Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
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lunes, 12 de julio de 2021
POR QUÉ LOS HIJOS ADOPTIVOS SE ENOJAN CUANDO SE ENTERAN DE QUE LO SON
“¿Por qué me han mentido toda mi vida?”, suelen preguntar ante la revelación de su origen. Están sufriendo una crisis vital de identidad. ><.
Todas las personas creamos un sólido mundo mental en el que nos apoyamos. Sabemos, sin necesidad de decirlo o pensarlo conscientemente, lo siguiente: yo soy tal persona, hombre o mujer; mi papá es así y mi mamá asá; tengo (o no tengo) hermanos; nací en tal parte, mi idioma es tal, mis creencias son tales y mis amigos y conocidos son tal y tal; se espera que cuando yo crezca me comporte de tal y tal manera. ><.
Este mundo mental nuestro nos da identidad. Desde él nos relacionamos como lo hacemos. Luego, en cualquier edad, si algo de ese mundo tiene cambios de importancia, sufrimos lo que se llama “crisis vital”.><.
Al primer impacto en una crisis vital, las personas tendemos a desechar la totalidad del mundo que habíamos construido en la mente, sin distinguir entre lo que es nuevo y lo que sigue igual que antes, y sirve. Solemos actuar como si TODO en nuestro mundo hubiera sido destruido. Por esto el hijo adoptivo suele decir, recién se entera de su origen, “no son mis padres, era mentira. Todo es mentira, ni ellos me quieren ni yo los quiero”. Está expresando su miedo de no ser amado. Un miedo infundado porque, sin que sea posible generalizar, muchos hijos adoptivos suelen tener mejores relaciones con sus padres que algunos hijos biológicos.><.
Algunos padres adoptivos ocultan a sus hijos el hecho de que ellos no los engendraron en sus cuerpos, sino que los eligieron. Este es un secreto importante. ¿Por qué lo ocultan? Generalmente, para proteger al hijo o hija adoptivos de la sensación de no pertenecer. Intuyen lo importante que es para cada ser humano saber a dónde pertenece. También, muy en el fondo, dudan de la reacción del hijo y de la propia y de ambos tener la fuerza suficiente para contemplar la verdad. Este tipo de secretos suele salir a la luz algún día, y entonces, el hijo o hija se sienten traicionados. ><.
Para quien no está implicado en la situación es evidente que todos exageran. Olvidan que debió haber sido muy grande el deseo en esos padres para que buscaran al niño o niña y le cuidaran como si fuera su sangre. Quizá también olvidan que la mutua compañía es una bendición para todos y tienen una familia, aunque no compartan ADN.
Es difícil aconsejar a los padres adoptivos acerca de la edad óptima para revelar el secreto al hijo; las opiniones difieren mucho entre sí. Lo que parece acertado en todas las ocasiones es mantener fija la mirada en el amor que dan y reciben, amor que va a superar cualquier crisis. ><.
Los padres no deben tener miedo si el hijo o hija insiste en conocer quiénes son sus padres biológicos y relacionarse con ellos; los ha idealizado e imagina una gran felicidad en el reencuentro. También les tiene un resentimiento atroz. En este proceso el hijo necesita más que nunca el apoyo de sus padres adoptivos que son quienes lo conocen, lo han acompañado por años y le han entregado lo mejor de sí mismos. ><.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
lunes, 19 de septiembre de 2016
MATRIMONIOS GAY Y ADOPCIONES
Agradezco a las personas
que, en mi muro, por inbox o email, me han pedido expresar mi opinión acerca
del tema que en días pasados estuvo de actualidad: las marchas del movimiento
en favor de la familia vs. el matrimonio legal entre personas del mismo sexo; la
adopción legal por dichas parejas; la enseñanza en las escuelas de que existen
homosexuales y heterosexuales y cuáles son las diferencias.
OPINIÓN
No es ésta la primera vez
que nuestra sociedad se ve estremecida por temas sexuales. Cuando yo era niña se
hizo gran alboroto en contra de que en la enseñanza primaria hubiera niños y
niñas en la misma aula y se incluyera la educación sexual como materia. Los
padres de aquella época pensaban que lo mejor era el silencio y que los
pequeños crecieran separados por sexo. Se asustaban muchísimo. Quienes ahora
tienen cincuenta años o más pueden atestiguar que en aquellas épocas no se
hablaba de sexo en voz alta. ¡Y cuánta curiosidad despertaba el tema! ¿Así es
nuestra cultura, todavía?
Posiblemente algo queda. ¿Seguimos
creyendo que el secreto y la prohibición son los mejores métodos para “hacer
que la gente sea buena”? ¿Nos da curiosidad saber qué sucede en las alcobas
ajenas para luego murmurar o condenar lo espiado?
Hoy se habla abiertamente
de estos temas. Sabemos que en todos los tiempos ha habido homosexuales. Antes,
muchos de ellos preferían morir que reconocerlo. Algunos “hacían el sacrificio”
de casarse para seguir teniendo un lugar en la sociedad. ¿Era aquello
preferible? Luego, si se llegaba a saber la verdad, ¡cuánto dolor en las
familias! Dolor y vergüenza. Porque las parejas y los hijos pensaban, y todavía en
muchos lugares se piensa, que se trata de algo vergonzoso e inmoral. En lugar
de darse cuenta de que es un destino pesado con el cual se debe vivir.
El destino pesado al que
me refiero se vuelve aún más pesado por la intervención de heterosexuales que,
por el hecho de serlo, se catalogan como moralmente buenos. Me pregunto si de veras esperamos que los
LGBTI jamás tengan relaciones estables y pasen su vida buscando, huyendo,
ocultándose y solos por siempre. ¿Es mejor que tengan sexo ocasional? ¿Que
nunca ejerzan su sexualidad? ¿En realidad podemos creer todo esto?
En el fondo me estoy
apartando del tema, pues sólo se trata de algo legal; que un miembro de la
pareja pueda darle prestaciones al otro, tomar decisiones de salud cuando el otro está gravemente enfermo y heredarle aun en caso de intestado;
es decir, que no lleguen los hermanos o sobrinos a reclamar los bienes que
hicieron entre los dos. Y heredar a los hijos que cuiden.
La adopción es el tema que
suscita más controversia. Personas me han escrito: “que ellos vivan como quieran,
pero qué culpa tiene un niño de que sean así, lo que vería”, o: “Un niño tiene
derecho a tener papá y mamá”. No hay que olvidar que todo niño tiene papá y
mamá, incluidos los que nacen por inseminación artificial. Otro asunto es que
los tengan disponibles.
Un menor que necesita
ser adoptado no tiene a sus padres disponibles. ¿Estaría mejor en un orfanato
que viviendo con dos personas del mismo sexo que se aman entre sí y se ponen al
servicio del niño? ¿O con dos
personas del mismo sexo que también tienen dificultades en su relación, como
cualquier pareja heterosexual? Al menos contaría con alimento, ropa y un
domicilio. ¿Dudamos de la educación? ¡Quién sabe qué tipo de experiencias se
vivan en un orfanato, ojalá sean todas buenas!
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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lunes, 13 de julio de 2015
DERECHO A DECIDIR SOBRE EL PROPIO CUERPO
¿Tiene derecho una esposa a tomar anticonceptivos sin que
su esposo lo sepa? La mía lo hace y no tenemos hijos. Cuando lo supe, me enojé.
Ella alega que “una mujer tiene derecho
a tomar decisiones sobre su propio cuerpo”. Que no me salga con eso estando
casados, ¿luego la opinión del hombre no cuenta?
OPINIÓN
Por tus palabras estoy entendiendo que te casaste con la
intención de tener hijos con tu esposa y que, según tu pensamiento, eso quedaba
convenido; pero según el de ella, los seres humanos, como dueños de nuestros
cuerpos, podemos negarnos a ser padres o madres. Ahora, al saber tú que ella usa
anticonceptivos sin tu consentimiento, sientes que pasó sobre tu derecho de
participar en la decisión y que no te está tomado en cuenta como su marido.
Es importante que sepas si deseas encontrar algo que te permita
mitigar la intensidad de tus sentimientos. Sólo manteniéndolos en la intensidad
óptima podemos tomar decisiones convenientes, sin apasionamiento y también sin
miedo. A veces, cuando uno está muy herido, más que solucionar un problema le
importa tener la razón y aplicar justicia, ojalá no sea tu caso. ¿Sabes por
qué? Tener razón no te pone a salvo, sólo lastima tu corazón profundamente y podría
ubicarte como “víctima de una mala mujer” a la que debes hacer algo, ¿castigarla?,
¿abandonarla?, ¿acusarla con alguien?, ¿obligarla a que cambie de creencias?
En nuestra cultura actual se habla mucho de que la mujer
tiene derecho a tomar decisiones sobre su propio cuerpo, y cabe la pregunta:
¿Esto sería atributo sólo de las mujeres, o también de los hombres?
Profundicemos un poco.
Para ser padres se requiere del consenso de un hombre y
una mujer que forman pareja. A veces, aunque ya lo sean, él y ella no saben si
están de acuerdo o no en tener hijos, se dan casos en que la llegada de un
embarazo los toma por sorpresa y hasta entonces hablan del asunto. Sobre este
tema tan importante, nuestra cultura actual tiene normas tácitas e incluso
leyes bastante peculiares: es la mujer quien toma la decisión de que el hijo
nazca o no, como si el padre careciera de importancia; muchas mujeres jamás
enteran al hombre de su paternidad y se
marchan llevándose al hijo, algunas lo abortan o dan en adopción, otras usan
anticonceptivos por su cuenta sin que el hombre lo sepa, y están las que
recurren a la inseminación de un donador para ser madres... Por el lado de
ellos, existen padres que desaparecen diciéndose a sí mismos que el hijo es de
ella y el hombre nada tiene que ver, otros donan esperma, o al contrario, algunos
exigen a la mujer que aborte.
Casi nadie percibe la injusticia de un proceder cuando
éste se vuelve costumbre. Tu caso podría estar relacionado con este tipo de
pensamientos; quizá tu esposa cree que está en lo correcto. Posiblemente ustedes
no lo hablaron con anterioridad y ahora te llenas de sorpresa al descubrir que
ambos piensan distinto.
Todos sabemos que las parejas piensan distinto, puesto
que vienen de familias y experiencias diferentes. Al casarse, lo quieran o no, necesitan
seleccionar qué conservarán, qué desecharán y qué modificarán de sus
respectivos “ajuares educacionales”.
Ahora bien, ha pasado un tiempo sin que ustedes tengan hijos, ¿qué sigue?,
¿deseas separarte de tu esposa?, ¿llegar a algún acuerdo?, ¿preguntarle por qué
lo hizo?, ¿investigar si tiene miedo de ti, de la maternidad o de qué? Este incidente
ha detonado el momento en que ustedes necesitan estudiar cómo nutrir su vida de
pareja o qué es lo que desean vivir.
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martes, 18 de febrero de 2014
PADRES ADOPTIVOS
Mi esposo y yo adoptamos una niña desde recién nacida y
para evitar cualquier problema futuro la registramos como nuestra en lo civil y
en la fe de bautismo. Ahora tiene 13 años y la hemos querido siempre con todo
nuestro corazón. No estaba en nuestros planes decirle que es adoptada, pero a
una prima de mi marido se le salió el comentario enfrente de su hija de la
misma edad que la nuestra y ella se lo dijo a mi niña, le metió dudas y mi hija
me preguntó. Por supuesto que yo lo
negué, le dije que era mentira, porque nosotros quedamos en no decírselo nunca
y me tomó de mucha sorpresa, me sentí terrible, lo comenté con mi esposo y él dijo
un montón de maldiciones contra su prima, yo creo que le va a reclamar, pero ya
lo dijo. Me interesa una opinión.
OPINIÓN
Los padres adoptivos hacen algo muy hermoso al brindar a
una criatura su casa, su corazón, su nombre y su familia, tesoros invaluables.
La acción misma de adoptar les amplía el corazón y aman de manera especial, pues
sin tener la obligación de cuidar y educar a un hijo, la adquieren voluntariamente,
con todos los riesgos de la paternidad que son muchos, más los de manejar y
acomodar la información sobre el origen del adoptado.
Ustedes, como padres adoptivos, han hecho y siguen
haciendo algo grande y bello a favor de su hija adoptiva, pero todavía no terminan; les toca acompañarla
y apoyarla en estos momentos de crisis. ¿Cómo? Reconociendo, validando, respetando y acomodando todos
los sentimientos, ilusiones y desilusiones de todos los protagonistas; es decir, los de su hija, los de ustedes y
los de los padres biológicos. Todos
son reales, respetables y desempeñan una función en la trama, no solamente algunos.
Ustedes, sus padres, son los que pueden ayudar a su hija
a que aprenda a encarar de frente las situaciones que la vida presenta, o bien a
mentirse sobre ellas y tomar decisiones que oculten algo. También le enseñarán
(siempre con el ejemplo) a mirar los sentimientos suyos y de otros con amor y
la mayor serenidad que le sea posible, o a constituirse arbitrariamente como
juez que absuelve o condena. La realidad es que ella solamente recibió la vida
biológica de un hombre y una mujer que se amaron y acercaron entre sí al menos
para concebirla, lo cual es una maravilla que debe agradecer, y de ustedes
recibe los cuidados necesarios para conservar esa vida y hacerla fecunda, y también
esto lo tiene que agradecer. Es deudora de muchos beneficios recibidos. Si
logra dar las gracias por ellos, podrá tomarlos como suyos y hacer cosas muy
buenas en su existencia; pero si les encuentra defecto y en dicho “defecto”
centra su atención, adquirirá la actitud de “nada es suficiente” para ésta y cualquier
otra situación de la vida; en consecuencia, se sentirá “por default” en
desventaja, al percibirse como acreedora (y no deudora) de los bienes reales o
imaginarios que considera debió recibir y no recibió. Esta última actitud es
frecuente en hijos adoptivos y no
adoptivos, y les ocasiona mucho daño.
En cuanto a los papás biológicos, que eligieron entregar
a su hija para que ésta viviera mejor de como preveían viviría con ellos, renunciaron
a su derecho y obligación de padres y educadores; sin embargo, en la fantasía
del hijo, es frecuente que él intente “restituirles” aquello a lo que
voluntariamente renunciaron, aunque sea imposible. Si su hija insistiera en ver
y conocer a sus padres biológicos, y ustedes la apoyan en su búsqueda, les tocará
respaldarla en el dolor y la desilusión que va a sufrir al percatarse de que no
estuvo presente en la vida de sus progenitores y que eso es irreversible, y en
cambio, sus padres adoptivos la están apoyando hasta en los momentos en que
parece olvidarse de la gratitud, y esto porque a pesar de no haberla engendrado
y parido, la aman tal como era y es, la tomaron con todo lo bueno y lo malo que
su corta vida ya portaba, aunque hacerlo los obligue a pasar por crisis como la
que ahora están viviendo. ¿Puede alguien pedir más que esto?, ¿acaso podemos
manipular al destino y determinar las circunstancias de nuestro nacimiento? ¡Cuántos
otros niños sin padres quisieran tener la suerte de ella y ser amados como lo
es ella! Creo que no le hará bien a la niña ignorar su origen, o que ustedes
pretendan suavizárselo; más provechoso le será que confíen en su fuerza y
capacidad de raciocinio.
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