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lunes, 12 de agosto de 2019

GRILLETES MENTALES


Hace mucho, en mi primer año como maestra de jovencitas de 13 a 16 años que estudiaban para secretarias, sucedió algo que no olvido: se trabaron en una acalorada discusión acerca de los papás incomprensivos que no les daban permiso de asistir a un “café cantante” en el que iba a estar una estrella de moda. Se perdió la disciplina, mezclaron los temas y entre ellos salió también la molestia que les causaba que hicieran drama cuando se tardaban diez o quince minutos después de la hora convenida. El alboroto crecía hasta que María Elena, una alumna callada, casi invisible, dijo algunas palabras que muy pocas oyeron y las hizo enmudecer y sentarse. “¿Qué?”, preguntaron las demás al notar el cambio. “Diles lo que dijiste”, pidieron a María Elena. Y ella repitió: “Ya quisiera yo tener a alguien que pregunte dónde estoy y qué hago”. Entonces nos contó que había perdido a ambos padres antes de comenzar el curso, y el juez aún no definía si ella iba a vivir con algún familiar o en una institución. Nadie siguió alegando sobre las injusticias familiares.

Buscando en Internet a Víctor, el “Salvaje de Aveyron” (1799), encontré que se han conocido al menos doce casos de niños que, abandonados a su suerte, crecieron entre animales igual que Tarzán, el personaje. Es difícil imaginar cómo pudieron sobrevivir, solos, en un ambiente tan inhóspito y peligroso como es la naturaleza; pero, en fin, ahí estaban, vivos, cada uno con su historia misteriosa que nunca podremos comprender en totalidad. Caminaban en cuatro patas, no sabían hablar, mostraban gran resistencia para la intemperie, se alimentaban de cosas crudas y les era extremadamente difícil la convivencia con los humanos. Uno que sí pudo recuperar el habla dijo años más tarde que su experiencia más terrible fue cuando lo encontraron y lo encerraron. 

La mayoría de nosotros nacemos y crecemos sin dar demasiada importancia al hecho de pertenecer a una comunidad bien definida llamada familia, que a su vez está inserta en una sociedad y una cultura. Esta afortunada circunstancia nos vuelve los seres humanos que somos, ya que la genética no basta (algunos científicos opinaron que los niños salvajes pertenecían a una sub-especie), es absolutamente necesaria la influencia ambiental de convivencia con otros seres humanos.  

También una experiencia tan atroz como la referida por la alumna con que comencé este artículo, forma parte de la historia y la identidad de quien la vive. Puede volver a la persona extremadamente fuerte, o vencer su resistencia y convertirse en trauma. Lo mismo cualquier otra que consideremos horrible o insoportable; puede volvernos más compasivos y capaces de comprender el dolor humano... o amargados, despectivos y desconfiados.

Mucho se habla de que la sociedad está enferma y posee tendencias terribles hacia el mal, que “el hombre es el lobo del hombre” y otras “linduras” que es imposible refutar, y sin embargo, es nuestra cuna, nuestro troquel, la fuente de la que nos nutrimos en la infancia y después. A veces pensamos: “Soy así porque con mis padres me faltó... o me sobró...”, y es cierto, pero...

¿La configuración que recibimos es definitiva? ¿Si nuestra lengua materna es el español, nunca podremos hablar en inglés, francés o chino?, ¿si crecimos en la pobreza y la penuria, nunca podremos tener una vida digna y holgada?

Junto con las maravillas que nos han sido entregadas por nuestra pertenencia a la familia y la cultura, como el idioma, los métodos para satisfacer nuestras necesidades básicas, los inventos, etc., etc., también recibimos los llamados “grilletes mentales”; hábitos y creencias que nunca han sido cuestionados por nuestra conciencia. Estos grilletes suelen ser de “sentido común”; es decir, pensamientos compartidos por los grupos en los que nos desenvolvemos y cuyos miembros pueden ver con malos ojos que los pongamos en duda, y peor aún que intentemos liberarnos de ellos. ¿Valdrá la pena dejarlos sin examinar? 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 


lunes, 15 de noviembre de 2010

LA MENTE RIGE LA VIDA

Pienso que estoy amargada, desde en la prepa me llegaron a decir lo mismo, no sé si me sugestioné o qué otra explicación hay. No la terminé y me salí a trabajar. Mis hermanos y hermanas ya todos se casaron, soy la penúltima, tengo 27 años y me gustaría también casarme, pero no creo que nadie se aviente con mi carácter, es que he sido maltratada desde niña también por mis padres, mi papá nada más me hacía caso cuando mi mamá me acusaba de algo. Ya no nos dirigimos la palabra. Mi mamá siempre ha dicho que es difícil vivir conmigo, dice que estoy enojada con la vida, a veces pienso que tiene razón. ¿O será depresión lo que yo tengo?
RESPUESTA
Si lo piensas, debe ser cierto.... para ti. La mente rige la vida de cada persona. Lo que creemos en el interior, igual se da en el exterior, y si no, hacemos que suceda, poniendo más atención a los acontecimientos que confirmarán nuestros pensamientos. Es parecido a cuando queremos comprar un coche de determinado color y modelo, desde el momento en que lo elegimos, descubrimos en el tráfico muchos iguales, como si de repente la gente hubiera elegido lo mismo. Sin embargo, no es que ayer hubiera menos y hoy más, sino que estamos poniendo atención selectiva.
Juzgar que estás amargada es un pensamiento, una creencia. “No sé si me sugestioné”, dices. Sí, te sugestionaste. Según refieres, la imagen de ti misma proviene de oír opiniones ajenas: en la escuela me dijeron, mi madre dice...
Es normal que, de niños, aprendamos a pensar de nosotros mismos todo lo que dicen otras personas, especialmente los padres. Pero crecemos. De grandes, tenemos oportunidad de examinar y comprobar qué tanta verdad había en lo que nos dijeron. También podemos cambiar y ser distintos, o elegir continuar pensando igual, sin investigar, e inclusive llegar a creer que los pensamientos que tenemos son nuestros. No lo son, fueron inculcados.
Imagino que te preguntarás: ¿Y qué puedo hacer?
A todos nos toca vivir lo mejor posible y tomar en serio la propia vida, a pesar de los errores de los padres. Se toma en serio si decimos: Yo me encargo. Yo pienso lo que deseo pensar. Yo creo lo que quiero creer. Yo trabajo por lo que ambiciono lograr. Yo obtengo lo que necesito y no me hayan dado.
Lo anterior suele ser difícil, sobre todo si la costumbre de pensar mal de sí mismo está muy arraigada. Para eso sirve la psicoterapia profesional, ayuda a cambiar la manera de ver la vida. Significa que, aun si el medio ambiente no cambiara (si tu mamá u otras personas siguieran pensando igual), tú tendrías nuevos pensamientos y creencias, te comportarías de manera distinta y confiarías en ti misma. Creo que valdría mucho la pena que cambiaras tus gafas negras y usaras otras que distorsionen menos tu visión, unas que te permitan contemplar tu realidad.