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lunes, 5 de diciembre de 2016

CAMBIO DE RELIGIÓN



Recibí varias opiniones relacionadas con el tema de abandonar la religión de los padres y adoptar otra. Gracias. Al parecer es un fenómeno actual que preocupa y estremece a las familias donde se presenta. Me permito transcribir una que me pareció particularmente interesante y cuyo autor, el ing. Luis Jaime Hernández Lozano me dio autorización de publicar. Gracias, ingeniero, por su amabilidad. Incluyo su aportación:
Leí con mucho interés su artículo titulado “MI HIJO SE CAMBIÓ DE RELIGIÓN” y me gustaría hacerle los siguientes comentarios:
La tarea que como padres realizamos con nuestros hijos se puede describir en tres funciones: cuidarlos,  proveerles lo necesario y educarlos. Por supuesto que en esto último influimos y les comunicamos, aún sin saberlo, su visión y percepción general de la vida, particularmente en su SISTEMA GENERAL DE CREENCIAS,  dentro de  las cuales se encuentran las ideas religiosas que profesamos.
En el ejercicio de ésta educación, sostenemos una relación continua de padres a hijos que pudiera resumirse en 5 etapas.
1.    Complacer los hijos a los padres (bebés)
2.    Obediencia de los hijos a los padres (niños)
3.    Negociar los hijos con los padres (adolescentes)
4.    Rebelarse los hijos a los padres (jóvenes)
5.    Decidir responsablemente en forma independiente (adultos)
Estas etapas en la relación de padres e hijos, se dan en diferentes edades y muy particularmente la última,  cuando los hijos toman la  decisión de separarse de la casa paterna para formar su  propia familia.
En el caso que usted menciona,  es claro que el hijo se encuentra en esta última etapa, por lo que se debe de ACEPTAR  la decisión que ha tomado, aunque él la debe de entender y responsabilizarse de los efectos, consecuencias o beneficios de la misma.
Sin embargo, no obsta  que a manera de sugerencia se le pueda hacer la siguiente pregunta:
“¿Hijo, has tomado la decisión de cambiar de religión después de haber estudiado en profundidad la tuya y no dejarte satisfecho las enseñanzas y creencias que te inculcamos como padres?”. O bien: “¿Cómo, si nunca te interesó  estudiar y profundizar el conocimiento de tu fe, ahora te parece más atractiva y novedosa otra religión?”.
Cualquiera que sea su respuesta, se debe de RESPETAR la misma, pues sólo estando en esa actitud pueden los padres mostrarle que lo siguen AMANDO INCONDICIONALMENTE, aunque su hijo no piense como ellos.
Hasta aquí la opinión del ingeniero Hernández Lozano. Apoyo sus palabras y recalco la importancia de las cinco etapas que señala, las cuales son normales pero en ocasiones asustan a algunos padres, especialmente las dos últimas. Les hacen temer que sus hijos ya no son tan buenos como solían serlo, cuando en realidad éstos sólo están mostrando que han crecido y están explorando la vida por su cuenta.






martes, 26 de agosto de 2014

NO ES CULPA MÍA


Hay ocasiones en que la expresión “no es culpa mía” es irresponsabilidad, y otras, la única manera de salir de un embrollo insoluble. Importa saber discernir unas de otras.

Todos tomamos las decisiones que en su momento parecen acertadas, optando por “lo mejor” o “lo menos peor”; pero a veces estamos desprevenidos o nos fallan los cálculos y, posteriormente, vemos que cometimos un error por el que nosotros o alguien más debe sufrir. ¡Cuánto nos duele equivocarnos! Para evitar que nos duela, con frecuencia decimos “no es mi culpa”, aunque lo sea; buscamos dis-culpas. Podemos encontrar alguna muy persuasiva, que deje a todos convencidos de nuestra inocencia, pero el alma sabe la verdad: somos culpables de haber actuado de un modo distinto al que nos inculcaron. Tenemos dos opciones: 1) Decir o pensar: “Sí, lo hice, soy responsable y asumo las consecuencias”, o 2) “No es culpa mía, este dolor no es mío, las consecuencias no son mías, me quieren culpar injustamente, soy víctima”. En este caso, la “victimez” abre las puertas a toda clase de malestares, porque las consecuencias han de venir, nos gusten o no, y gastaremos nuestra energía en negar lo que es.

Las situaciones en que la expresión “no es mi culpa” es verdadera y sanadora, se refieren al destino.  Un ejemplo extremo: imaginemos a una mujer cuya abuela murió en el parto de una niña, que sobrevivió. Por supuesto que nadie quería matar a esta abuela, solamente sucedió, pero la familia se ve sometida a dolor y tensión terribles y tal es el medio en que la criatura debe crecer, necesitada de que alguien se haga cargo de ella y la consuele. Sería muy sanador si la pequeña pudiera decirse a sí misma: “Esto no es culpa mía”. En fin, creció, se casó y tuvo a su hija, la mujer que habíamos imaginado al principio, a la que la madre, sin querer ni darse cuenta, hace partícipe de su dolor, desolación y desconocimiento de cómo es una buena madre, puesto que no lo experimentó en sí misma. También para la nieta sería muy sanador que pudiera decir: “Esto no es culpa mía, este dolor pertenece a mis abuelos y a mi madre”. Del destino nunca tenemos la culpa, sin embargo, seguimos siendo responsables de todo cuanto nuestra mente y nuestro cuerpo hagan, en el sentido de que vivimos consecuencias de felicidad o infelicidad.

Esto pertenece a la práctica de Constelaciones Familiares, por eso digo que en ellas podemos modificar actitudes. Si la nieta logra no solo comprender, sino sentir el dolor que ella está llevando y que no le pertenece, y a través de representantes lo devuelve a los dueños, los abuelos y la madre, con todo el amor que es capaz, puede experimentarse libre de un trauma que sucedió mucho antes que ella naciera.

A propósito de Constelaciones Familiares, nuestra sesión gratuita del viernes pasado estuvo muy bien, con lleno completo. Lo único que sentí fue que personas se quedaron afuera, porque solamente las que habían llamado y reservado pudieron entrar. Para reparar un poco esta contrariedad involuntaria, este viernes 29 haremos otra sesión abierta, sin costo, de entrada libre, a condición de que antes llamen al 763 02 77 y reserven su lugar. Y a quienes vinieron y me manifestaron tanto amor, muchas gracias, sus palabras todavía nutren mi alma.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

martes, 3 de septiembre de 2013

TOMAR UNA DECISIÓN


Soy soltera, de 28 años, tengo pareja, soltero también él y no vivimos juntos. A mi edad, accidentalmente salgo embarazada y he comenzado a tener problemas con mi pareja, él me culpa, porque no planeábamos esto. Yo tampoco entiendo cómo pudo pasar, pienso que no fue una decisión de ninguno de los dos y que no estamos listos para tanta responsabilidad. No sé qué hacer. Él opina que debemos abortar y a mí me espanta igual acceder y no acceder, no puedo imaginarme como mamá, cambiaría toda mi vida, y tener que decirles a mis padres  y luego las murmuraciones y que yo lo obligue a él a una responsabilidad que no desea, pero yo sola me parece imposible.

RESPUESTA

¿Tú sabes qué empuja al vapor a subir hasta las nubes?,  ¿y al agua para que corra siempre hacia abajo? Hay fuerzas, las entendamos o no, que conducen el universo. Entre ellas está el instinto. Si este poderoso impulso no nos empujara, nunca tomaríamos cargas tan enormes como tener hijos o formar una familia, no tendríamos fuerza para enfrentar un parto ni motivación para entregarnos a satisfacer necesidades de otros seres que no somos nosotros mismos. Quiero decir que somos empujados también por dentro, no solo por la gente, la costumbre o el deber. Dices que este embarazo no fue decisión de ustedes dos, y yo me pregunto entonces de quién fue. ¿Del instinto? Él está al servicio de la vida y te ha hecho una invitación a un cambio drástico en tu existencia. ¿La aceptarás? No lo sé. ¿Trataré de influir en ti para que te inclines por el sí o por el no? Creo que en lo más profundo y secreto, tu decisión ha sido tomada. Cuando es así, atendemos sólo aquellos consejos u opiniones que coincidan con lo decidido. También podemos cambiar de elección, pero desde adentro. Desviaré mi respuesta hacia otros puntos que me llaman la atención en tu relato.

Utilizas las palabras “acceder o no acceder”, en este caso, a la opinión de él, de abortar. ¿Son palabras justas? ¿Significan que él decide y tú lo sigues? ¿Estás pensando que la responsabilidad es sólo suya? Porque ambos son adultos, no solamente él, ni solamente tú.

Más adelante incluyes entre tus temores: “que yo lo obligue a él a una responsabilidad que no desea”. ¿Crees que alguien puede obligar a otro a que se sienta y comporte como persona responsable? Si obligar fuera posible, el sujeto obligado seguiría siendo irresponsable, y en el momento en que la amenaza o la presión desaparecieran, hará lo que quería y no le fue permitido.  Me pregunto si piensas que la responsabilidad no es inherente para él y para ti, sí. ¿Acaso opinas que los hijos son sólo de las madres?

Estas situaciones en que la vida nos pone en la necesidad de tomar decisiones importantes marcan un hito en nuestro desarrollo; cambiamos. El cambio es hacia una mayor o menor armonía con nosotros mismos. Te deseo que tu armonía aumente cada día.

El próximo viernes 6 comenzaremos nuestro Diplomado de Constelaciones Familiares, para la reconciliación de las personas con su origen y su historia. Pido a los lectores que nos deseen éxito.

 

 

 “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

martes, 25 de septiembre de 2012

LUZ EN LA OSCURIDAD


Es el segundo aniversario de la muerte de una sobrina que se suicidó. Todos en la familia hemos sufrido trastornos muy grandes a causa de eso, yo pienso que sobre todo los hermanitos de la muerta, quién sabe cómo se han de sentir, mi hermano está flaco que nos da miedo que se ponga diabético y la mamá, mi cuñada, se puso tremendamente gorda, casi creo que fue por eso. Yo estoy muy preocupada, quisiera poder hacer algo porque toda la familia se puso en desorden.

RESPUESTA

Qué dolor tan grande que muera un miembro de la familia, más si el miembro es joven, y se multiplica cuando la muerte fue por propia mano. Los familiares  se ven sumergidos en un mar de sufrimiento que parece inagotable y se preguntan ¿por qué?, tratando de encontrar culpables. A veces se enojan con Dios. Durante un tiempo sienten que no pueden continuar viviendo bien, como si no tuvieran derecho a estar saludables y alegres mientras uno de ellos, el muerto, sufrió en tal medida que puso fin a su existencia. Entonces se forma un círculo vicioso que les impide luchar por sobrevivir y reinsertarse a la vida, como si todos se hubieran muerto aquel mismo día, junto con el ser amado.

¿Puedes hacer algo? Sí. Antes de tratar de influir directamente sobre los que consideras más afectados, por ejemplo los hermanitos de la difunta, tu hermano o tu cuñada, necesitarás ponerte bien tú, porque nadie da lo que no tiene.

¿A qué me refiero? A que todos tienen sus miradas puestas en la tragedia y no pueden separarlas de allí. También tú. Alguien dijo que es mejor encender un cerillo que maldecir la oscuridad. Esta muerte los metió a la oscuridad, también a ti. Necesitas encender una lucecita. ¿Cómo?

Es imprescindible que te des cuenta de que tú y los demás familiares siguen con vida. Luego, que voluntariamente vuelvas tus ojos hacia lo que la vida significa. Entonces, en tu corazón, dices: “Yo me quedo”. Para despedirte de tu sobrina, en tu mente la miras y le dices: “Respeto tu decisión. Estabas en tu derecho de decidir lo que te pareció mejor, aunque no haya sido de mi agrado. Me duele lo que hiciste. Ahora estás muerta. Tu tiempo terminó; el mío continúa. Por favor, mira con buenos ojos que yo siga viviendo. Te dejo en donde te toca estar y yo me ubico en donde a mí  me toca estar. Siempre te amaré, con el dolor que tu ausencia me ocasiona. Renuncio a tratar de resolver este enigma y me entrego a vivir”.

Es probable que necesites varios intentos. Si tú logras reinsertarte en la vida, puedes ser como el accidentado que cae en un río junto con otras personas, pero él logra nadar hasta la orilla; entonces, desde tierra firme, lanza una cuerda o un salvavidas a los que se están ahogando, o corre a conseguir ayuda.

Quizá prefieras ser asistida en este proceso de soltar la muerte y tomar la vida. Puedes obtener esta asistencia haciendo una Constelación Familiar del evento. El proceso será similar al que te describí y probablemente habrá más información que te ayude.

Deseo que tú y los tuyos puedan volver a tener una vida buena y satisfactoria.