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lunes, 3 de agosto de 2020

OPTIMIZAR NUESTRA SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA Parte 2


En el artículo anterior vimos que cada etapa en la vida del hombre tiene una tarea específica para completar, y que su resultado influye en el éxito de las etapas siguientes; por tanto, en el éxito de la vida completa. Describimos las etapas 1 y 2 del estudio que hizo Eric Erikson. Hoy continuaremos con las etapas 3, 4 y 5. 

Nuestro tema central es optimizar; es decir, buscar la mejor forma de hacer algo con los mejores resultados, en esta pandemia donde la vida parece detenida pero en realidad continúa. No queremos que nuestros niños y jóvenes salgan demasiado afectados de este confinamiento.

Etapa 3. De 3 a 5 años. Tarea: Iniciativa, versus culpa y miedo. Es la edad del aprendizaje psicosexual, afectivo y del comportamiento. Para el niño de esta edad ya existen hombres y mujeres, niños y niñas y otros humanos, y con cada uno se requiere un comportamiento distinto.
La fuerza opuesta en esta etapa es el sentimiento de culpa, que nace del fracaso en dichos aprendizajes. La experimenta el chico cuando no atina qué y cómo hacer o es reprendido en exceso.
El confinamiento, que ojalá termine pronto, afecta esta tarea al privar a los niños de un contexto social más amplio.
Aquí, optimizar consiste en tener claros cuáles límites y normas permiten, alientan y favorecen la iniciativa personal, así como secundar los proyectos que los pequeños inventen.

Etapa 4. De 6 a 13 años: industria versus inferioridad.  Es función de los padres y profesores ayudar a que los niños desarrollen sus recursos personales con autonomía, libertad y creatividad, de manera que el chico sea industrioso y se sepa competente. Lo contrario le ocasiona sentimientos de inferioridad.
En el confinamiento, gran parte de esta tarea está recayendo en los padres. Generalmente, es a la etapa que se le otorga mayor atención y coincide con la escolaridad primaria.

Etapa 5. Adolescencia, de 12 a 20 años. Actualmente, es posible que se extienda hasta los 24 años. Tarea: identidad versus confusión de roles.
El confinamiento afecta de manera especial a los adolescentes al reducirles sus espacios y presentarles un mundo incierto y desolado, limitar su sentido de pertenencia y orillarlos a desarrollar patologías como la depresión o la ansiedad. Ninguna otra etapa se ve tan afectada en sentido negativo como esta.
El adolescente, para saber quién es, necesita de sus pares, de formar grupos, tener amigos, compararse con ellos, competir, cooperar, sentirse parte, explorar, rebelarse contra lo que cree obsoleto y filosofar sobre el mundo mejor que puede crear.
Lo opuesto a la identidad es la confusión de roles. En este punto, el trabajo de Erick Erickson, que fue publicado en 1982, ha sido objeto de numerosas refutaciones de parte de las teorías de género. Sin embargo, queda fuera de toda polémica la importancia de que el adolescente logre una identidad consigo mismo, y sea consciente de la importancia del papel que desempeñará en el mundo y para la humanidad.
Optimizar, en esta etapa, es secundar la búsqueda constante que hace el muchacho de un nuevo perfeccionamiento del amor y la amistad, de la profesión, de la cultura y de la fe. Puede lograrse mediante conversaciones, rutinas, metas o proyectos que posibiliten y estimulen actitudes propositivas en las que el adolescente pueda tener fe y ser fiel y que, además, lo mantengan en contacto con sus pares, con las debidas precauciones de seguridad y sanitarias. Ya que es difícil que tenga prudencia, presentarle esta como una colaboración a un mundo mejor.

En el próximo artículo veremos las etapas 6, 7 y 8. Deseo para cada uno de mis lectores la máxima optimización de su vida durante esta pandemia y después.

Agradezco la colaboración de la  Psic. Irma Campos Escalante, directora del Instituto de Desarrollo Humano de León, A.C.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com




lunes, 2 de mayo de 2016

LA TRANSFERENCIA



Más de un año en psicoterapia y me está pasando algo chistoso, a veces siento como atracción de novios por mi terapeuta. Yo tengo 27 y él es un hombre medianamente joven, muy preparado y consciente. Primero pensé en no acudir más, pero después me propuse enfrentar y entender lo que me pasaba. He estado a punto de confesarle mis sentimientos y no lo he hecho porque no quiero hacer el ridículo. ¿Qué sería lo correcto? Abandonar la terapia así nada más sería para mí como quedarme sin esa ilusión.
OPINIÓN
Dices que la psicoterapia se te ha convertido en una ilusión. La ilusiones son bonitas, ¿verdad? Hacen que nos sintamos contentos y con alegría, inclusive cuando nos apartan de algún objetivo previo. Con las ilusiones nos sucede como cuando encendemos la computadora para trabajar y nos sale en Facebook una novedad o una foto interesante: olvidamos el trabajo y nos divertimos. ¿Cuál era tu objetivo al acudir a psicoterapia, sentir bonito o lograr una transformación en ti? ¿Quieres seguir profundizando, o prefieres divertirte? Supondré que respondiste que profundizar y transformarte.
Bien. Es indudable que tienes sentimientos y que éstos nunca pueden ser calificados de buenos ni de malos.  Estás consciente de que existen. Los interpretas como “atracción de novios” y te preguntas si lo correcto es hablar de ellos. Pues sí, lo es. Necesitarás mantener tus ojos muy abiertos a la reacción de tu terapeuta y a la tuya; lo más probable es que juntos estudien dichos sentimientos para comprender algo de suma importancia para ti y, cuando lo logres, vuelvas a la serenidad. En caso contrario, si él te correspondiera, automáticamente se pondría fin al tratamiento: la psicoterapia es incompatible con intereses de otro tipo.
Tal vez ya has escuchado hablar sobre lo que los terapeutas llamamos “transferencia”; es decir, reactivar un programa que se vivió antes con una persona y revivirlo con otra. Podría ser tanto de amor como de odio y cualquier otro sentimiento. Sólo es revivir. No es nuevo, sino repetición. Cumple determinadas “funciones” como brindar otra oportunidad de solucionar lo que quedó pendiente, aclarar una confusión de sentimientos o… impedir que un sentimiento llegue a ser viable.
Confusión de sentimientos es cuando a toda una gama de ellos les aplicamos un solo nombre o interpretación. Por ejemplo: tenemos envidia, frustración, desencanto, añoranza o algún otro desagradable y pensamos: estoy enojado. Experimentamos simpatía, afecto, orgullo por un logro, afirmación del propio ser, afinidad, colaboración en una tarea, o algún otro que produzca una sensación agradable, y pensamos: me estoy enamorando. “Enojo” y “enamoramiento” serían generalizaciones que impedirían saber cuál es el sentimiento real. Basta con detenerse hasta encontrarle el nombre adecuado y el problema se ve con nueva luz.
Mucho más complejo que lo anterior es manejar los sentimientos de tal forma que nunca puedan ser viables. Usual en la adolescencia, sucede en cualquier edad; se enamoran de personas inalcanzables porque están casadas, presas, incapacitadas, viven en otra ciudad, pertenecen a un estrato social muy distinto, etc., etc., como la bella salmantina de “El seminarista de los ojos negros”, que amó a un muerto hasta su propia muerte y no tuvo necesidad de vérselas con un amado de carne y hueso, que le plantearía más retos que alguien que nunca está y no puede dar ni pedir nada. Lo mismo en sentido opuesto, odiar pero arreglárselas para no llegar al crimen ni a la venganza abiertos que tendrían graves consecuencias, externas e internas.
Te deseo éxito en tu investigación.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

domingo, 13 de septiembre de 2015

INTELIGENCIA SEXUAL



Algunas personas opinan que sexo e inteligencia son antagónicos. Con frecuencia se lee que enamorarse es caer en una locura temporal que lleva a cometer errores graves. Hay quienes aseguran que la sexualidad en sí es un problema sin solución, y que el mundo estaría mejor sin ella. Existen individuos exitosos en muchos ámbitos pero cuya vida sexual es un desastre: no logran pasar de segunda base; completan carrera y luego arruinan la relación aunque ésta les importe; pagan costos muy altos por tener pareja y quedan en bancarrota; se obsesionan de tal manera por lo sexual que abandonan las otras esferas de su vida; y podríamos seguir poniendo ejemplos.
Expertos opinan que ser sexualmente inteligente, es decir, tener una vida sexual buena, no depende de la suerte, de la belleza o del sex appeal innato; sino de habilidades que las personas podemos adquirir. Si definimos a la inteligencia como la capacidad para resolver problemas adecuadamente, entonces, la inteligencia sexual es la capacidad que nos permite vivir una sexualidad plena.
En la vida cotidiana, el párrafo anterior suena más a utopía que a realidad. ¿Qué está pasando? La sexualidad como materia de estudio ha obtenido menos atención de la que merece, tanto en el campo educativo, de investigación, de difusión de contenidos científicos y en la formación de valores. En muchos ambientes es tabú mencionarla, todavía.
Solemos creer que sólo en los siglos pasados la sexualidad estuvo plagada de ignorancia, conocimientos distorsionados, inhibiciones, prejuicios, mitos, miedos… y no es así. Hoy, lo más frecuente es que siga reprimida, desconocida y despreciada, mediante el bombardeo de imágenes, insinuaciones, mezcla de materiales eróticos y pornográficos, confusión de conceptos, exceso de información y de oportunidades… todo esto forma una nube oscura que nos impide mirarla y apreciarla en toda su magnitud.
Es grande la dificultad para descubrir lo esencial, lo verdaderamente valioso que nos llevará a vivir una vida sexual plena y satisfactoria. Creemos que son sólo los jóvenes quienes están sumergidos en la confusión descrita; pero sin duda ellos tendrían más claridad si la poseyeran sus mayores y si vieran a éstos reverenciar a la sexualidad y vivirla de manera satisfactoria.
Hoy ya no creemos, como Freud, que la sexualidad es el motor de todo cuanto hacemos; sin embargo, no podemos negar que en ella puede darse la reconciliación del yo con el otro, que nos relacionamos con las personas y las cosas como seres sexuados, hombres y mujeres, y que de esta fuerza dependen la supervivencia de la especie y nuestra felicidad personal y familiar.
Mi colega, Liz Altamirano, impartirá un taller sobre La Inteligencia Sexual y cómo potenciarla. Comenzará en septiembre y constará de 16 sesiones en ocho semanas. Está abierto jóvenes y adultos, no adolescentes.
También en septiembre dará inicio nuestro Diplomado de Constelaciones Familiares. Sesionará los sábados y domingos primeros de cada mes, durante once meses. En las semanas que no hay sesión, el estudiante contará con material en la plataforma de Internet para explorar en casa, de manera que pueda ver la teoría reflejada en las prácticas que tendrán lugar durante el tiempo presencial.
En todas partes hay personas interesadas en lograr que nuestro mundo sea mejor. La presente es nuestra colaboración para que el cambio se dé en el interior de la persona y desde ahí salte a la comunidad. Por una vida cada vez más armoniosa en el planeta.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.