Mostrando entradas con la etiqueta golpe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta golpe. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de marzo de 2020

VIOLENCIA FEMENINA


Leí su artículo “Paro de mujeres”. Muy bueno pero si en algo sirve para las mujeres, mi madre nos sentenció desde niños que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una flor. Yo puedo decir que, en este tiempo, recibí golpes de la mujer que fue mi esposa. Yo jamás pensé en golpearla.

OPINIÓN

Es triste que los humanos nos hagamos la vida pesada unos a los otros cuando sería posible lo contrario, que la volviéramos más liviana porque la carga se distribuyera entre varios y nos acompañáramos de buen grado en nuestro camino. 

Te creo cuando dices que la mujer que fue tu esposa te golpeaba aunque tú no lo hicieras. Ella practicaba la violencia. Hombres y mujeres sentimos la tentación de utilizarla con el fin de dominar a algún semejante para nuestro provecho, forzarlo a que cambie o a que no cambie, descargar la propia frustración o profesar la falsa idea de que la violencia es un recurso eficaz para el control.

La violencia hace daño, así provenga de un hombre o de una mujer y vaya dirigida a un adulto o a un niño. 

Últimamente, se han cargado las tintas para describir la violencia que ejercen los hombres contra las mujeres porque es la más visible y está institucionalizada; sin embargo, pecaríamos de ingenuidad si aseguráramos que ellas no son ni han sido violentas. Pueden serlo tanto como un hombre, sólo que la sociedad les exige soportar “de buen modo”. Muchas viven continuamente enojadas. Algunas se desquitan con los hijos. Entre los ahora adultos, son minoría los que jamás recibieron una nalgada, coscorrón, pellizco, bofetada, chanclazo,  azotaina, apodo, descalificación o afrentas por coraje de parte de sus madres, maestras, familiares, vecinas o desconocidas. 

Hubo un tiempo en que algunos tipos de violencia que ahora rechazamos eran socialmente aceptados; por ejemplo, oprimir a la mujer o educar a los hijos con golpes. De niña me tocó escuchar sermones en los que se atribuía a la Biblia esta frase: “Ay del padre que no azota a su hijo”. Le daba un tinte de obligación moral a castigar a los hijos con golpes. Pero los pensamientos pueden cambiar. De hecho, han cambiado. Actualmente, muchos hombres se autodenominan con humor “mandilones” porque ayudan a su mujer, y numerosos padres no admiten que los maestros peguen o avergüencen a sus hijos en la escuela. Sin embargo, todavía algunos se reservan el monopolio de hacerlo y existe el maltrato infantil. Es violencia, y no solo de los hombres.

Provenimos de una cultura violenta en la que han sido comunes las relaciones de dominio y no de solidaridad. 

El mérito que atribuyo al paro de mujeres es que nos está llevando a reflexionar sobre el tema. El paro pone de manifiesto la esperanza y la necesidad de un cambio en las maneras de pensar. 

Los cambios verdaderos y durables se dan en las mentalidades. Mientras un hombre o una mujer se sientan con derecho de hacer daño y destruir, lo harán. En cambio, quien se convence de que la convivencia respetuosa es eficaz, optará por conductas más afables. 

Por lo pronto, me alegro de que el paro haya desatado una efervescencia de conversaciones y debates acerca de la violencia. Algo bueno debe salir de hacernos conscientes de que esta existe y hay otras maneras de convivir.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com


martes, 10 de septiembre de 2013

CAMINAR EN CÍRCULOS


Mi madre me golpeaba de tal y tal manera que yo ahora estoy enfermo por esos traumas pasados y siempre tengo miedo de que se me vayan las personas que quiero; pero pensando que tengo derecho a algo aunque sea poco, no me detuvo que mi esposa, entonces novia, se casara conmigo por interés o a lo mejor no, no lo sé con seguridad. Ahora sí que me detiene el miedo a que me engañe. Un amigo me enseñó cómo hacer que el teléfono de ella me avisara dónde anda y me enteré de que miente, dice que va a un lado y está en otro, dice que no sale y sí lo hace, y yo me siento con ganas de no sé qué hacer, necesito algo, una estrategia o cómo cambiar para que ella sienta que quiere quedarse porque quiere.

RESPUESTA

Explicas que estás enfermo por traumas pasados y debido a ellos quedaste con miedo de que las personas queridas se te vayan. Esto debe ocasionarte un dolor muy grande. Y que no estás seguro de que tu esposa se casó contigo porque quería hacerlo, sino por interés de algo que tienes tú y a ella le falta; o sea, no crees que te ama o por lo menos lo dudas. Ahora la vigilas, imagino que sin ella darse cuenta, y has descubierto que tiene miedo de decirte a dónde va y qué hace. ¿Qué sucedería si te lo dijera? ¿Estarías de acuerdo, o se lo impedirías? Y quieres cambiar. ¿Hacia dónde? No dices que quieras sanar tus traumas, sino encontrar una forma de hacer que tu esposa modifique sus sentimientos y deseos. ¿Crees que esto sea posible? No, y si lo fuera, ¿sería deseable que tú manejaras su corazón como si fuera un auto, que da vuelta hacia donde tú giras el volante? Porque en el muy remoto caso de que esto pudiera hacerse realidad, todavía podrías cuestionarte: ¿Me ama porque quiere, o porque yo la estoy obligando? Es un círculo vicioso sin salida, y observa qué deseo tan grande tienes tú de que las personas puedan hacer algo porque desean hacerlo.

Cuando tenemos un trauma, quiere decir que un acontecimiento se ha quedado fijo en nuestra mente y tiñe todos nuestros pensamientos. Es decir, que no pensamos con libertad, sino que todo parece encaminado a repetir aquella situación que tanto nos dolió y sufrirla otra vez, y otra, y otra, aunque las circunstancias sean distintas y no la estén provocando; somos nosotros mismos quienes acomodamos el escenario e interpretamos los acontecimientos de manera tal que puedan ocasionarnos el mismo dolor de nuevo. Inclusive nos mentimos a nosotros mismos para lograrlo, porque estamos atorados y patinando en un mismo hecho. No hacemos lo que queremos. No pensamos lo que queremos. No sentimos lo que queremos. Nuestra atención está puesta en repetir y volver a repetir lo que no queremos. Observa: tú le pusiste truco al teléfono de tu esposa, tarde o temprano ella se va a dar cuenta o tú se lo dirás, ¿qué hará ella cuando lo sepa? Si no te pega como hacía tu mamá, por lo menos te va a castigar duramente, quizá dejándote de hablar o enojándose. Listo. Trauma repetido. Es importante que busques tratamiento, a fin de que recuperes tu libertad para pensar.

Hoy es miércoles segundo de mes, nos toca charla informativa de entrada libre. Será a las 8pm. La daré yo con el tema “El corazón en México”. Invito a todos, me alegrará que asistan. San Esteban 408, La Martinica. También el próximo miércoles 18 me toca dar el tema “Ecología de la mente”, pero éste va dirigido exclusivamente a personas entrenadas en Constelaciones Familiares.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.