y resulta catastrófico si los padres no pueden satisfacer esta necesidad. La vinculación a la madre es la base de los patrones psicológicos para todos los seres humanos. La ausencia materna en la primera infancia puede producir
severos problemas de adaptación social y emocional en años posteriores. El síntoma principal del trauma de vinculación es el vacío interior.
El horror de las experiencias traumáticas tiene una influencia prolongada que afecta la percepción del mundo y no se cura solo ni con el tiempo; es necesario hablar de ello con alguien especializado.
Una experiencia traumática siempre tiene algún efecto durante varias generaciones. Una madre o un padre que han sufrido un trauma, inevitablemente transmitirán su experiencia traumática al hijo. La psique humana es un fenómeno multigeneracional en el que, a menudo, los problemas físicos, emocionales y psicológicos de una persona
son consecuencias de enredos en relaciones vinculantes de tres o cuatro generaciones anteriores.
Si nuestros padres o abuelos sufrieron un trauma, nosotros no tenemos la culpa; sin embargo, nos toca liberarnos del tal trauma que acaeció antes de que fuera nuestro tiempo, deslindar lo ocurrido y asumir que somos personas distintas a ellos.
Lo dicho en el párrafo anterior hace parecer que cada uno podemos, solos, con nuestras fuerzas y voluntad, liberarnos de los traumas heredados. No es así; necesitamos ayuda. En las Constelaciones Familiares realizadas en grupo esto se deslinda con cierta mayor facilidad y el alma puede tomar lo que ve y no conocía. El intelecto resulta insuficiente para solucionar los horrores que no vivimos nosotros pero nuestros padres o abuelos sí, y los incapacitó para darnos lo que necesitábamos de ellos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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