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lunes, 16 de julio de 2018

VIDEOJUEGOS, FAMILIA E INTUICIÓN


Si has jugado videojuegos o visto a un niño pequeño hacerlo, estás al tanto de la increíble actividad mental, automática e intuitiva que se necesita para seguir jugando. No basta con que sepas cuál es el objetivo, digamos que rescatar a una princesa, ya que ésta no aparece por ninguna parte; tienes que descubrir por ti mismo cuáles son los obstáculos y las ayudas y de cuántas oportunidades (vidas) dispones.

Cada juego electrónico es un mundo aparte de cualquier clase (con zombis, tortugas, soldados, homínidos, fantasmas...) en el que el jugador entra y se adapta a las reglas; un Mario Bross no se juega como si fuera StarCraft o Fifa.

Los juegos comienzan con un paisaje y determinadas figuras que obedecen al control que tienes en las manos. Debes acertar los botones y la velocidad con que has de oprimirlos para que las figuras se muevan. Pero no al azar. El juego contiene una organización interior que premia o castiga tus elecciones de acuerdo con un criterio que no se ve, aunque exista. Dicho criterio te guía a solucionar el problema, ya se trate de la mencionada princesa, llegar el primero a una bandera, matar a todos los demás jugadores, o lo que sea. 

Lo interesante es que cuando aprendes a jugar, estás adivinando el universo que inventó el autor y la estrategia que estableció para que avances sin perder vidas, llegues a la meta, y aceptes su idea de que dicha meta es buena, no importa si al final te encuentras con una princesa horrenda que todo parece menos princesa.

¿Cómo hace el jugador para descubrir la ruta y aprovechar poderes, monedas, flores, hongos, vidas extras, etc., si no hay instrucciones habladas o escritas? Por ensayo y error; es decir, explorando al tanteo, recordando qué hizo la última vez que perdió una vida u obtuvo un premio, insistiendo allí donde le fue bien y donde le fue mal.

A veces se me ocurre imaginar la familia en la que uno crece como un videojuego listo para ser jugado. Un universo en sí. Con reglas y retroalimentación de las mismas a través de premios y castigos. Dichas reglas no necesariamente son habladas o escritas, los nuevos miembros deberán ir descubriéndolas por ensayo y error; adivinar cómo es el entramado de ese mundo al que desea entrar y pertenecer; intuir cuáles estrategias son permitidas y prohibidas para avanzar y llegar a una meta que no se sabe con exactitud en qué consiste; aceptar a priori que dicha meta es buena, no obstante que a veces los miembros que jugaron el mismo juego antes que nosotros, lleguen al final con sus vidas desgarradas. Uno puede intuir la eficacia o ineficacia de las reglas que se barajan en la propia familia contemplando a los ancianos.

La socialización o juego familiar comienza a jugarse muy temprano. Llega un bebé. Debe elegir el personaje con el que jugará. Hay varios para escoger, acordes a la historia familiar vivida. Como el pequeño está muy chiquito y enfrascado en la tarea de sobrevivir y adaptarse, sus padres lo ayudan colocándole etiquetas: hombre/mujer; blanco/oscuro; fuerte/débil; activo/pasivo; deseado/no deseado; hijo de familia privilegiada/de familia marginal; católico/ateo; etc., etc., y cada etiqueta es un verdadero reglamento de cómo deberá comportarse.

Cuando se han pasado 15, 20 o más años jugando un juego, uno ya sabe (consciente o inconscientemente) cómo es, qué se acepta y qué no se soporta en casa. Que uno pueda verlo o no, con amor o con rechazo, son otros temas. Lo curioso es que no jugarlo ocasiona culpabilidad, y seguirlo jugando toda la vida nos mantiene infantiles.  

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com



lunes, 28 de diciembre de 2015

FELIZ AÑO 2016



Llegó 2016. Bienvenido. Es un placer poder desearles a todos feliz año nuevo y comprobar que seguimos con vida. Aquí estamos, respirando.
A fin de dar una cordial bienvenida al año que inicia, dejo ir con amor y gratitud los acontecimientos ocurridos en 2015 y antes. Sé que están presentes en mí sólo como recuerdos y lecciones. Pido al Universo me permita comprender que son pasado y me disponga a vivir con alegría lo que me espera. Pido también me permita contemplar lo que me ha sido dado para el camino, disfrutarlo, aprovecharlo y agradecer que mis necesidades están satisfechas: he tenido alimento, vestido, casa, familia, amigos, créditos, oportunidades de trabajar, ayudas de toda clase y encuentros de toda clase. El Universo conspira a mi favor, cuento con su benevolencia. Nada urge, todo ocurre en el momento perfecto. Me he desarrollado como he podido, he ganado un poco, perdido un poco, llorado un poco, reído un poco… Todo está bien en mi mundo. La vida continúa y he llegado a 2016. Gracias. Seguiré viva el tiempo que me corresponda, y al final, me iré con placer de este planeta que me hospedó por tantos años. Este es el momento de vivir, por eso continúo respirando.
A todos mis queridos lectores que han tenido la amabilidad de seguirme un año más, muchas gracias. Les deseo paz y felicidad plenas. Seguiremos en contacto. Y al Periódico a.m. que me ha dado la oportunidad de llegar a ustedes compartiéndome su público, gracias. Le deseo como institución y a cada uno de sus colaboradores que este nuevo año sea de gran expansión espiritual y material. Gracias, gracias, gracias y muy feliz año.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.


lunes, 10 de septiembre de 2012

CUMPLIR CON EL DESTINO


Leí su artículo del 29 de Agosto, sobre el orden antiguo y el gran peso de la cultura y la educación mexicanas, y quiero compartirle que junto con el hombre que era mi esposo, pagamos el costo cultural del que habla en pérdida y separación concluyendo en divorcio, en gran parte  por la situación económica. Usted menciona que el cambio es posible, con el tiempo, y generará actos y hechos que van a repercutir en mis hijos, mis nietos...

Con todo el tacto y prudencia hacia mi destino y hacia usted, me pregunté, ¿qué hay de mí? En el sentido de que tengo 26 años y mi realización era casarme, tener hijos y trabajar. Ahora, después de mi divorcio, el costo del que usted habla es inmenso, doloroso, agonizante, pero la exigencia aumentó y todo cambia, por lo tanto, ¿qué se puede hacer?, ¿qué pensamientos o afirmaciones diarias tengo que repetir? Yo y las muchas mujeres que están en algo similar. Ya sé que aceptar el tiempo, darse tiempo, todos sabemos que el tiempo lo cura todo, pero cada segundo de ese bendito tiempo se sufre y aquí no es para pensar que se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social etc., eso ya se pensó. Una mujer sabe que su complemento es el hombre, que su aspiración personal es vibrar en una misma sintonía con un hombre que elija y que la elija, mas allá de su entorno, mas allá de su educación y su pasado, con todo el amor que por generaciones se ha acumulado y que se quiere vivir ahora, hoy, y que seguramente de ese gran amor los hijos escribirán su historia, diferente a la nuestra.  

RESPUESTA

Estás ubicada en el “hoy”, lo cual es excelente, sólo que para ti ese hoy es sumamente doloroso y quieres respuestas concretas que no sean las clásicas de “se puede dar amor al prójimo, a la comunidad, a un servicio social, etc.” ¿Quedarían éstas descartadas? Luego señalas: “Una mujer sabe que su complemento es el hombre”. En este sentido, tu pregunta no es pregunta sino respuesta, tu respuesta, la que tienes en la mente y te guía. La experimentas urgente. Esta urgencia tiene doble motor, uno biológico y otro cultural. ¡Otra vez la cultura con sus mandatos!

Ya sabes que la cultura interpreta cómo debemos ver el universo; también determina cuáles son las formas permitidas y las prohibidas de satisfacer las necesidades; que las culturas cambian y lo que piensan sobre las cosas influye también en las relaciones. Me explico: En el orden antiguo, se juzgaba la calidad de un artículo (y de una amistad o matrimonio) por su duración, inclusive se los hacía durar mediante reparaciones: se ponía medias suelas a los zapatos, remiendos a la ropa, refacciones nuevas a los aparatos, y filosofías de resignación a las parejas: “Es tu cruz, aguanta”. En el orden nuevo, los productos son desechables, tienen obsolescencia programada, predomina lo pragmático y materialista y decimos: “Esto ya no sirve, otro nuevo”, sin ajustes, reparaciones ni remordimientos por tirar a la basura el último “tecnotrique”. En los matrimonios, ya no queremos hacerlos durar aunque no sirvan y, llorando, decimos adiós.

Tú, como hija de tu tiempo, estás recibiendo presión de ambos órdenes culturales; el nuevo te dijo: “Esta relación expiró; si necesitas llorarla, llórala, pero déjala ir”. Y el antiguo te dice: “Busca algo que dure”. Bajo estas presiones, te sientes tan impaciente como un atleta que dedicó su cien por ciento a conseguir una medalla de oro y luego sufrió una lesión temporal incapacitante. Ahora, lesionado, siente que él no es lo que debe ser, que su identidad está en entredicho y quiere salir del hospital de inmediato para continuar su entrenamiento. Cada minuto de espera le parece perdido y absurdo; sin embargo, si omitiera la espera, podría arruinar su carrera y sus ideales. El consejo es: “Paciencia, dale tiempo y atención para que sane”.

¿Qué frase repetir? Prueba con ésta: “Honro mi historia y mi experiencia. Me abro confiada y con amor a mi mayor bien. Es inútil resistirme, opto por cumplir con mi destino”.

En León existen grupos de separados y divorciados cuyo objetivo es apoyar a las personas a volver a tener esperanza, prepararse y estar listas para las oportunidades que están por venir. Allí escuché esta frase: "Para tener éxito en una relación, primero debes aprender a vivir solo, en tu sola compañía".Te conseguí el teléfono donde dan informes: 514 05 65.

 “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 

 

 

lunes, 27 de junio de 2011

KARMA

He leído como siempre sus artículos, el único día de la semana que compro el a.m. es el martes, y sólo por leerlos. Tengo un comentario que hacerle acerca de la grandeza de Dios, de la vida: Ud. dijo que cuando se está en paz con Dios y se aceptan sus designios tenemos paz interior, independientemente de la felicidad y/o la tranquilidad. Es obvio que DEBE EXISTIR DIOS.
Estos dos últimos años han sido una losa pesada y ya una vez dije que estaba harto, pero lo vivido me ha servido mucho para conocer a Dios, desde primero blasfemar hasta llegar a reconocer su grandeza, arrepentirme, pedirle perdón y saber que lo más importante en esta vida es conocerlo y sobre todo amarlo, independiente de si lo "estudiamos". Tanto tiempo batallando por salir adelante en la vida y en diversos problemotas INJUSTOS, tanto que le meto potencia a las cosas y de todos modos no salen... ya hasta me estoy haciendo paranoico o he llegado a pensar que a lo mejor estoy pagando un karma... pero no sé qué karma o cual. Tal vez un pendiente de otra vida. No sé si me pueda Ud. hacer algún comentario al respecto, el cual le agradeceré.
RESPUESTA
Gracias por leer esta columna, tus reconfortantes palabras y el comentario. Me alegro por ti de que hayas pasado de “estar harto” a reconocer la grandeza divina y que lo más importante es conocer y amar a Dios. Dice un refrán: “Pelearse con todos, menos con la cocinera”, y significa que es importante la armonía con aquello que es la fuente que nos surte de lo que necesitamos; para algunos puede llamarse Dios; para otros, espíritu, universo, alma, caudal interior, propio potencial, etc. Importa menos el nombre que el reconocimiento de que existe un manantial, con el cual debemos mantener buena relación o saldríamos perdiendo.
Ya que estás en camino y llevas recorrido un buen trecho, puedes dar un siguiente paso. Actualmente te encuentras mirando tu gran esfuerzo en resolver “problemotas injustos” y dudando si a lo mejor estás “pagando un karma”, que no sabes cuál es. Este siguiente paso consistiría en modificar el punto hacia dónde diriges tu mirada. La mirada nos conduce, nos marca el rumbo. En lugar de orientarla al pasado, podrías enfocarla en el presente; en lugar de a la justicia o injusticia, enderezarla hacia el reto y la oportunidad.
Es cierto que el pasado contiene explicaciones de lo que ocurre en el presente, pero son sólo eso, explicaciones, no mueven a la acción. Es distinto ocupar la mente en investigar el porqué de algo, que en descubrir una solución. Podemos decir: “Sé que la causa de mis males fueron mis padres, maestros, amigos, circunstancias, un karma…”, y con ello sentirnos justificados para echarles la culpa, sentirnos impotentes y permanecer en la situación.
Respecto a la justicia o injusticia, podemos pensar: “Estoy siendo víctima, porque no es justo que yo tenga estos problemas”, o: “Es la justicia del karma, quién sabe qué deberé y tengo que pagar”. Tales pensamientos nos distraen de lo principal: vivir en plenitud, lo mejor que podamos, sean cuales fueren nuestras circunstancias. Cuando enderezamos nuestra mente hacia el reto y la oportunidad, pensamos: “Estas dificultades me hacen crecer y evolucionar”, o: “Si debo un karma, agradezco la oportunidad de pagar y haré que me resulte provechoso”.
Ya te hice el comentario que pediste, ojalá sea de tu agrado. Te deseo plenitud de vida y salud.
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